10 diferencias entre agricultura sostenible y agricultura convencional que deberías conocer

En un mundo donde la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ambiental son fundamentales, la elección del tipo de agricultura que usemos para conseguir los alimentos desempeña cada vez un papel más importante.

Y es que hay que tener en cuenta que actualmente un 40% de la superficie terrestre está ocupada por la agricultura y un 42% de la población mundial depende directamente de la agricultura para su sustento. Sin embargo solo un 10% de la agricultura que se practica a nivel mundial es ecológica.

En este artículo vamos a ver cómo estos dos enfoques moldean nuestro suministro de alimentos, impactan en el medio ambiente y definen el camino hacia un futuro agrícola más consciente y equitativo. Desde prácticas de cultivo hasta la gestión de recursos, exploraremos las 10 diferencias clave que delinean estas dos formas de cultivar el presente y sembrar el futuro.

1. Uso de pesticidas y herbicidas

La agricultura convencional, durante mucho tiempo, ha confiado en el uso intensivo de pesticidas y herbicidas químicos para abordar las plagas y malezas que amenazan los cultivos. Estos productos químicos, diseñados para eliminar organismos no deseados, incluyen insecticidas para controlar insectos, herbicidas para combatir malezas y fungicidas para prevenir enfermedades.

Si bien este enfoque ha aumentado la producción de alimentos a corto plazo, ha generado consecuencias negativas que afectan tanto al medio ambiente como a la salud humana.

Uno de los problemas más destacados es el desarrollo de resistencia en las plagas y malezas, lo que ha llevado a la necesidad de pesticidas y herbicidas más fuertes y tóxicos. Además, estos productos químicos a menudo contaminan los suelos y las fuentes de agua, dañando la biodiversidad y afectando negativamente a los ecosistemas circundantes.

Además, la exposición constante a residuos de pesticidas en los alimentos ha planteado preocupaciones sobre los posibles impactos en la salud humana, incluyendo la resistencia a los antibióticos y la asociación con ciertos problemas de salud.

La agricultura sostenible, en cambio, adopta un enfoque más holístico y equilibrado para el control de plagas y malezas. En lugar de depender exclusivamente de productos químicos, prioriza prácticas que trabajan con los procesos naturales, aprovechando la biodiversidad y fomentando la salud del ecosistema agrícola como pueden ser la Rotación de Cultivos, los policultivos, diferentes métodos biológicos o las Cubiertas Vegetales y el Compostaje.

2. Uso de Fertilizantes

En los sistemas agrícolas convencionales, la práctica predominante es el uso de fertilizantes sintéticos. Estos fertilizantes están compuestos por nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo y potasio, generalmente en formas químicas altamente solubles.

A pesar de que estos fertilizantes han sido fundamentales para aumentar la producción agrícola, su aplicación a menudo conlleva desafíos significativos.

Los fertilizantes sintéticos pueden resultar en una liberación rápida de nutrientes en el suelo, lo que puede llevar a una absorción desequilibrada por parte de las plantas y a la acumulación de residuos en el entorno.

Además, el uso excesivo de fertilizantes sintéticos puede contribuir a la contaminación del agua, ya que los nutrientes pueden lavarse y llegar a los cuerpos de agua, generando problemas como la eutrofización.

En contraste, la agricultura sostenible adopta un enfoque más equilibrado y respetuoso con el medio ambiente en la gestión de nutrientes. Se prioriza el uso de fertilizantes orgánicos, que se obtienen de fuentes naturales como estiércol, compost, guano o residuos de cultivos, dando lugar a una liberación Gradual de los Nutrientes, a una mejora de la Estructura del Suelo, estimulando a su vez la Vida Microbianay reduciendo el Impacto Ambiental.

3. Manejo del suelo

En la agricultura convencional, la labranza intensiva es una práctica común que implica el arado profundo y frecuente del suelo. Aunque esta técnica puede inicialmente facilitar la siembra y la eliminación de malas hierbas, tiene consecuencias negativas a largo plazo.

La labranza intensiva expone las capas más profundas del suelo, aumentando la vulnerabilidad a la erosión y la pérdida de nutrientes. El agotamiento del suelo es otra consecuencia de las prácticas convencionales, ya que el constante disturbio del suelo puede llevar a la pérdida de materia orgánica y nutrientes esenciales.

En contraste, la agricultura sostenible se orienta hacia prácticas de manejo del suelo que buscan preservar su salud y estructura a largo plazo. Una de las estrategias clave en este enfoque es la adopción de prácticas de labranza mínima o nula.

La labranza mínima implica la perturbación mínima del suelo, limitando el arado a profundidades superficiales o prescindiendo por completo de esta práctica. La labranza nula, también conocida como siembra directa, implica sembrar cultivos sin alterar la capa superior del suelo.

4. Biodiversidad

La agricultura convencional tiende a depender de monocultivos extensos, donde grandes extensiones de tierra se cultivan con una sola especie de cultivo. Esta falta de diversidad de cultivos reduce los hábitats disponibles para una variedad de organismos y contribuye a la pérdida de biodiversidad.

Además, la vulnerabilidad a las plagas y enfermedades aumenta en los monocultivos, lo que a su vez impulsa la necesidad de más pesticidas, lo que a menudo afectanindiscriminadamente a una gran variedad de especies, incluidas aquellas beneficiosas para el ecosistema, como polinizadores, insectos benéficos y microorganismos del suelo.

La agricultura sostenible adopta un enfoque radicalmente diferente, reconociendo la importancia intrínseca de la biodiversidad para la salud de los ecosistemas agrícolas.

Al cultivar una variedad de especies en una misma área, se proporcionan hábitats más diversos para una amplia gama de organismos. Esta diversificación también contribuye a la estabilidad del sistema agrícola al reducir el riesgo de epidemias de plagas o enfermedades que afectan a un solo cultivo.

5. Semillas

En la agricultura convencional, el uso de semillas modificadas genéticamente (GM) y variedades de alto rendimiento es una práctica común. Estas semillas han sido genéticamente alteradas para expresar características específicas, como resistencia a plagas, tolerancia a herbicidas o mayor productividad.

Aunque estas variedades han demostrado ser efectivas para aumentar la producción agrícola en el corto plazo, también plantean desafíos y preocupaciones significativas como una mayor dependencia tecnológica, una pérdida de diversidad genética o una capacidad de adaptación limitada.

En el lado contrario, la agricultura sostenible adopta un enfoque más holístico y adaptativo en el manejo de semillas, buscando maximizar la diversidad genética, promover la adaptabilidad y preservar las prácticas agrícolas tradicionales.

Al utilizar una variedad de semillas adaptadas al entorno local, la agricultura sostenible fomenta la diversidad de cultivos. Esto no solo mejora la seguridad alimentaria al proporcionar una variedad de alimentos, sino que también contribuye a la resistencia del sistema agrícola en su conjunto.

6. Agua

En la agricultura convencional, es común observar un uso intensivo de agua, especialmente a través de métodos de riego no sostenibles. Esto da lugar a problemas como un riego excesivo, utilizando más agua de la necesaria para mantener los cultivos y desperdiciando grandes cantidades de agua debido a la evaporación y la escorrentía. Estos métodos no son eficientes y pueden llevar a la sobreexplotación de recursos hídricos.

Además, en algunos casos, la agricultura convencional depende en gran medida de la extracción excesiva de aguas subterráneas, lo que puede tener consecuencias negativas para la salud de los acuíferos y la disponibilidad a largo plazo de agua.

La agricultura sostenible aborda la gestión del agua con un enfoque más equilibrado y consciente de la finitud de este recurso vital. Para ello se priorizan métodos de riego eficientes que minimizan la pérdida de agua como el riego por goteo, que reduce la evaporación y maximiza la absorción, la captación de Agua de Lluvia, que reduce la dependencia de fuentes externas y mitigando la presión sobre los recursos hídricos locales o el manejo integrado del agua, que considere la interacción entre el suelo, los cultivos y el agua, usando para ello estrategias como la rotación de cultivos, la cobertura del suelo y la utilización de cultivos de cobertura.

7. Energía

En la agricultura convencional, la dependencia de fuentes de energía no renovable, especialmente los combustibles fósiles, es una característica distintiva. La maquinaria agrícola pesada convencional a menudo funciona con combustibles fósiles, como el diesel, para operar tractores, cosechadoras y otras herramientas esenciales. Esta dependencia contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero y la huella de carbono de la agricultura.

Y es que la producción y aplicación de fertilizantes y pesticidas en la agricultura convencional a menudo involucran procesos que dependen de la energía no renovable, desde la fabricación hasta la distribución.

Además, los sistemas de riego mecanizado, comunes en la agricultura convencional, también pueden depender de energía no renovable para su funcionamiento, contribuyendo así al consumo de recursos no sostenibles.

Mientras que la agricultura sostenible tiende a conseguir una transición gradual hacia fuentes de energía renovable, como el uso de paneles solares, turbinas eólicas u otras tecnologías que aprovechen fuentes de energía natural y sostenible.

También trata de aprovechar la bioenergía y el biogás producidos a partir de residuos agrícolas y estiércol, reduciendo de ese modo la dependencia de combustibles fósiles y ayudando a gestionar los desechos de manera sostenible.

La implementación de prácticas agroecológicas, como la rotación de cultivos y la diversificación de cultivos, reducen la necesidad de insumos energéticos intensivos al tiempo que promueve la salud del suelo y la resiliencia del sistema agrícola.

8. Residuos

En la agricultura convencional, la generación de residuos está estrechamente vinculada al uso intensivo de insumos químicos y plásticos en diversas etapas de la producción, lo que supone una acumulación de residuos tóxicos en el suelo y el agua, afectando negativamente a la biodiversidad y la salud del ecosistema.

El uso de envases plásticos para el embalaje de productos, contribuye a la proliferación de residuos plásticos que tienen un impacto duradero en el medio ambiente, que a la larga, pueden ser difíciles de gestionar y reciclar.

La agricultura sostenible aborda la problemática de los residuos con un enfoque integral, buscando minimizar la generación de desechos y adoptar prácticas que fomenten la sostenibilidad. Para ello la agricultura sostenible busca limitar el uso de pesticidas y fertilizantes químicos, reducir la dependencia de envases plásticos usando materiales biodegradables o reciclables y diseñando sistemas de economía circular donde los residuos se consideran recursos.

9. Impacto ambiental

La agricultura convencional, al depender en gran medida de prácticas intensivas y el uso de productos químicos, a menudo resulta en un mayor impacto ambiental negativo.

La aplicación extensiva de pesticidas y fertilizantes químicos puede llevar a la contaminación del suelo y del agua, afectando negativamente a la biodiversidad y a la salud de los ecosistemas circundantes.

La labranza intensiva y la falta de prácticas de conservación del suelo en la agricultura convencional pueden dar lugar a la erosión del suelo, perdiendo capas fértiles y afectando la calidad del suelo a largo plazo.

Pero no solo eso. El uso de pesticidas y fertilizantes puede contaminar los cuerpos de agua cercanos, contribuyendo a la eutrofización y afectando la calidad del agua.

La agricultura sostenible, en contraste, busca minimizar su impacto ambiental adoptando prácticas que sean respetuosas con el medio ambiente y que promuevan la salud de los ecosistemas. Se priorizan métodos más naturales, como la rotación de cultivos y el uso de compost, para mantener la fertilidad del suelo.

También busca fomentar la biodiversidad a través de la diversificación de cultivos, la creación de hábitats naturales y la reducción de la pérdida de biodiversidad asociada con prácticas agrícolas intensivas.

10. Economía local

La agricultura convencional, en muchas instancias, se asocia con grandes explotaciones agrícolas y cadenas de suministro globales.Estas explotaciones, aunque pueden ser eficientes en términos de producción a gran escala, a veces pueden tener un impacto negativo en la diversidad de la producción y la resiliencia del sistema.

Muy a menudo, estas prácticas están vinculadas a cadenas de suministro globales, donde los alimentos pueden viajar largas distancias antes de llegar a los consumidores finales, generando importantes implicaciones en términos de huella de carbono y sostenibilidad ambiental.

Además, en muchos casos, la agricultura convencional puede tener una conexión limitada con las comunidades locales, ya que gran parte de la producción se destina a mercados internacionales.

La comparación entre la agricultura sostenible y la convencional revela una clara ventaja en favor de la sostenibilidad en términos de impacto ambiental, resiliencia económica, y beneficios sociales y comunitarios.

A medida que enfrentamos desafíos apremiantes como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la escasez de recursos, la agricultura sostenible se presenta como el fundamento esencial del futuro agrícola y la mejor forma de generar alimentos para la humanidad.