Cuando una beca puede cambiar el destino de una niña en Mozambique
Sónia Marcelino Cerveja nació el 16 de septiembre de 2006 en el distrito de Chibabava, en la provincia de Sofala, Mozambique. Y aunque todavía es muy joven, su vida ya ha estado marcada por enormes dificultades. 💚
Cuando le preguntamos cómo ha sido su vida hasta hoy, su respuesta fue tan sencilla como dura:
“Muchas veces voy a la escuela sin desayunar. A veces tampoco almuerzo porque no hay harina o no hay nada para acompañarla. Y en invierno no sé cómo voy a dormir porque no tengo manta”.
Esta es la realidad de muchos niños y niñas en las comunidades rurales donde trabajamos. Estudiar no depende solo de las ganas o del esfuerzo. También depende de tener algo para comer, un lugar donde dormir o unas condiciones mínimas para poder concentrarse en clase.
Y aun así, Sónia sigue luchando por estudiar.
De hecho, cuando le preguntamos de qué se siente más orgullosa, respondió algo que emociona profundamente:
“Me siento orgullosa de estar estudiando”.
Su sueño es convertirse en contable. Sueña con terminar sus estudios y poder acceder algún día a una formación profesional que le permita construir un futuro diferente, lejos del hambre y de la pobreza.
Y hoy ese sueño está un poco más cerca. 🌱
Gracias al apoyo de todas las personas que colaboráis con Azada Verde y a la Beca Guillem Sardà Palomera para estudios superiores, Sónia podrá acceder a formación superior y tener una oportunidad real de salir del círculo de pobreza y vulnerabilidad en el que viven tantas familias rurales en Mozambique.
Porque para muchos jóvenes de estas comunidades, terminar la secundaria ya es algo extraordinario. Pero acceder a estudios superiores sigue siendo prácticamente imposible sin apoyo externo.
“Si no consigo ayuda para seguir formándome, no tendré futuro”, nos contaba ella misma.
En muchas zonas rurales de Mozambique, miles de jóvenes abandonan la escuela antes de terminar la secundaria debido a la pobreza, la falta de oportunidades o los matrimonios prematuros. Las niñas son especialmente vulnerables a esta realidad.
Por eso iniciativas como la Escola da Paz y las becas educativas de Azada Verde son tan importantes. Porque no solo ofrecen educación. También crean espacios seguros donde niños y niñas pueden seguir soñando, aprender valores, sentirse acompañados y creer que otro futuro es posible.

Sónia cuenta que en la Escola da Paz aprendió a leer, escribir y, sobre todo, el valor del respeto y la educación. Valores que hoy transmite también a sus hermanos y que espera transmitir algún día a sus propios hijos.
Historias como la suya nos recuerdan que detrás de cada estudiante hay mucho más que notas o clases. Hay hambre, frío, miedo, esfuerzo y una enorme voluntad de salir adelante.
Y también nos recuerdan que, con apoyo y oportunidades, el futuro de una niña puede cambiar completamente.
Si quieres que más jóvenes como Arminda puedan alcanzar su sueño de estudiar puedes apoyarnos haciéndote soci@ a través del siguiente enlace: https://azadaverde.org/hazte-socio
Muchas gracias!💚


