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Contrarrestar el cambio climático

¿Es posible conseguir que la economía tome medidas para contrarrestar el cambio climático?

La especia humana está generando más desechos que nunca en la historia. Los océanos se han convertido en un vertedero de plástico y la contaminación industrial está ensuciando cada vez más el aire.

Abusamos de los fertilizantes para hacer crecer las plantas sin ser conscientes de las terribles consecuencias tóxicas para nuestros acuíferos de agua dulce. Los bosques tropicales, algunos tan importantes como el Amazonas, refugio de numerosas formas de vida, están siendo destruidos en favor de la tala, la agricultura extensiva o la ganadería. La consecuencia de esto es la pérdida de hábitat para numerosas especies de animales y aves.

De manera alarmante, algunos modelos económicos también predicen una aceleración del cambio climático durante el próximo siglo si no se toman las principales políticas para contrarrestarlo.

La realidad actual nos dice que es poco probable que las naciones puedan alcanzar el objetivo de 2°C de los acuerdos internacionales, incluso aunque se introduzcan políticas ambiciosas en el corto plazo para contrarrestar el cambio climático.

Sabemos que el cambio climático es principalmente una consecuencia de la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera. La combustión de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural parecen ser los principales culpablesUna de las razones por las que los niveles son tan altos es por nuestro uso ineficiente de la energía de la naturaleza.

Y es que según la primera ley de la termodinámica, los materiales pueden transformarse, pero no desaparecer. Todas las transformaciones que realizamos necesitan de energía para llevarse a cabo y suelen generar desechos. Es fundamental usar esa energía de manera eficiente y ser conscientes de la importancia de reducir los desechos contaminantes a la hora de fabricar si queremos una economía sostenible y duradera.

Los economistas deben considerar las externalidades si queremos contrarrestar el cambio climático.

Mientras que algunas materias primas se reponen mediante procesos naturales, hay muchas otras que no. El problema es que no solo usamos numerosas materias primas, sino que no reciclamos y nuestros procesos de producción industrial actuales dejan numerosos desechos peligrosos. Si estos no se eliminan o desintoxican de manera efectiva, impondrán un costo cada vez mayor para nuestros hijos y nietos.

Y es que es fundamental que los modelos económicos empiecen a reconocer los subproductos nocivos del consumo y la producción, como los desechos y las emisiones, en un marco de costo total. Los beneficios de las actividades actuales siempre deberían tener en cuenta los costos futuros ocultos. El ejemplo más obvio, pero no el único, es el costo del cambio climático.

Cinco décadas después, los teóricos económicos no han ajustado suficientemente sus mentalidades y modelos. Esto es  tremendamente preocupante, ya que los formuladores de políticas se basan en esas teorías para tomar decisiones. Como resultado, los gobiernos aún no han implementado regulaciones serias para tomar medidas drásticas contra las externalidades asociadas con el consumo de energía.

Esta negligencia ha obstaculizado la transición necesaria hacia la sostenibilidad y ha alimentado aún más la crisis climática en la que nos encontramos ahora.

Nuestra economía parece vivir al margen del planeta. 

Uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos es que nuestros modelos económicos actuales están basados ​​en ideas que datan de 1870, los cuales consideran la economía como un sistema cerrado donde todo lo que se produce dentro del sistema se consume en el sistema. En tal equilibrio, toda actividad económica puede continuar para siempre sin que nada cambie, funcionando como un reloj suizo que no necesita ajustarse.

El problema es que dichos modelos incorporan tres axiomas que están teniendo implicaciones catastróficas para nosotros y el planeta:

El primero es que  la economía no tiene en cuenta la capacidad limitada de aportar recursos de la naturaleza. Nuestro sistema económico fabrica solo pensando en los beneficios como si los recursos fueran infinitos.

El segundo asume que la economía global siempre se acerca al equilibrio y que se autorregula sola.

EL tercero es que los modelos existentes no consideran todos los desechos generados por el sistema ni la limitada capacidad de la naturaleza para absorberlos, ya sea en la atmósfera, en la tierra o en los océanos. Parezca que la naturaleza fuera una enorme alfombra bajo la que podemos meter todo lo que queramos indefinidamente.

La energía como principal motor del crecimiento económico

Los economistas neoclásicos consideran que el capital y el trabajo son los «factores de producción» clave en una economía, aunque la mayor parte del trabajo que convierte las materias primas en productos útiles lo realizan máquinas impulsadas por energía.

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Es como si a la economía no le interesará contrarrestar el cambio climático porque parece que las restricciones energéticas no fuera con ella. Y realmente es fundamental ser más eficientes en el consumo de recursos y en las emisiones de gases de efecto invernadero si queremos un crecimiento económico sostenible en el futuro.

Necesitamos saber cuánto se usará para calefacción de espacios, minería, manufactura, transporte, distribución, agricultura, servicios de salud, educación, entretenimiento, defensa, aplicación de la ley, TI, etc. Solo así podremos estimar las tasas futuras de crecimiento y los insumos energéticos por unidad de producto producido en cada sector, en cada país.

Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero como medida para contrarrestar el cambio climático es fundamental, y la gente cada vez lo tiene más claro. Lo que no nos damos cuenta al 100% es que la eficiencia energética es probablemente la estrategia central que debemos implementar si queremos un crecimiento económico sostenible en el futuro y evitar así desastres como el que vivió Mozambique con el ciclón Idai en el año 2019.

Nuestra opinión es que es clave el poder determinar cuanta energía se necesita para que el sistema económico entregue sus bienes y servicios, y conseguir ser más eficientes a la hora de obtenerla.

Podemos ver que la calefacción de espacios y el transporte son oportunidades obvias para aumentar la eficiencia. La agricultura regenerativa o el uso de sistema de riegos basados en placas solares son un gran ejemplo de como se puede reducir el impacto ambiental de la agricultura y mejorar así su eficiencia energética.

La dura realidad es que si continuamos por el camino actual de derroche de energía, nos dirigimos a una catástrofe social, económica y ambiental. La “buena” noticia es que debido a que nuestra eficiencia energética actual es baja, es posible lograr mejoras significativas.

Por eso en Azada Verde confiamos en fuentes de energía sostenibles y renovables como la energía solar, la energía mecánica, la energía eólica, la energía hidroeléctrica e incluso la energía oceánica si queremos contrarrestar de verdad el cambio climático y construir un mundo mejor y más eficiente. 

Puedes ayudarnos a conseguirlo simplemente pulsando en el siguiente enlace y haciéndote soci@ de Azada Verde.

Muchas gracias.