Más de 32.000 familias se alimentan de raíces en Chibabava tras una campaña agrícola desastrosa
Más de 32.000 familias campesinas luchan contra el hambre en el distrito de Chibabava, en la región de Sofala, muchas de las cuales han comenzado a alimentarse de tubérculos, raíces de bananera, salvado de maíz y sorgo.
Una situación provocada por la baja producción agrícola registrada durante la campaña 2023/2024, como resultado de factores climáticos combinados, entre ellos la sequía causada por lluvias escasas e irregulares.
Dentro de Chibabava, la zona más afectada es la de Goonda, donde la mayoría de las familias viven de la práctica de la agricultura y son las que más están sufriendo la inseguridad alimentaria, agravada por el alto coste de la vida.
Las autoridades administrativas locales prevén que la cosa podría empeorar aún más con la pérdida de más cultivos mientras los campesinos piden alimentos y semillas, especialmente de cultivos que sean tolerantes a la sequía.
Muchas familias, especialmente las más necesitadas, están recurriendo a algunos tubérculos, raíces de bananera y salvado de maíz y sorgo para alimentarse y hacer frente a la falta de alimentos
Subrayo que para obtener, por ejemplo un alimento como el salvado, se requiere mucho sacrificio y algunas veces, pura suerte teniendo en cuenta la demanda y la escasez del producto en esa zona.
“Hay gente que se está alimentando con hojas de pepino y caña. Cuando conseguimos un kilo de harina, a falta de azúcar, usamos zumo de cola (que es una infusión tradicional hecha a partir de hojas, cortezas o raíces del árbol de cola) para hacer gachas con el fin de poder alimentar a mucha más gente” comenta María, una de las afectadas.
Otra afectada llamada Celina Luis, viuda y madre de 3 hijos, manifiesta que la situación está empezando a ser realmente preocupante debido a los precios de los bienes de primera necesidad. “Los precios de los productos son demasiado altos, por ejemplo el saco de arroz de 25 kg está a un mínimo de 1.900 meticais (27,52€). Tampoco hay oportunidades de empleo. Sobrevivimos alimentándonos de galletas. No hay más actividades durante este período porque la siembra está en la fase de crecimiento”. Comentó Celina
Nuestra entrevistada dice que a menos que venda ganado y aves que ellos crían está siendo difícil hacer frente a la crisis de hambre que enfrentan. “Un cabrito lo vendemos por 300 meticais (4,35€) y uno no es suficiente para comprar un saco. Cada kilo de arroz cuesta 120 meticais (1,74€) y la harina de maíz 60 (0,87€). Es insostenible.”
“Algunos tratamos de ganar algo de dinero recogiendo agua del río Buzi y vendiéndola, lo cual supone recorrer largas distancias y por cada bidón de 20 litros apenas nos pagan 10 meticais (0,14€), por lo que reunir 60 meticais (0,87€) para poder comprar algo de harina es una gran dificultad y un reto, porque hay que hacer seis viajes con un niño a cuestas” comentaba Celina.
Isabel Mafeco, una de las residentes en la zona, se quejaba de que si no intervienen pronto las organizaciones humanitarias y el gobierno para dar asistencia a las familias, la situación puede llegar a ser realmente desastrosa, teniendo en cuenta que hay muchas personas que no tienen nada para vender.
“Para conseguir salvado, tuve que usar una manta hace unos días. No sé qué será de nosotros porque nuestra salvación era la cosecha de este año, pero gran parte de la semilla se ha secado por la falta de lluvia y ya no tenemos más semilla para sembrar”, dice Isabel.
La ausencia de muchos estudiantes de la región en la escuela lo explica. “Los adultos no aguantamos el hambre. ¡Imagínense nuestros niños! Estoy de acuerdo en que muchos niños no irán a la escuela este año porque no podrán soportar pasar hambre más de dos días. Como padres, no tenemos moral para obligarles”
También reclamó la necesidad de apoyar a las familias campesinas con semillas, especialmente de cultivos resistentes a la sequía como el maíz, las judías nhemba o el sésamo. “En esta primera campaña, parece que no tendremos producción porque todos los cultivos se han secado y el tiempo de cultivo ha pasado”
“Por eso pedimos al gobierno que nos apoye tanto con semillas como con alimentos”, suplicó.
Rute Augusto, otro afectado, denunció la falta de transparencia y la corrupción en el proceso de distribución de alimentos llevado a cabo por el Instituto Nacional de Gestión y Reducción de Riesgos de Desastre (INGD). “Inscribieron a personas para recibir ayuda, especialmente niños huérfanos y personas con discapacidad, pero muchos no recibieron nada. Hubo quien cogió dinero y se lo dio a los secretarios” denunció.
“Hay un hombre que perdió la vida por comer raíces y una mujer que intentaba vender verduras en el mercado se cayó de hambre, fue entonces cuando empezó la hambruna”, dijo Rute.
Según el director de los servicios para las actividades económicas de Chibabava, Helder Alberto, la desesperación causada por la falta de alimentos la sufren unos 32.000 hogares, que en su mayoría viven de las remesas y de la venta de animales, en la sede del puesto administrativo de Goonda y en la localidad de Houda. “El distrito se encuentra en una situación de inseguridad alimentaria extrema. La temporada agrícola 2024/25 no fue la mejor en términos de producción. Por eso no hemos conseguido tener reservas de alimentos a estas alturas”, dijo.
Subrayó que, como en el sector agrícola no existe una acción estratégica para mitigar el hambre, pero trabaja para sensibilizar a los productores con el fin que inviertan en la producción de lo que es posible en este momento, como la batata, la mandioca y el sorgo, porque todavía está en período de siembra, así como el sésamo, que cree que se puede comercializar para garantizar la autosuficiencia.
«El Gobierno afirma estar llevando acciones a cabo a través del INGD, pero ofreciendo una cantidad muy pequeña que casi no sirve para nada. Nosotros estamos suministrando semillas a las familias, estudiando que acciones necesita cada zona para conseguir los mejores resultados. Apostamos por ejemplo por las cuencas hidrográficas porque sabemos que, cuando la lluvia escasee, habrá una fuente de agua que aunque pequeña, podrá dotar de algo de humedad al campo, lo que puede ayudar al crecimiento de estas semillas», explicó Alberto.
También reveló que al menos 4.100 familias campesinas ya han recibido varios tipos de semillas, entre ellas mapira y feijao-nhemba, como parte de estas acciones.
La crisis se agrava
Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, el director de servicios económicos de Chibabava advirtió de que la escasez de alimentos podría agravarse en las zonas más afectadas en un futuro próximo, dadas las superficies de cultivos agrícolas que ya se han perdido esta temporada debido a la sequía.
Subrayó que la campaña agrícola no era prometedora debido a la irregularidad de las lluvias y a que la mayor parte de las cosechas de la primera temporada se habían perdido, sobre todo el maíz, dejando a los agricultores con escasez de semillas.
“Han sembrado más de tres veces en todas estas zonas. Las cosas no funcionaron porque la lluvia empezó a caer de forma significativa en nuestro distrito a partir de la última semana de enero”, explicó.
“Teníamos previsto trabajar 67.000 hectáreas con el fin de obtener una producción estimada de 259.000 toneladas de diversos tipos de alimentos, pero no creo que podamos finalmente alcanzar ese objetivo. Es sabido que las mayores producciones se consiguen en la primera campaña del año y que la segunda es sólo complementaria», agregó.
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