Mujeres al frente de la conservación: cómo los cortafuegos están transformando vidas en Chibabava
En el corazón de la floresta de Miombo, en el distrito de Chibabava (Mozambique), un grupo de mujeres está demostrando que la reforestación no es solo cuestión de árboles: es también una oportunidad para reconstruir equilibrios sociales, fortalecer el tejido comunitario y crear resiliencia frente al cambio climático.
Desde hace décadas, las comunidades rurales de esta región han convivido con los efectos de la explotación forestal intensiva y los incendios no controlados. Estas prácticas han reducido de forma alarmante la biodiversidad local, afectando directamente a los medios de vida tradicionales —como la recolección de miel, hierbas medicinales, frutos silvestres y materiales de construcción como la paja— y aumentando la vulnerabilidad de las familias frente a los eventos climáticos extremos.
En medio de este contexto, Azada Verde puso en marcha el proyecto Kukumuty, una iniciativa de reforestación que busca no solo regenerar el bosque, sino también empoderar a las comunidades locales —especialmente a las mujeres— y construir un modelo de desarrollo más justo y sostenible.
El problema: incendios y desigualdad de género
El uso del fuego como herramienta de limpieza agrícola es una práctica común en muchas zonas rurales de Mozambique. Sin embargo, cuando no se controla adecuadamente, este fuego se convierte en una amenaza: se extiende sin control, devora cultivos, destruye viviendas y reduce a cenizas años de regeneración natural.
Por otro lado, las dinámicas de género tradicionales en la zona dificultaban que las mujeres participaran en los espacios de toma de decisiones relacionados con la gestión ambiental. A pesar de que son ellas quienes suelen tener un conocimiento profundo de la flora local, el uso medicinal de las plantas o los ciclos de la tierra, históricamente han sido invisibilizadas en los procesos de conservación y protección del territorio.
La solución: abrir espacio para las mujeres… y para los cortafuegos
El proyecto de Azada Verde partió de una premisa clara: no es posible restaurar el bosque sin restaurar también las relaciones sociales que lo rodean. Por eso, desde el inicio, se apostó por un enfoque participativo y de género que integrara a las mujeres en todas las fases del proceso, desde la planificación hasta la ejecución.
Una de las actividades clave fue la apertura de cortafuegos, franjas de terreno despejado que actúan como barreras para frenar la propagación de incendios. Para su implementación, se realizó un proceso comunitario ejemplar:
- Se organizaron reuniones abiertas con líderes tradicionales, mujeres y hombres de las comunidades para explicar los objetivos del proyecto y escuchar sus propuestas.
- Se formaron subcomités comunitarios, con más del 50% de participación femenina, que decidieron de manera conjunta la ubicación de los cortafuegos, la metodología de trabajo y los mecanismos de remuneración.
- Se realizó una evaluación socioambiental inicial para identificar las zonas más vulnerables, siempre respetando los sitios sagrados y los espacios de valor ecológico y cultural.
- Se incorporó el conocimiento tradicional de las mujeres para identificar las especies de vegetación a proteger y guiar el proceso de limpieza de forma sostenible.
Resultados que van más allá del bosque
Los resultados de esta experiencia han sido transformadores, tanto para el ecosistema como para las personas:
- Se han recuperado productos forestales que habían desaparecido por la presión del fuego: miel, hongos, hierbas medicinales, frutos silvestres y palmas para techos.
- Se ha reducido el número de incendios y, con ello, la pérdida de viviendas y cultivos.
- Más de 250 mujeres han participado activamente en la apertura de cortafuegos en las comunidades de Mangunde, Nhaumue, Daca y Manguenhe, recibiendo un pago justo por su trabajo.
- Las mujeres han ganado confianza, autonomía e influencia comunitaria. Muchas de ellas ahora lideran iniciativas locales, toman la palabra en asambleas y son vistas como referentes en la gestión ambiental.
- Se ha producido una transformación positiva de los roles de género, desafiando estructuras patriarcales y reduciendo la resistencia de algunos hombres a participar en actividades mixtas.
Además, el proyecto ha contribuido a fortalecer la resiliencia comunitaria frente al cambio climático, al crear una red de protección activa frente a los incendios y promover una gestión del territorio basada en el cuidado colectivo.
Aprendizajes para el futuro
Esta experiencia nos deja también importantes lecciones:
- Integrar a la comunidad desde el inicio del proyecto es clave para garantizar su sostenibilidad. Cuando las personas entienden el propósito, participan con más compromiso y cuidan lo que han ayudado a construir.
- Valorar el conocimiento tradicional no es solo una cuestión cultural: es una estrategia efectiva para lograr una gestión más inteligente y respetuosa del territorio.
- Apostar por la participación de las mujeres no es un extra, es una necesidad. Su visión, experiencia y liderazgo son fundamentales para abordar los retos ambientales de manera integral.
- Es esencial ser transparentes con los detalles de las tareas y los pagos, usar un lenguaje respetuoso y fomentar el trabajo colectivo a través de estructuras organizativas como los subcomités comunitarios.
También se han tenido que sortear desafíos importantes, como la falta de experiencia previa en quemas controladas, que requirió formaciones intensivas y un acompañamiento técnico constante. O la resistencia cultural de algunos hombres, que solo pudo abordarse desde el respeto y el ejemplo práctico.
Una historia que merece ser contada
La floresta de Miombo está renaciendo. Pero lo más inspirador es ver cómo, al mismo tiempo, están renaciendo nuevas formas de liderazgo comunitario, basadas en la inclusión, el conocimiento compartido y la justicia de género.
Las mujeres de Chibabava han demostrado que el cambio es posible, que cuidar el bosque también es cuidar la vida, y que los cortafuegos no solo detienen incendios: también abren caminos hacia un futuro más equitativo y sostenible.
En Azada Verde seguiremos trabajando para acompañarlas, aprender de ellas y llevar esta experiencia a más territorios donde la justicia climática, social y de género van de la mano.
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