Una mayor frecuencia e intensidad de los ciclones generan temor en Mozambique
Tres ciclones han azotado Mozambique en tres meses, castigando una de las regiones más empobrecidas del mundo, dejando a miles de personas en situación de peligro y a los expertos preguntándose si las tormentas más frecuentes se convertirán en la norma.
La inusual serie de ciclones también ha aumentado la presión sobre los grupos de ayuda que ayudan a la gente en la zona, donde los repetidos desastres han destruido decenas de miles de hogares.
«Mozambique está sufriendo una serie de graves consecuencias ciclónicas», dijo Sébastien Langlade, jefe de pronóstico de ciclones del Centro Meteorológico Regional Especializado con sede en la isla de Reunión, en el océano Índico.
El primero de esta temporada de ciclones, que normalmente se extiende desde noviembre hasta después de abril, fue Chido, que azotó a mediados de diciembre y mató al menos a 120 personas después de atravesar el territorio francés de Mayotte.
Dikeledi tocó tierra en enero y se llevó al menos cinco vidas. Y luego llegó Jude, que la semana pasada trajo vientos de hasta 195 kilómetros por hora, según las autoridades mozambiqueñas, causando la muerte de al menos 16 personas en el país y destruyendo más de 40.000 viviendas.
Además, se calcula que afectó a unas 420.000 personas en Madagascar, Malawi y Mozambique, según datos de la ONU. Jude y Dikeledi tocaron tierra prácticamente en el mismo lugar de la provincia de Nampula, a unos 1.400 kilómetros (870 millas) al norte de la capital, Maputo, mientras que Chido impactó a unos 200 kilómetros más al norte.
«Es una doble tragedia. Son comunidades que no han tenido la oportunidad de recuperarse del primer ciclón. El problema es que son zonas empobrecidas y remotas en las que actualmente viven algunas de las personas más vulnerables del mundo, las cuales no están bien preparadas para soportar este tipo de impactos» declaraba Hugo Coll, fundador de Azada Verde.
Cuando Jude llegó, todas las cuencas fluviales y las represas de la provincia de Nampula ya estaban casi llenas. Los desastres recurrentes también están poniendo presión sobre la capacidad de respuesta de las organizaciones de ayuda internacional. Y es que los suministros se agotan: después de un ciclón, dos ciclones, tres ciclones, empiezan a escasear.
Si bien el clima extremo está dejando a estas regiones cada vez más vulnerables, no hay un aumento equivalente en los recursos disponibles para ayudarlas. «Estamos definitivamente preocupados por el aumento de los desastres, tanto en intensidad como en frecuencia. Es evidente que necesitamos invertir más en la preparación, pero también es clave invertir en la lucha contra el cambio climático para evitar más desastres similares en el futuro» afirmaba Hugo.
Mayor frecuencia
Esta parte del centro de Mozambique ha experimentado algunas tormentas realmente devastadoras, incluida Idai, que se cobró más de 600 vidas en 2019. Aunque el número de personas muertas en los ciclones de esta temporada fue menor que en algunos anteriores, los expertos están viendo un aumento claro en la frecuencia en la que se producen.
«Mozambique ha sido azotado por ocho ciclones desde 2019, lo cual no tiene precedentes en la historia ciclónica del país», afirmó el meteorólogo, quien ha catalogado todos los sistemas meteorológicos que han afectado la zona desde que se utilizaron los satélites por primera vez en 1969.
Anteriormente se registraban entre seis y siete eventos de este tipo (ciclones y tormentas tropicales) por década, señaló. Pero en las seis temporadas anteriores, ya se habían registrado diez, añadió.
Un factor puede ser el calentamiento de las aguas en el canal de Mozambique entre Madagascar y África, con mares más cálidos entre los elementos que alimentan los ciclones, dijo.
En toda la zona suroeste del Océano Índico, ocho de las 11 tormentas tropicales registradas esta temporada alcanzaron intensidad ciclónica. Esta proporción está por encima de lo normal. Normalmente es del 50 por ciento, pero hasta ahora ha superado el 70 por ciento.
¿Se trata simplemente de una fluctuación natural a largo plazo o de una respuesta al cambio climático?
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