Se calcula que alrededor de 2.000 millones de personas en todo el mundo tienen un empleo informal, lo que las deja sin cobertura sanitaria ni prestaciones laborales y sociales de ningún tipo.

Frente a la situación de pandemia en la que nos encontramos, el encierro empeora la situación porque deja a más familias sin empleo, sin sueldo y sobretodo sin alimentos.

Ocasionando un estancamiento en el crecimiento de cualquier economía y un retroceso en la erradicación de la pobreza, el coloquialmente llamado ‘trabajo negro’ es un problema que si bien en Europa representa un 64% de la población, en África llega hasta el 83%.

Los jóvenes a la cabeza

De acuerdo con el Observatorio de la OIT: El COVID‑19 y el mundo del trabajo, al comienzo de la pandemia había un 77% de la población mundial joven ganándose la vida en el sector informal, mientras que en la población adulta (de 25 en adelante) solo representaba un 60%.

Como consecuencia de la pandemia, 1 de cada 6 jóvenes ha perdido su empleo, reduciéndose además un 23% su jornada laboral y su salario hasta en un 50%: los hombres un 46% y las mujeres un 38%.

En el caso de África, las cifras son aún más alarmantes: un 93,4% de la población joven se mantiene forma informal.

El sector doméstico

Aunque las mujeres se han visto ligeramente menos afectadas por la pérdida de ingresos, al hablar de mayorías que ejercen el trabajo informal, no podemos olvidar a las amas de casa, que se ven cada día  más afectadas por la pandemia.

La labor doméstica en el sector informal ha afectado a un 76% de la población mundial, 50% de la población femenina en África.

Una parte de las empleadas del hogar que viven donde trabajan han obtenido tareas más exigentes y algunas trabajan más horas debido el cierre de escuelas. Más de 1.500 millones de niños siguen sin poder volver al cole.

La cifra de niños que en África no pueden acudir a la escuela por la pandemia es de 65 millones.

Menos educación, más trabajo

El tiempo libre con el que ahora los escolares cuentan ha puesto a miles de familias con escasos recursos en la necesidad de poner a más niños a trabajar, violando sus derechos humanos.

Es muy probable que muchos de ellos se vean en la necesidad de dejar definitivamente la escuela y se enfrenten a situaciones que ponen en peligro su salud y seguridad.

Por cada punto porcentual que aumente la pobreza, el trabajo infantil podría aumentar un 0,7%. Esto deja entrever las terribles consecuencias que podría dejar la pandemia.

Parece que después de la tormenta tardará en brillar el sol, puesto que la recesión económica que resultará de la pandemia condenará tanto a los jóvenes tratando de reintegrarse al mundo laboral como a los niños reintegrándose en las escuelas.

Nosotros podemos ayudar a contener esta catástrofe, tanto la educativa con nuestras Escolas de Paz, como la laboral con nuestras Asociaciones Agrícolas.

¿Contamos contigo?