¿Dónde falta más agua en el mundo? Los países y regiones más afectados por la escasez
La escasez de agua no afecta de la misma manera a todos los lugares del planeta. Hay regiones donde la falta de lluvias es un problema estructural y otras donde el agua existe, pero la demanda supera la capacidad de los ríos, acuíferos e infraestructuras para abastecer a la población, la agricultura y la industria. También hay países donde el principal problema no es la cantidad de agua disponible, sino el acceso seguro a ella.
Por eso, cuando hablamos de países con escasez de agua, no basta con señalar los lugares más secos del mapa. Hay que mirar también cuánta agua consume cada territorio, cómo se gestiona, qué presión soportan sus acuíferos, qué parte se destina al regadío y qué capacidad existe para almacenar, tratar o reutilizar el recurso.
Las zonas más expuestas se concentran especialmente en Oriente Medio y el Norte de África, aunque también existen problemas graves en Asia meridional, el Sahel, el Cuerno de África, partes del Mediterráneo y otras regiones sometidas a una fuerte presión hídrica.
¿Qué significa realmente que un país tenga escasez de agua?
La escasez de agua puede tener distintos significados. En algunos territorios existe una escasez física clara porque las precipitaciones son muy bajas y los recursos disponibles son limitados. En otros, el problema aparece porque la demanda es tan elevada que supera la cantidad de agua que puede extraerse de forma sostenible.
También existe una dimensión económica y social. Un país puede disponer de agua en ríos, lagos o acuíferos y, aun así, una parte de su población no tener acceso seguro por falta de infraestructuras, tratamiento, inversión o redes de distribución.
Por eso conviene diferenciar entre tres conceptos que suelen mezclarse: escasez física de agua, estrés hídrico y falta de acceso al agua segura. Están relacionados, pero no describen exactamente el mismo problema.
Oriente Medio y Norte de África: una de las regiones con mayor presión hídrica
Oriente Medio y el Norte de África concentran algunos de los países con menor disponibilidad natural de agua dulce del mundo. El clima árido, las precipitaciones escasas y las altas temperaturas hacen que gran parte del territorio parta de una situación de fuerte limitación hídrica.
Países como Jordania, Yemen, Arabia Saudí, Qatar, Kuwait o Emiratos Árabes Unidos suelen aparecer entre los territorios con mayor estrés hídrico. Sin embargo, la situación social no es igual en todos ellos. Algunos cuentan con grandes inversiones en desalación, reutilización de agua e infraestructuras, mientras que otros tienen mucha menos capacidad para compensar la escasez natural.
Esta diferencia es importante porque demuestra que disponer de poca agua no conduce automáticamente al mismo nivel de vulnerabilidad. La capacidad económica, tecnológica e institucional puede cambiar enormemente la forma en que un país afronta el problema.
Asia meridional: mucha población y una demanda enorme
En países como India y Pakistán, la presión sobre el agua está muy relacionada con el tamaño de la población, el peso de la agricultura de regadío y la extracción intensiva de aguas subterráneas.
En muchas zonas, los acuíferos se utilizan para mantener la producción agrícola incluso cuando las lluvias son insuficientes. Este recurso puede sostener cultivos y ciudades durante años, pero se convierte en un problema cuando se extrae agua con mayor rapidez de la que vuelve a infiltrarse.
El descenso continuado del nivel freático obliga a perforar pozos cada vez más profundos y aumenta el coste energético del bombeo. Además, cuando los acuíferos se degradan o se salinizan, recuperar su estado original puede ser extremadamente difícil.
La presión aumenta todavía más cuando coinciden sequías, olas de calor y crecimiento urbano. En estos casos, agricultura, hogares e industria pueden competir por un recurso cada vez más limitado.
África: cuando la escasez se combina con falta de infraestructuras
En varias regiones africanas, especialmente en el Sahel y el Cuerno de África, la disponibilidad de agua está muy condicionada por lluvias irregulares y sequías recurrentes. Para muchas comunidades rurales, una mala temporada de lluvias puede afectar al mismo tiempo al agua doméstica, la ganadería y la agricultura.
La vulnerabilidad, sin embargo, no depende solo de cuánto llueve. La falta de almacenamiento, pozos seguros, redes de distribución o sistemas de riego puede transformar un periodo seco en una crisis grave.
Dos regiones con niveles de precipitación similares pueden tener resultados completamente distintos si una dispone de embalses, sistemas de abastecimiento y capacidad de respuesta y la otra depende casi exclusivamente de lluvias estacionales.
En este contexto, mejorar el acceso al agua no significa únicamente encontrar nuevas fuentes. También implica proteger las existentes, mejorar la gestión y construir infraestructuras adaptadas a las necesidades locales.
Mozambique: no es un país desértico, pero también puede sufrir escasez
Mozambique no se encuentra entre los países más áridos del mundo. Recibe lluvias importantes en muchas zonas y cuenta con grandes cuencas fluviales. Sin embargo, eso no significa que todas las comunidades tengan acceso estable al agua durante todo el año.
En las áreas rurales, la distancia a las fuentes, la falta de infraestructuras, la variabilidad de las lluvias y las sequías periódicas pueden generar problemas de abastecimiento. Además, las mismas comunidades pueden sufrir inundaciones en una época y escasez pocos meses después.
Este contraste muestra algo importante: un país puede tener abundantes recursos hídricos a escala nacional y, aun así, existir zonas con una gran vulnerabilidad local.
Por eso las soluciones deben diseñarse a escala de territorio y comunidad, no únicamente a partir de promedios nacionales.
El Mediterráneo también sufre escasez de agua
La escasez de agua no es un problema exclusivo de regiones desérticas o países con bajos ingresos. La cuenca mediterránea combina veranos secos, elevada demanda agrícola, grandes concentraciones urbanas y una fuerte actividad turística.
España, Italia, Grecia y otros países mediterráneos cuentan con embalses, redes de abastecimiento, sistemas de reutilización y, en algunos casos, desaladoras. Estas infraestructuras reducen la vulnerabilidad, pero no eliminan el problema cuando se encadenan varios años secos.
La agricultura es uno de los sectores más afectados porque necesita disponer de agua precisamente durante los meses más cálidos, cuando la evaporación es mayor y las reservas pueden encontrarse en niveles bajos.
La situación mediterránea sirve para recordar que la escasez de agua puede aparecer incluso en países con tecnología e infraestructuras avanzadas cuando la demanda es muy elevada respecto a los recursos disponibles.
¿Cuáles son algunos de los países con mayor escasez de agua?
No existe una lista única, porque las clasificaciones cambian según el indicador utilizado. Un ranking basado en estrés hídrico puede ser distinto de otro que mida agua disponible por habitante o acceso a agua potable.
Aun así, existen regiones y países que aparecen con frecuencia entre los más presionados.
| Región | Algunos países afectados | Principales factores |
|---|---|---|
| Oriente Medio | Jordania, Yemen, Arabia Saudí, Qatar, Kuwait | Aridez, poca lluvia y elevada demanda |
| Norte de África | Libia, Egipto, Túnez, Argelia | Clima seco, agricultura y crecimiento urbano |
| Asia meridional | India, Pakistán | Regadío intensivo y presión sobre acuíferos |
| Cuerno de África | Somalia, Etiopía y zonas vecinas | Sequías, variabilidad climática e infraestructuras limitadas |
| Mediterráneo | España, Grecia, Italia y otras zonas | Sequía, regadío, turismo y demanda urbana |
Esta tabla debe entenderse como una referencia general y no como un ranking fijo. La situación cambia con el tiempo y depende de la fuente utilizada para medirla.
¿Por qué unos países tienen más problemas de agua que otros?
La disponibilidad natural es solo una parte de la explicación. Un país muy seco puede tener una población pequeña y una demanda relativamente contenida, mientras que otro con más lluvia puede sufrir un estrés enorme si tiene millones de habitantes, una agricultura muy intensiva y una industria con gran consumo de agua.
La forma en que se utiliza el recurso también importa. Si una parte importante del agua se pierde en redes antiguas, si los sistemas de riego son poco eficientes o si los acuíferos se bombean sin respetar su capacidad de recarga, la escasez puede agravarse incluso aunque las precipitaciones no cambien.
La contaminación añade otro problema. Un río puede llevar mucha agua y, sin embargo, no ser utilizable sin un tratamiento complejo si recibe vertidos industriales, aguas residuales o contaminantes agrícolas. Por eso la escasez de agua es al mismo tiempo un problema natural, económico, tecnológico y de gestión.
La agricultura y la presión sobre el agua
La agricultura es uno de los mayores consumidores de agua dulce a escala global y, en muchas regiones secas, depende fuertemente del regadío.
Cuando se cultivan especies muy demandantes de agua en climas áridos, la presión puede aumentar rápidamente. Si además el riego depende de acuíferos y la extracción supera la recarga natural, el sistema puede volverse insostenible.
Mejorar la eficiencia puede reducir pérdidas, pero no siempre basta. Si el ahorro conseguido se utiliza después para ampliar la superficie regada, el consumo total puede mantenerse o incluso aumentar.
Por eso la gestión del agua agrícola debe incluir no solo tecnología, sino también decisiones sobre cultivos, calendarios, suelos y disponibilidad real del recurso.
El cambio climático puede agravar la escasez
El cambio climático no implica simplemente que todos los lugares vayan a recibir menos lluvia. Los efectos son más complejos y varían según la región.
El aumento de las temperaturas incrementa la evaporación y puede hacer que suelos, cultivos y embalses pierdan agua con mayor rapidez. También puede modificar la distribución de las precipitaciones y aumentar la frecuencia de periodos secos en determinados territorios.
En algunas zonas, el problema puede no ser una reducción clara de la lluvia anual, sino que llegue de forma más irregular. Lluvias muy intensas concentradas en pocos días pueden provocar inundaciones y, aun así, dejar largos periodos de escasez durante el resto del año.
El deshielo de nieve y glaciares también modifica el momento en que el agua llega a los ríos. Esto puede alterar la disponibilidad precisamente durante los meses en que agricultura y ciudades más la necesitan.
¿Puede una región tener mucha agua y sufrir igualmente escasez?
Sí. Tener mucha agua en términos absolutos no garantiza que esté disponible en el lugar y momento adecuados.
Un territorio puede recibir abundantes lluvias durante varios meses y sufrir una estación seca muy marcada. Si no dispone de suficiente capacidad de almacenamiento, una gran parte del agua puede desaparecer rápidamente hacia ríos y océanos.
También puede existir agua en zonas alejadas de los principales núcleos de población. Transportarla requiere infraestructuras, energía y grandes inversiones.
La calidad representa otra limitación. Agua contaminada, salinizada o con elevados niveles de determinados compuestos puede no ser adecuada para consumo o agricultura sin tratamiento.
Por eso abundancia de agua y seguridad hídrica no son sinónimos.
Las ciudades también pueden quedarse sin agua
El crecimiento urbano aumenta enormemente la demanda. Millones de personas concentradas en una misma área necesitan agua para beber, cocinar, higiene, industria y servicios.
Cuando una ciudad depende de pocas fuentes de abastecimiento, una sequía prolongada puede reducir rápidamente sus reservas. El problema se agrava si existen pérdidas elevadas en las redes o si el crecimiento urbano ha avanzado más rápido que las infraestructuras.
En algunas ciudades del mundo ya se han producido situaciones en las que las autoridades han tenido que imponer restricciones severas para evitar el agotamiento de las reservas.
Esto demuestra que la vulnerabilidad no depende únicamente del clima. También depende de cómo se planifica y gestiona el crecimiento urbano.
Los acuíferos: una reserva invisible que también puede agotarse
Las aguas subterráneas son fundamentales para millones de personas y para una parte importante de la agricultura mundial. Durante una sequía pueden actuar como una reserva estratégica cuando disminuyen ríos y embalses.
El problema aparece cuando se extrae más agua de la que vuelve a infiltrarse. El nivel del acuífero comienza entonces a descender y cada año puede ser necesario bombear desde mayor profundidad.
En determinadas regiones, la sobreexplotación puede provocar hundimiento del terreno o entrada de agua salada en acuíferos costeros. Una vez que esto sucede, recuperar el sistema puede resultar muy difícil.
Por eso utilizar agua subterránea durante una sequía puede ser una buena herramienta de adaptación siempre que exista una gestión que permita su recuperación posterior.
¿Qué regiones pueden ser más vulnerables en el futuro?
Las zonas que ya sufren una elevada presión y donde la población continúa creciendo son especialmente sensibles. Si la demanda aumenta mientras el recurso permanece estable o disminuye, el margen de seguridad se reduce.
También tienen mayor riesgo los territorios que dependen de una única fuente de abastecimiento. Una ciudad que obtiene casi toda su agua de un embalse es más vulnerable a una sequía prolongada que otra que combina diferentes fuentes.
La degradación de ecosistemas puede aumentar todavía más esa exposición. Humedales, bosques y suelos bien conservados ayudan a regular el agua dentro de una cuenca, mientras que su deterioro puede aumentar escorrentía, erosión y pérdida de capacidad de almacenamiento natural. La vulnerabilidad futura dependerá, por tanto, del clima, pero también de las decisiones que se tomen hoy.
¿Qué se puede hacer para reducir la escasez de agua?
No existe una solución única porque las causas son diferentes en cada territorio. En ciudades con pérdidas elevadas puede ser prioritario reparar las redes; en una región agrícola quizá sea más importante mejorar el riego y adaptar los cultivos.
La reutilización de aguas residuales tratadas puede reducir la demanda sobre ríos y acuíferos. La desalación también puede aportar agua en zonas costeras muy secas, aunque necesita energía y supone costes económicos y ambientales.
La protección de las cuencas es igualmente importante. Mantener bosques, humedales y suelos funcionales ayuda a conservar la capacidad natural del territorio para infiltrar y regular agua.
La estrategia más eficaz suele ser combinar varias soluciones: reducir pérdidas, utilizar el agua con mayor eficiencia, proteger las fuentes existentes y diversificar el abastecimiento.
¿Qué papel puede jugar la conservación del suelo?
El agua y el suelo están estrechamente relacionados. Cuando un terreno está degradado y compactado, una lluvia intensa puede convertirse rápidamente en escorrentía y abandonar la parcela. Un suelo cubierto y con mejor estructura permite que una mayor proporción del agua se infiltre. Esto puede favorecer a los cultivos y ayudar a recargar reservas subterráneas.
En agricultura, técnicas como cobertura vegetal, aumento de materia orgánica, reducción de erosión y manejo adecuado de pendientes pueden mejorar el aprovechamiento del agua disponible. No crean agua nueva, pero permiten perder menos de la que ya existe.
¿Puede solucionarse completamente la escasez de agua?
En algunos lugares es posible reducir mucho el problema mediante tecnología, eficiencia y buena gestión. Sin embargo, en regiones extremadamente áridas siempre existirá una limitación física que obliga a adaptar la demanda.
La desalación puede producir agua dulce a partir del mar, pero necesita energía y genera salmuera que debe gestionarse. Construir embalses permite almacenar agua, pero depende de que existan precipitaciones y puede tener impactos ecológicos.
Por eso la solución no consiste simplemente en “conseguir más agua”. También hay que decidir cuánto podemos consumir de forma sostenible. Una sociedad puede reducir mucho su vulnerabilidad, pero ignorar los límites del territorio suele trasladar el problema hacia el futuro.
Preguntas frecuentes sobre países con escasez de agua
¿Qué países tienen más escasez de agua?
Numerosos países de Oriente Medio y Norte de África presentan una elevada presión hídrica, entre ellos Jordania, Yemen, Arabia Saudí, Qatar o Kuwait. También existen problemas importantes en países como India y Pakistán y en diferentes regiones de África.
¿Qué regiones del mundo sufren más escasez de agua?
Oriente Medio y Norte de África son especialmente vulnerables por su clima árido. También existen zonas con fuerte presión en Asia meridional, el Sahel, el Cuerno de África y la cuenca mediterránea.
¿Por qué falta agua en algunos países?
Las causas pueden incluir pocas precipitaciones, sequías, crecimiento de la población, agricultura intensiva, sobreexplotación de acuíferos, contaminación, falta de infraestructuras y mala gestión.
¿España tiene problemas de escasez de agua?
Sí, especialmente en determinadas regiones y durante periodos prolongados de sequía. El regadío, la demanda urbana y turística y el clima mediterráneo generan una presión importante sobre los recursos.
¿Un país con mucha lluvia puede sufrir escasez?
Sí. Si las precipitaciones están muy concentradas, faltan infraestructuras, existe contaminación o la demanda es demasiado alta, puede haber escasez aunque el volumen anual de lluvia sea elevado.
¿El cambio climático aumentará la escasez de agua?
En muchas regiones puede agravarla mediante temperaturas más altas, mayor evaporación, cambios en las precipitaciones y sequías más intensas o frecuentes. El efecto concreto dependerá de cada territorio.
La escasez de agua no puede entenderse únicamente mirando un mapa de precipitaciones. Los lugares más vulnerables suelen ser aquellos donde coinciden recursos limitados, una demanda elevada y poca capacidad para adaptarse cuando llega una sequía.
Oriente Medio y Norte de África presentan algunas de las situaciones más extremas, pero el problema también afecta a grandes regiones de Asia, África y el Mediterráneo. Incluso países con infraestructuras avanzadas pueden sufrir una fuerte presión cuando varios años secos reducen las reservas.
La diferencia entre una sequía difícil y una crisis grave suele estar en cómo se ha gestionado el agua antes de que aparezca el problema. Acuíferos sobreexplotados, redes con grandes pérdidas, suelos degradados y sistemas agrícolas muy dependientes del riego reducen la capacidad de respuesta.
Por eso garantizar agua en el futuro no consiste únicamente en buscar nuevas fuentes. También significa proteger las existentes, utilizar mejor cada litro disponible y adaptar agricultura, ciudades y ecosistemas a los límites reales de cada territorio.
En Azada Verde luchamos favor de la conservación y del uso responsable del agua a través de la agricultura sostenible, que no emplea químicos en la producción de frutas y verduras que puedan contaminar las aguas y con la que ayudamos a numerosas familias agricultoras a salir del pozo del hambre y la pobreza. Puedes ayudarnos pulsando en el siguiente link.
Fuentes:
World Resources Institute – 25 Countries Face Extremely High Water Stress
Es la mejor fuente para la parte de qué países y regiones sufren mayor presión hídrica. WRI señala que 25 países enfrentan un estrés hídrico extremadamente alto y que Oriente Medio y Norte de África, junto con Asia meridional, concentran algunas de las situaciones más severas. Instituto Mundial de Recursos
WRI – 25 Countries Face Extremely High Water Stress
World Resources Institute – Aqueduct 4.0 Data
Muy útil si quieres respaldar la parte más técnica sobre rankings por países, estrés hídrico actual y proyecciones futuras. Es la versión más reciente del marco Aqueduct. Instituto Mundial de Recursos
WRI – Aqueduct 4.0 Data
FAO AQUASTAT – Water Use
Buena para explicar cómo se distribuyen las extracciones de agua entre agricultura, consumo municipal e industria, y para fundamentar la presión sobre ríos y acuíferos. FAOHome
FAO AQUASTAT – Water Use
FAO AQUASTAT – Irrigation Water Withdrawal
Especialmente útil para el apartado sobre agricultura y regadío, porque explica que las extracciones para riego pueden superar ampliamente las necesidades netas del cultivo debido a pérdidas durante la distribución. FAOHome
FAO AQUASTAT – Irrigation Water Withdrawal
UN-Water – Water and Climate Change
Muy buena para la parte de cambio climático, sequías, almacenamiento terrestre de agua y vulnerabilidad futura. También respalda la idea de que el problema no es solo menor precipitación, sino cambios en nieve, hielo, humedad del suelo y disponibilidad estacional. UN Water
UN-Water – Water and Climate Change
UNICEF – Water Crisis in the Horn of Africa
Esta encaja muy bien con el bloque sobre Cuerno de África, sequías recurrentes, pérdida de cultivos y ganado y problemas de acceso al agua. UNICEF
UNICEF – Water Crisis in the Horn of Africa

