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Llueve sobre mojado en Mozambique

El Covid-19 ya está en Mozambique. Desde que la pandemia fuera declarada en España, a la zaga de Italia, y después seguida por otros países de la Unión Europea, empezamos a vivir la pesadilla del confinamiento y el miedo por su posible propagación en el continente africano y países en vías de desarrollo.

Mozambique tiene un nivel de calidad de vida bajo respecto a otros países: depende del sector agrícola, tiene un escaso desarrollo industrial y presenta problemas socioeconómicos.

El PIB per cápita es un muy buen indicador del nivel de vida y en el caso de Mozambique está en la parte final de la tabla mundial, en el puesto 189 (¡de 196!). O sea podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos mucho que hablamos del octavo país más pobre del mundo.

El llamado “capitalismo extractivo”, modelo económico presente en Mozambique, resulta ser, según las mediciones de riqueza de esta filosofía monetaria, la gran esperanza del país para mejorar su puesto en el ranking del PIB.

Pero la realidad es que no ha sido así. Ha generado lo que, en el lenguaje del Desarrollo, ha sido catalogado como “la maldición de los recursos naturales”:

  • El subsuelo de Mozambique es rico en minerales metálicos y no metálicos, pero sólo el carbón y la sal se explotan en cantidades apreciables.
  • Los recursos pesqueros son importantes (langostinos y camarones) y representan la principal fuente de divisas.
  • Los cultivos orientados a la exportación son las nueces, té, caña de azúcar y algodón.
  • La mayor parte de la producción agrícola se debe a pequeñas explotaciones familiares, que producen las principales cosechas de maíz, mandioca, fríjol, arroz, verduras y aceite vegetal de cacahuete, sésamo, y semillas de girasol.

El Covid-19 empeora las cosas en Beira y el medio rural mozambiqueño

Una desigualdad brutal

Desde la proclamación de su independencia en 1975, Mozambique se ha convertido es un país con una legislación bastante evolucionada a nivel democrático y teórico.

Sin embargo, socialmente, prevalecen prácticas que mantienen una desigualdad brutal en todos los aspectos, sobre todo en el de género, cuestión que choca con el hecho de ser uno de los países con más mujeres incorporadas a la vida civil.

Y mientras en ciudades como Maputo se pueden ver automóviles y restaurantes de lujo, la mayor parte del país se desenvuelve en un caos donde el acondicionamiento y las infraestructuras brillan por su ausencia. Se sobrevive en construcciones de paja y latón y el acceso al agua resulta una tarea penosa.

Además todo se agravó en 2019 cuando las infraestructuras fueron arrasadas por el ciclón Idai: casas, caminos y puentes quedaron en ruinas y las tierras agrícolas inservibles.

Todo sumado supone un evidente caldo de cultivo para que los servicios públicos básicos como la sanidad y la educación resulten tremendamente deficientes.

Asignaturas pendientes

La mejora de la educación, la lucha contra la desnutrición infantil y la garantía de servicios de salud dignos en zonas rurales y urbanas siguen siendo la asignatura pendiente para un país con recursos propios que sortea sus deficiencias con la ayuda de otros países donantes y la intervención de las ONG.

Aunque en el momento de escribir este artículo no hay ningún caso de muerte por coronavirus, se han restringido los accesos desde el exterior y se ha recomendado a la población exponerse lo menos posible.

Esta práctica resulta complicada en el caso de familias rurales que comparten el uso de pozos o se tienen que trasladar en pequeños autobuses donde la masificación es inevitable.

Solo cabe esperar que la pandemia no se cebe con esta y otras poblaciones del continente para no empeorar aún más los problemas crónicos que ya de por sí sufren desde siempre.

Miedo al desastre

Dicen que la perplejidad es la semilla del pensamiento. Aquí andamos perplejos en este apocalipsis con tintes de una de las siete plagas.

Esta perplejidad lleva a cuestionarse en qué empleábamos el tiempo, la destrucción del planeta, el vacío de los minutos en que dejamos correr los días…

Andamos cuestionando nuestro modelo de vida, en la esperanza, tal vez, de hacer fecunda esta perplejidad. Así, se especula con un orden institucional que nos permita una existencia más respetuosa con el medio ambiente, con los demás…

¿Es solo al orden institucional al que debemos confiar este cambio vital? Se habla del individualismo capitalista, del asfixiante control de las administraciones más colectivistas, de si es necesaria una ley aquí y otra ley allá que evite los desastres…

El desastre. Ese es el miedo que sostiene esta perplejidad occidental. En lugares como Mangunde, donde el día a día es una sucesión de tareas ingratas y desabastecimiento, no hay tiempo para la perplejidad.

El umbral de dolor que tanto ocupa a profesionales de la medicina y la psicología en Occidente (tal vez para trivializar o relativizar el sufrimiento ajeno a fin de descargarnos del peso que la tan cacareada empatía nos impone), es equiparable al umbral del miedo.

Siendo este umbral una medida de la percepción personal, aquí estamos todos en el 0’0, sin duda, espantados como una mosca en la contraventana.

Con el miedo en el ADN

En Mozambique, el miedo, por ser constante, no resulta más llevadero. Son generaciones las que crecen con él en el ADN, el mismo ADN que les hace valientes y activos para solucionar problemas.

En la película El niño que domó el viento de Chiwetel Ejiofor, hay una magnífica alegoría de todo esto. Fueron sus propios recursos e ingenio lo que les ayudó a cambiar las cosas, una esperanza de mejora de ese día a día para el sustento básico, el que, una vez cubierto, te deja espacio para la perplejidad existencial

Mozambique, formado por gente luchadora que ha pasado grandes penurias y mira la vida con optimismo, fuerte por dentro y alegre por fuera, ya fue bautizado por Vasco de Gama como a terra da boa gente

No es errático preguntarse si es esta cualidad la que sostiene a este pueblo de tantas calamidades. Y cabe pensar, por supuesto, que ese carácter abierto a la alegría y la esperanza les ayudará también en esta travesía que muchos europeos y occidentales vivimos como un apocalipsis.

Se cumple un año del ciclón Idai

Un año después del paso del ciclón Idai, Mozambique lucha por recuperar la normalidad.

Mozambique, Malaui y Zimbabue fueron azotados por uno de los peores ciclones tropicales de los que se tiene constancia en África y en todo el hemisferio sur: Idai. Los fuertes vientos, las lluvias torrenciales y las graves inundaciones produjeron daños catastróficos que arrasaron extensas zonas del Canal de Mozambique.

El epicentro de este desastre se situó en la ciudad de Beira, destruida al 90%: “la primera ciudad devastada por el cambio climático”, así lo calificó Graça Machel, ex-primera dama mozambiqueña y activista social, que no hacía más que constatar la realidad. Beira y Mozambique habían sufrido uno de los peores desastres naturales del continente africano.

La primera evaluación que Azada Verde pudo hacer de los proyectos en funcionamiento no fue nada alentadora: edificios asolados, cultivos anegados y destrucción masiva de todo tipo de infraestructuras que desataron una de las peores crisis humanitarias en la historia del país.

Mozambique se enfrentaba a una preocupante situación con más de 2,5 millones de personas necesitadas de ayuda humanitaria.

Idai: un año después

Doce meses más tarde más de 100.000 personas siguen habitando refugios temporales: precarias construcciones, viviendas de listones de madera y lonas sujetas con palos son el escenario en el que parte de la población mozambiqueña vive actualmente.

Se calcula que el 46% de la población del país vive por debajo del umbral de la pobreza, lo que dificulta enormemente enfrentar este tipo de crisis cada vez más frecuentes.

La situación se agrava en las zonas rurales en las que el acceso a una mínimas infraestructuras sanitarias o de saneamiento es verdaderamente dificultoso.

Desesperación entre la gente por el ciclón Idai

Durante todo este tiempo hemos continuado trabajando en el terreno con proyectos que intentan paliar algunas de estas carencias y proporcionar conocimientos para salir adelante. La instalación de nuevas bici-bombas por ejemplo permitirán el acceso al agua para el riego de las parcelas de cultivo.

El fomento de las Asociaciones Agrícolas está teniendo un impacto muy positivo con más de 50 familias beneficiadas a las que se ha proporcionado semillas de diferentes variedades que serán su futuro alimento y además les darán una salida del excedente al mercado para su venta y obtención de ingresos.

Colaboramos en la construcción de un futuro todavía incierto.

Y ahora el Covid-19

En un sistema tan debilitado como el que sufre Mozambique cualquier nuevo desafío puede ser extremadamente perjudicial.

El continente africano atraviesa por momentos críticos teniendo que afrontar diversos frentes: los países orientales están sufriendo un brote de una dañina plaga de langostas mientras que todo el continente debe hacer frente al Covid-19 que ya está presente en muchas zonas.

La progresión de la pandemia en África es todavía una incógnita. Algunos expertos afirman que podría ser diferente por dos motivos: ser la última zona afectada y tener experiencia en gestión de brotes epidémicos como el del ébola pueden jugar a su favor.

El drama del ciclón Idai

La pervivencia del COVID-19 puede verse perjudicada por las cálidas temperaturas de muchos de estos países, lo que parece ser un factor determinante en este virus.

También es relevante que los países de África Subsahariana, la zona más vulnerable del continente, suman una población de 1.200 millones de personas y el 62% de ellas son menores de 25 años. Este factor puede jugar a favor de que muchos de los afectados por el coronavirus no presenten síntomas o sufran procesos menos graves.

Hasta la fecha ya son varios los países que conscientes de la escasez de recursos e infraestructuras sanitarias han optado por medidas drásticas que impidan la expansión de la enfermedad. Se han cerrado escuelas, iglesias, mezquitas, bares, prohibido reuniones multitudinarias… y en muchos de ellos se han cerrado las fronteras aéreas, marítimas y terrestres.

África debe despertar y prepararse para lo peor. La clave del éxito: tomar medidas y prevenir.

Si quieres ayudar en la lucha contra un Covid-19 que ya está presente en Mozambique puedes hacer un donativo pinchando AQUÍ.

L@s niñ@s de Escolas de Paz
  • Como ya te avanzamos el mes pasado, ha sido un año muy bueno. Ya somos más de un centenar de ‘azaderos’ que habéis repartido mucha ayuda y por eso queremos despedir el año dándote las ¡GRACIAS!
  • ¿Os acordáis del ‘almoço de Natal’ de hace un año? ¡Pues por supuesto este año se repetirá! Gracias a ti, unos 160 niñ@s se reunirán para comer juntos el día 25.
  • Este resumen del año es la mejor manera que se nos ocurre de acabar este gran 2019 y desearte un ¡FELIZ 2020!

Parece que fue ayer (topicazo pero literal) cuando empezábamos esta nueva aventura llamada Azada Verde.

Hace un año abríamos nuestras redes sociales y empezábamos a contaros todas nuestras aventuras y novedades del mes a mes con este boletín cuya 14ª edición algun@s hoy reciben por 1ª vez, y es que vosotr@s, nuestra comunidad, crecéis poco a poco pero sin parar. 🥰

[responsive_vimeo https://vimeo.com/379076678]

Una de las agricultoras de la Asociación Agrícola de Nhaumue te agradece tu ayuda que ha provocado que ella y su familia (y otras muchas) hayan podido obtener una buena cosecha y por tanto una dieta más variada y una vida más saludable en este 2019.

2019 ha sido un año, siendo humildes y sinceros con la realidad y con nosotr@s mism@s, muy buenoLa ayuda que hemos podido hacer llegar a terreno ha sido mucha, seguramente mucho más de lo que hubiéramos intentado adivinar un 1 de enero. Sobra decir que esto ha sido posible únicamente GRACIAS a TI.

Empezamos el año queriendo que mucha mucha gente nos conociera y por eso en enero nos unimos a la comunidad de Impact HUB Madrid, un espacio de co-working donde poder ‘acelerar’ y hacer crecer a la organización en el mejor y más idóneo de los ambientes.

José con l@s niñ@s de Escolas de Paz

Ese mismo mes, en el día #DíaInternacionaldelaEducación, tuvimos la oportunidad de participar en el proyecto ‘Rosetes Solidaries’ que organiza el Col.legi Badalonés, iniciativa donde los estudiantes nos otorgaron el primer premio como mejor proyecto solidario presentado.

En febrero organizamos nuestro primer evento, una Sexy Salad donde contamos quiénes somos y qué hacemos mientras ofrecíamos una degustación de comida mozambiqueña.

La acogida fue tan buena que el siguiente mes de marzo repetimos evento con la proyección de nuestro documental ‘Semillas de Mozambique y estuvimos también en el #DíaMundialdelAgua con l@s alumn@s del CEIP Antonio Machado en  Alcalá de Henares.

[ngg src=”galleries” ids=”3″ display=”basic_thumbnail” thumbnail_crop=”0″]Ese mismo mes de marzo, la zona centro del Mozambique, justo donde trabajamos, el ciclón Idai arrasó toda Beira y las zonas rurales del interior, llevándose consigo todas las cosechas y causando centenares de muertes. Os volcastéis con la emergencia y no sabéis cómo os lo agradecemos.

El mes siguiente de abril 4 de nosotr@s decidimos ir a terreno, no solo a dar alivio con entrega de ayuda alimentaria de emergencia, sino también a conocer y hacer seguimiento de nuestros proyectos allí, esos que apoyais en el mes a mes con vuestras providenciales cuotas de soci@s.

El verano vino plagado de cambios a los que tuvimos que ajustarnos y adaptarnos de la mejor manera que supimos.

Estos últimos meses hemos estado inmersos en la búsqueda de nuevas formas y opciones de financiación. Sacando nuevos proyectos, consiguiendo que por fin seamos ONGDapareciendo en medioshaciendo mercadillos, construyendo e instalando nuevas bici-bombasparticipando en acciones ciudadanas de protesta y en más eventos, mejorando y traduciendo nuestra web al inglés…

¡No os penséis que hemos estado de manos cruzadas eh!

Almoço de Natal

¡Pero basta ya de cháchara y batallitas de cosas que ya han pasado!

De lo que queremos hablarte es de nuestro ya tradicional ‘almoço de Natal‘, esa comida tan especial en la que conseguimos juntar por única vez al año a los alrededor de 160 niñ@s de nuestras Escolas de Paz, que como ya sabrás están repartidos en unas cinco localidades alejadas unas de otras.

[responsive_vimeo https://vimeo.com/379073338]

Nuestro compañero en Mangunde y responsable del proyecto Escolas de Paz, José, te cuenta en qué consiste el ‘almoço de Natal‘ y por qué es tan importante para l@s niñ@s.

Desde Revue, Daca, Maguenhe y Toronga, y hasta la Misión de Mangunde, para vivir un momento mágico: compartir algo que es mucho más que una simple comida.

Recuerda que se trata de niñ@s en situación muy vulnerable y huérfanos de padre y/o madre. Imagina lo que un momento así, en un día tan especial, significa para ell@s. Lo necesitan, y tú, que lo provocas con tus cuotas mensuales, puedes ser cómplice de la edición de esta año teniendo tu detalle solidario navideño.

[responsive_vimeo https://vimeo.com/379069037]

2 meses después del ciclón Idai, os contamos la historia de Anita Fernando, una mujer de 45 años de Mudala, en la frontera con Dombe.

Llegó al centro de salud de la misión de Mangunde debilitada con su nieto de 9 meses en su regazo buscando atención médica ya que ambos estaban enfermos. Cuando se acercaron no encontraron medicamentos.

Necesitaban dos cosas principalmente: leche para el bebé y tratamiento médico.

Situación desesperada tras Idai

La noche del 15 de marzo fue terrible, las inundaciones afectaron a la totalidad de su casa y machambas, aunque rápidamente consiguieron huir hasta un árbol en el que se quedaron 4 días y 4 noches, sin comida ni agua.

La parte más dolorosa y que le emocionó al contarnos, fue perder a su única hija, la madre del bebé de 9 meses, además de todos los vecinos y otras cuatro personas de su familia (dos desaparecieron y aún no se han encontrado hasta hoy).

Los bienes domésticos, las culturas en las machambas, las viviendas… nada sobrevivió a la furia de las aguas.

“Durante los 4 días y noches que estuvimos en el árbol compartimos el espacio con 2 serpientes que por suerte murieron”.

Anita Fernando

Anita tuvo que andar 67 kilómetros de barro para conseguir ayuda.

A pesar de la malaria que ambos (abuela y nieto) habían contraído, su principal preocupación era alimentar al bebé. Lo habían perdido todo…

José Zacarias, Director Centro Salud Mangunde

13 de mayo de 2019

Seguimos captando fondos providenciales para la supervivencia de la población: alimentos, agua, pastillas potabilizadoras de agua, medicamentos y vacunas… Toda ayuda es poca.

Esta es la historia de Ester Vurande, madre soltera de 37 años que vive en Chingone, comunidad de Mangunde, con sus hijos Graça y Jorge Paulo.

De tanta nostalgia por la ausencia de su madre decidieron caminar 7 kms hasta el centro de salud de Mangunde para visitarla, tras 3 semanas ingresada.

Debido al ciclón Idai, la salud de Ester Vurande empeoró por una infección grave, y su casa quedó destruida, perdiendo todo y pasando a vivir debajo de un árbol que llaman su casa.

Con solo la ayuda de sus gemelos

Graça es la encargada del hogar desde el año pasado cuando la madre comenzó a enfermar. Ella es quien lleva la responsabilidad de la casa.

Los niños, fuera de la escuela

Los dos niños de 7 años trabajan la tierra con sus azadas y producen el poco de maíz que consumen.

Nunca han tenido zapatos, ropa o juguetes, lo único que visten es la ropa que sus vecinos les dan, cansados ​​de verlos desnudos.

El ciclón Idai destruyó su casa y agravó la salud de la madre de los niños pero el sufrimiento empezó mucho antes.

La vida de esta familia tiene un futuro incierto, sin ayuda externa va a ser muy complicado, especialmente para los niños, que solo deberían soñar y disfrutar plenamente de sus derechos.

Esta podría ser una historia única pero por desgracia no es el caso. Es solo una más de las cientos que se dan en las comunidades rurales de la provincia más pobre de Mozambique.

Cientos de familias como la de Ester necesitan nuestra ayuda, vuestra ayuda.

José Zacarías

Mangunde, 08/05/2019

Fabrizio Graglia, director de Esmabama, tras su visita a las misiones: “cientos de cadáveres yacen en Mangunde y alrededores, ahogados por el agua, el hambre, el agotamiento y toda la destrucción causada por el ciclón”.

El olor nauseabundo impera en la misión de Mangunde. Y hoy, más de dos semanas después del desastre, los equipos comienzan a recoger cadáveres con el helicóptero (el áreas aún está inundada por el agua). No tenemos ni idea de cómo estarán las cosas en las demás comunidades circundantes…
 
La ONG Fondo de Ayuda para el Combustible nos ha ayudado suministrándonos el tan necesario combustible para que los centros de salud puedan operar, aunque desgraciadamente solo recibimos una pequeña parte de de lo que se necesita.
 
Sabemos que la electricidad fuera de la ciudad, en los distritos, no llegará hasta por lo menos dentro de 8 meses e incluso 1 año.
 

“La necesidad es enorme a medida que se propagan las enfermedades, por lo que estamos en contacto con MSF para tratar de conseguir que lleguen más medicamentos lo más rápido posible y así salvar vidas”.

Fabrizio Graglia, director de ESMABAMA

Sin embargo, esta cantidad de medicamentos proporcionados será solo para una primera fase de la emergencia: las cifras nos dejan sin palabras y muy preocupados…

El alcance de la tragedia, de las personas que han perdido sus hogares, de las vidas perdidas, de las personas que comienzan a enfermar… es mucho mayor de lo que podíamos imaginar, y esta situación se prolongará durante innumerables meses.

Y ahora la hambruna y la desnutrición

Con todos los terrenos agrícolas destruidos, no hay alimento y la desnutrición durará varios meses, las personas estarán más débiles para combatir enfermedades y por tanto necesitarán más medicamentos en un futuro inmediato.

Tras las primeras donaciones de alimentos en Beira y Barada durante el fin de semana, ahora luchamos para suministrar más de una forma regular.

Miles de personas están refugiadas en cada una de las misiones donde operamos. Lo han perdido todo, por lo estas son su única salida.

Seguimos recaudando unos fondos que son providenciales para la supervivencia de la población: alimentos, agua, pastillas potainlizadoras de agua, medicamentos y vacunas… Toda ayuda es poca.

Cecilia lo ha pasado muy mal. Poco después de pasado el ciclón IDAI, justo cuando los fuertes vientos se calmaron (algunos de más de 200 km/h), apareció otra amenaza: fuertes lluvias durante varios días que hicieron aumentar rápidamente el nivel del agua.

Para Cecilia solo había una salida: escalar su propia casa y llegar al tejado.

Allí pasó tres días, allí la tomó la desesperación, allí pensó que había sido abandonada por todo y por todos, allí lloró por su desgracia.

Pero entonces vio una ‘chata’ (un bote pequeño), llena de gente. Todos se apretaron un poco más más para poder hacerle hueco a ella.

En ese momento fue cuando pensó que se había salvado, que finalmente podría pisar tierra, comer y beber un poco de agua.

Ciclón Idai: miles de vidas a la deriva

Sin embargo, el pequeño bote se rompió, solo unos pocos metros más adelante, y Cecilia quedó atrapada una vez más. Esta vez en alta mar.

Tuvieron que lidiar con el oleaje del mar, las lluvias y el fuerte sol. Así durante dos días. La esperanza se desvanecía a cada momento.

Afortunadamente, pasadas 48 horas, la Armada de la India los rescató a todos y los llevó a tierra. Esta historia podría ser de una película… pero no lo es.

Es real y sucedió en Mozambique. Ahora Cecilia y muchos miles de mozambiqueños solo quieren que la normalidad vuelva a sus vidas. Y en Azada Verde, junto con ESMABAMA, también.

Trabajamos para que Cecilia y los habitantes de los distritos rurales de la provincia de Sofala afectados por el ciclón IDAI sobrevivan a las grandes amenazas que ahora, una vez pasado el desastre, les azotan.

¡Nos vamos al terreno! Este domingo 31 de marzo, el fundador de Azada Verde, Hugo Coll, viaja a Mozambique para gestionar vuestra ayuda, que se entregará a unas comunidades que llevan dos semanas aisladas.

Os recordamos que hay abierta una campaña de emergencia para comprar medicamentos, agua potable, comida, ropa y materiales de construcción: bit.ly/EmergenciaCiclonIdai

En Azada Verde seguimos con nuestra campaña de emergencia para las zonas rurales alrededor de Beira, epicentro del ciclón Idai. Tras 15 días, distritos enteros de la provincia de Sofala, la más afectada, siguen aislados, sin electricidad, agua potable o comida.

La ayuda ha empezado a llegar a Beira pero no a los distritos de Buzi, Chibabava o Machanga (entre 5 y 7 horas en coche), donde tampoco han llegado los equipos de rescate. En algunos casos, como en Buzi, el ciclón Idai ha borrado del mapa algunos pueblos que ahora yacen bajo el agua.

En Azada Verde, en colaboración con la ONG mozambiqueña ESMABAMA (la más grande y con más experiencia en la provincia de Sofala), hemos abierto una campaña de emergencia para recaudar fondos y dar respuesta a las primeras necesidades: http://bit.ly/EmergenciaCiclonIdai

Ciclón Idai: trabajo en terreno

ESMABAMA lleva casi 30 años trabajando con las comunidades rurales de la zona y juntos contamos con varios proyectos de cooperación en marcha en los distritos devastados.

Hugo Coll, director y fundador de Azada Verde, viajará este domingo 31 de marzo a Mozambique para comprar artículos de primera necesidad en las ciudades próximas a la catástrofe y llevarlos por carretera directamente a los distritos rurales afectados.

Posteriormente, un segundo equipo de la ONG compuesto por otros 3 integrantes, viajará el 18 de abril para ayudar en una segunda fase de la emergencia.

Por primera vez, un helicóptero sobrevoló ayer los distritos de Buzi, Chibabava y Machanga, y pudo llevar los primeros medicamentos a unas zonas que llevan dos semanas sin electricidad ni agua potable.

“La situación es de completa desolación. Los cultivos han sido arrasados y por tanto ahora viene la hambruna. La gente está desesperada y hambrienta. Cuando vieron el helicóptero, gritaban y corrían con las pocas fuerzas que les quedan, esperando recibir comida o un rescate. Necesitan ayuda y esperanza y estamos trabajando para dársela”.


Fabrizio Caraglia, director ejecutivo de ESMABAMA

Los hospitales de la zona están llenos, las reservas de maíz (su comida básica para todo el año) se han mojado y por tanto perdido, y algunas personas siguen sin localizar a sus seres queridos.

Aún hay gente subida a tejados, árboles o refugiadas en cobertizos. En las zonas donde el agua ya ha retrocedido, la prioridad ahora es reconstruir las viviendas e infraestructuras.

Ciclón Idai: seguimos trabajando

Además, estaremos trabajando también en la continuación de los proyectos de cooperación que durante varios años ha llevado adelante con las comunidades rurales afectadas por el ciclón Idai.

El objetivo de éstos ha sido siempre mejorar su seguridad y soberanía alimentaria y por tanto, ahora, también ayudar a evitar la hambruna que se prevé tras una de las peores catástrofes meteorológicas del hemisferio sur, como así la ha calificado la ONU.

Junto a Yemen y Siria, la del sudeste africano tras el ciclón Idai es la mayor emergencia a la que nos enfrentamos a nivel (3) mundial con casi dos millones de afectados.