La COVID-19 y el Plan Global de Respuesta Humanitaria ante la pandemia

Si los ciclones que azotaron Mozambique el año pasado afectaron gravemente a la la economía del país, este año llega la Covid-19 para asestar el golpe definitivo, con un confinamiento que causará estragos sin compasión.

Desde el 1 de abril, Filipe Nyusi, presidente de Mozambique, decretó una cuarentena de 30 días, restringiendo los actos públicos. Ahora esta se acaba de extender otros 30 días y el encierro se alargará hasta el próximo 30 de mayo.

Más de la mitad de los países africanos que se encuentran en cuarentena han visto imposibilitada la actividad económica en los mercados y la distribución de ayudas alimentarias en las zonas rurales.

Tan solo entre los países de África del sur, entre los cuales se encuentra Mozambique, hay 15,6 millones de personas sufriendo de inseguridad alimentaria y careciendo además de la infraestructura necesaria para soportar los resultados del calentamiento global.

Con la llegada de la Covid-19 a África se calcula que habrá unos siete millones de embarazos indeseados en las comunidades de bajos recursos debido a los nulos servicios de planificación familiar, lo que causaría una aún mayor inseguridad alimentaria para todos estos niños que nacerán a finales de este 2020.

Economía: un paso atrás

Mozambique ya dio un paso atrás con el crecimiento de su economía, pasando de un 4% a un 2,2% este año debido al coronavirus, y se prevé que el Producto Interno Bruto caiga un 10%.

La agricultura, el transporte, la manufactura, la comunicación y sobre todo la minería son solo algunos de los sectores que han quedado varados por la pandemia.

Por otro lado, el gobierno de Mozambique está tomando medidas para aliviar la crisis en el sector de la salud y ayudando a los micro, pequeños y medianos negocios.

Como Mozambique carga con una deuda del 108,8% de PIB, el Fondo Monetario Internacional aprobó la semana pasada un desembolso de 309 millones de dólares para amortiguar el efecto del coronavirus.

Poco a poco se van viendo los efectos que al final tendrá la pandemia en todo el mundo y que sin duda dejará una huella más grande en África y Mozambique.

Aunque ayuda y solidaridad hay, es primordial seguir tomando acción porque el mundo no se mueve solo, lo movemos todos.

El primer caso confirmado de Covid-19 en Sudáfrica fue anunciado el 5 de marzo de 2020. Un hombre de 28 años que había viajado a Italia junto a su mujer. Diez días después se declaró el estado nacional de desastre: medidas restrictivas en los viajes, cierre de colegios y posteriormente el bloqueo nacional.

Sudáfrica y Egipto son los países a la cabeza en número de contagios, con 4.361 casos confirmados en Sudáfrica a 26 de abril de 2020. Las cifras mucho más bajas de otros países del continente se miran con recelo, dada la baja capacidad de estos para la detección de casos.

Sudáfrica se encuentra entre los tres primeros países con más Producto Interior Bruto del continente africano. Fronterizo a este encontramos Namibia, Botsuana, Zimbabue y Mozambique. Países con un nivel de pobreza y desigualdad muy superiores.

A los actores y organizaciones principales que trabajamos en estos países nos preocupa el ascenso de contagios en estas zonas, con poca capacidad de realizar test masivos, una población viviendo en la pobreza extrema y un sistema sanitario precario. Las perspectivas no son buenas.

Impacto de las medidas

Sudáfrica ya ha anunciado la relajación de las medidas restrictivas a partir del 1 de mayo por una razón clara y principal: el aumento de la pobreza en los hogares y la necesidad de la reactivación de la economía.

Mujeres agricultoras del medio rural mozambiqueño

En otros países de África, los más pobres, se habla de “salvar vidas o modos de vida”, apuntando al escenario de que salvar a la población del Covid-19 abre la posibilidad de verlos morir de hambre.

Informes señalan la posibilidad de que un mayor número de personas muera a causa del impacto económico que a causa del virus en sí.

Las dificultades de control de propagación y un sistema inestable dificultan la superación del Covid-19 en muchos países de África, sin agua corriente para poder aplicar las medidas de higiene, con un confinamiento que podría llevar al desastre y un sistema sanitario sin apenas camas de UCI.

Por ello, nosotros creemos en la necesidad de colaborar en la promoción y empoderamiento de países como Mozambique, para que se pueda reforzar su sistema, la economía de sus hogares, y para que el futuro les depare más posibilidades de gestionar situaciones de emergencia.

Todo ello, a través de la educación, el acceso al agua y la soberanía alimentaria.

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