El empleo informal en África, una lacra para la economía agravada por la pandemia

Se calcula que alrededor de 2.000 millones de personas en todo el mundo tienen un empleo informal, lo que las deja sin cobertura sanitaria ni prestaciones laborales y sociales de ningún tipo. Frente a la situación de pandemia en la que nos encontramos, el encierro empeora la situación porque deja a más familias sin empleo, […]

Rosa José cultiva su machamba protegida con su mascarilla contra el coronavirus en Mozambique

Las cifras del coronavirus en Mozambique no dan tregua: 1.219 casos detectados, 369 recuperados y 9 fallecimientos. A pesar del lento crecimiento de las infecciones, 22 en las últimas 24 horas, la curva de la enfermedad no parece que vaya a decrecer en fechas próximas. Coronavirus en Mozambique Las autoridades sanitarias mozambiqueñas anunciaron a principios […]

Los débiles sistemas sanitarios africanos apenas podrían frenar y luchar contra la Covid-19

La poca capacidad de reacción ante la Covid-19 pone de manifiesto las debilidades de los sistemas sanitarios en África con infraestructuras insuficientes y poco equipadas y falta de recursos humanos especializados. Estamos a principios de junio y África ya pasa de 150.000 casos de Covid-19 confirmados, con más de 4.230 fallecidos. Si bien estos números […]

La COVID-19 y el Plan Global de Respuesta Humanitaria ante la pandemia

La ONU amplía su Plan Global de Respuesta Humanitaria ante la pandemia de la COVID-19. 6.700 millones de dólares. Este es el presupuesto actualizado que Naciones Unidas ha propuesto para frenar la expansión de la COVID-19 en algunos países de América del Sur, Oriente Medio, África y Asia. Escasos han quedado los 2.000 millones iniciales con […]

La pandemia de la Covid-19 llegó a Chibabava

En las últimas décadas el consumismo propiciado por los estados y el sistema económico liberal actual ha propiciado un obsceno abuso de los recursos provocando contaminación, deforestación y vidas precarizadas. Entonces, ¿quién es el verdadero culpable de esta pandemia?

Las extinciones masivas y el comercio ilegal de especies favorece el salto de patógenos, antes contenidos en los ecosistemas, a los humanos: el 75% de las nuevas enfermedades humanas en los últimos 40 años tienen origen animal.

De esa forma, los virus que están presentes en los cuerpos de animales pasan con facilidad a cuerpos humanos. Algunas de las epidemias más graves de los últimos años han llegado así. La gripe A de 2009, el MERS de 2012 o el SARS de 2002.

Un análisis realizado por 500 científicos calcula que el 75% de la superficie terrestre se ha visto ya alterada por la actividad humana. El ritmo de deforestación planetaria por ejemplo, aunque se ha ralentizado algo, fue de 26 millones de hectáreas en 2018.

Deforestación=Contagios

Esa purga de nuestros bosques reduce los ecosistemas de los animales salvajes, que se acercan a las zonas pobladas, estas interacciones entre humanos y especies salvajes promueven los contagios zoonóticos (de animales a humanos).

Investigadores explican que cuando se destruye un ecosistema se rompe una serie de equilibrios que actúan para contener los agentes infecciosos responsables de enfermedades.

Entrega de semillas en Estaquinha para los beneficiarios de bici-bombas

Toda esa alteración ha derivado en la devastación de la biodiversidad. Se estima que cada día estamos perdiendo 137 especies de plantas y animales (incluidos insectos) debido a la deforestación de las selvas, lo que supone ¡50.000 especies anuales!

Este efecto hace que, en un ecosistema donde existen muchas especies susceptibles de alojar un virus concreto, la prevalencia de que la infección se dé en una especie en particular disminuye por la existencia de variedades de animales a las que el virus puede infectar.

En este caso, el patógeno puede acabar en un animal no vulnerable, deteniendo el ciclo.

Cerco a la propagación

Además, los depredadores de un hábitat sano controlan las poblaciones que albergan y transmiten el patógeno, reduciendo las posibilidades de que este circule.

Todo esto diluye la enfermedad entre muchas especies, llegando a especies que no la transmiten y a otras acotadas por depredadores, impidiendo así la expansión de los patógenos.

Las investigaciones han observado que las especies que actúan como depósitos de virus sobreviven cuando hay una pérdida de biodiversidad, estas tienen un ciclo vital acelerado (se multiplican rápido) y aguantan los cambios, a diferencia de los que tienen ciclos de vida más lentos o los depredadores, que desaparecen.

El comercio ilegal de especies salvajes promueve el paso de los virus hacia los núcleos poblacionales. En el caso del comercio ilegal, las barreras y controles sanitarios son mínimos, dificultando la detección de potenciales víricos y dejando así vía libre a los contagios entre especies.

Entrega de semillas en Estaquinha para los beneficiarios de bici-bombas

En diversos casos, el hacinamiento de las especies salvajes en el transporte o “almacenamiento” de estas especies promueve los contagios entre estas, aumentando las posibilidades de que el patógeno llegue a los humanos.

La vida en el centro

Nuestra ONG amiga, Ecologistas en Acción, lanza este claro mensaje: “Un ecosistema sano supone una barrera natural de control de patógenos y su destrucción nos expone a peligros inciertos”.

Para reducir estos efectos es necesaria implicación, una gestión adecuada de la tierra y los cultivos, disminuir la deforestación y poner en el centro el cuidado y respeto de las especies, erradicando el comercio ilegal y la destrucción de los ecosistemas.

Es necesario poner la vida en el centro en un sistema donde se prima el desarrollo económico y se descuidan los seres vivos y los ecosistemas. En estos sistemas las vidas quedan relegadas a un segundo plano, tanto las vegetales, como las animales y humanas.

Es hora de grandes cambios, de una mirada holística de la naturaleza, donde solo cabe la vida y la protección. En Azada Verde estamos en ello, ¿te sumas al cambio?

El confinamiento amenaza aún más a la frágil economía de Mozambique

Si los ciclones que azotaron Mozambique el año pasado afectaron gravemente a la la economía del país, este año llega la Covid-19 para asestar el golpe definitivo, con un confinamiento que causará estragos sin compasión.

Desde el 1 de abril, Filipe Nyusi, presidente de Mozambique, decretó una cuarentena de 30 días, restringiendo los actos públicos. Ahora esta se acaba de extender otros 30 días y el encierro se alargará hasta el próximo 30 de mayo.

Más de la mitad de los países africanos que se encuentran en cuarentena han visto imposibilitada la actividad económica en los mercados y la distribución de ayudas alimentarias en las zonas rurales.

Tan solo entre los países de África del sur, entre los cuales se encuentra Mozambique, hay 15,6 millones de personas sufriendo de inseguridad alimentaria y careciendo además de la infraestructura necesaria para soportar los resultados del calentamiento global.

Con la llegada de la Covid-19 a África se calcula que habrá unos siete millones de embarazos indeseados en las comunidades de bajos recursos debido a los nulos servicios de planificación familiar, lo que causaría una aún mayor inseguridad alimentaria para todos estos niños que nacerán a finales de este 2020.

Economía: un paso atrás

Mozambique ya dio un paso atrás con el crecimiento de su economía, pasando de un 4% a un 2,2% este año debido al coronavirus, y se prevé que el Producto Interno Bruto caiga un 10%.

La agricultura, el transporte, la manufactura, la comunicación y sobre todo la minería son solo algunos de los sectores que han quedado varados por la pandemia.

Por otro lado, el gobierno de Mozambique está tomando medidas para aliviar la crisis en el sector de la salud y ayudando a los micro, pequeños y medianos negocios.

Como Mozambique carga con una deuda del 108,8% de PIB, el Fondo Monetario Internacional aprobó la semana pasada un desembolso de 309 millones de dólares para amortiguar el efecto del coronavirus.

Poco a poco se van viendo los efectos que al final tendrá la pandemia en todo el mundo y que sin duda dejará una huella más grande en África y Mozambique.

Aunque ayuda y solidaridad hay, es primordial seguir tomando acción porque el mundo no se mueve solo, lo movemos todos.

A veces parece que no hay fronteras, que se borran entre migraciones, que los problemas son los mismos: una tierra que no produce (o produce muy poco), pobreza, una sanidad precaria… La historia de Zimbabue es un desastre anunciado.

Por eso en Mangunde, Mozambique, donde trabajamos, las noticias que llegan desde Zimbabue, su vecino tan cercano, se escuchan como si fueran propias.

Antes del virus que luego se transformaría en pandemia, el Zimbabue de 2020 ya se preveía con tintes de desastre.

A la escasez de alimentos, gas, agua potable y electricidad, ahora se suma una epidemia que hasta el momento solo alcanzó a 32 personas y provocó la muerte de cuatro de ellas, pero eso es solo lo que el sistema sanitario ha podido detectar.

Puede que los números no parezcan tan alarmantes si comparas con Europa o Estados Unidos. Lo que sucede con países como Zimbabue o Mozambique es que apenas se hacen tests y la situación puede cambiar rápidamente, y casi siempre para mal.

Preocupa más el hambre

Sequías intensas, ciclones, inundaciones… Sumadas a una extendida recesión económica y bajos índices de productividad agrícola, han dejado a más de la mitad de la población, de alrededor 16 millones de habitantes, en la inseguridad alimentaria y necesitada de asistencia humanitaria.

La crisis ha trascendido el contexto rural, históricamente desfavorecido, y ha alcanzado a unos 3 millones de habitantes en las ciudades, según Eddie Rowe, director del Programa Mundial de Alimentos en Zimbabue.

El impacto de la pandemia sobre la débil economía, donde prima el trabajo informal, está siendo devastador.

Mientras las exportaciones de productos como el tabaco, que aseguran gran parte de los ingresos del país, ya se han visto afectadas, se dificulta la importación de los alimentos necesarios.

Obtener productos básicos como azúcar o aceite para cocinar se ha vuelto cada más difícil a causa de la inflación, que en febrero alcanzó el 500%.

Panorama pesimista

Quizás lo más desalentador es que nada indica una mejoría en los próximos meses.

Según los expertos, las cosechas este año serán peores que en 2019, cuando se cubrieron menos de la mitad de las necesidades en el país, azotadas por intensos periodos de sequía y dependiente de las cada vez más impredecibles precipitaciones.

El agua subterránea apenas es una opción para el riego desde que en 2016 se secaran miles de pozos.

Además de la previsión de otra desafiante temporada seca, el acceso a semillas de calidad, fertilizantes, medicamentos veterinarios y otros insumos, que ya escaseaban por la crisis económica del país, será aún más limitado en las actuales condiciones de pandemia.

En total, la ONU ha solicitado 715 millones de dólares para atender las necesidades humanitarias de Zimbabue en 2020.

Al borde del abismo

La Covid-19 nos ha puesto a prueba a todos. Para muchos países el reto será sobrevivir a esta etapa para luego mirar con detenimiento cómo no estar constantemente al borde del abismo.

Desde su independencia en 1980, Zimbabue ha impulsado una serie de políticas para reestructurar el sector agrícola. Aunque dichas políticas no dieron los resultados esperados.

Las trabas parecen ser las mismas ya sea si se trata de un intento de diversificación productiva y aumento de exportaciones con la liberalización del mercado, o de una redistribución de las tierras, antiguamente concentradas en manos de un reducido número de granjeros.

Los altos costos de la producción, difícil de solventar para agricultores de subsistencia sin apoyo crediticio, la falta de tecnologías idóneas y un deficiente asesoramiento agrícola, siguen limitando el rendimiento productivo en suelos ya azotados por condiciones climáticas extremas.

Una política agrícola

La ayuda humanitaria es necesaria para mitigar el desastre, pero luego habrá que idear una política de gestión agrícola que piense en términos de adaptación y soberanía, que cierre las brechas de acceso y garantice la sostenibilidad de los recursos: energía, agua, suelo, semillas…

Que las noticias de mañana puedan ser peores y la incertidumbre haya protagonizado estos tres meses, es la realidad cotidiana de millones de personas en países como Zimbabue o Mozambique.

La Covid-19 es una lupa sobre las brechas globales, aunque algunas siempre han sido evidentes

Ayuda en la lucha contra su propagación y consecuencias en azadaverde.org/coronavirus.

José con sus niños de Escolas de Paz

El primer caso confirmado de Covid-19 en Sudáfrica fue anunciado el 5 de marzo de 2020. Un hombre de 28 años que había viajado a Italia junto a su mujer. Diez días después se declaró el estado nacional de desastre: medidas restrictivas en los viajes, cierre de colegios y posteriormente el bloqueo nacional.

Sudáfrica y Egipto son los países a la cabeza en número de contagios, con 4.361 casos confirmados en Sudáfrica a 26 de abril de 2020. Las cifras mucho más bajas de otros países del continente se miran con recelo, dada la baja capacidad de estos para la detección de casos.

Sudáfrica se encuentra entre los tres primeros países con más Producto Interior Bruto del continente africano. Fronterizo a este encontramos Namibia, Botsuana, Zimbabue y Mozambique. Países con un nivel de pobreza y desigualdad muy superiores.

A los actores y organizaciones principales que trabajamos en estos países nos preocupa el ascenso de contagios en estas zonas, con poca capacidad de realizar test masivos, una población viviendo en la pobreza extrema y un sistema sanitario precario. Las perspectivas no son buenas.

Impacto de las medidas

Sudáfrica ya ha anunciado la relajación de las medidas restrictivas a partir del 1 de mayo por una razón clara y principal: el aumento de la pobreza en los hogares y la necesidad de la reactivación de la economía.

Mujeres agricultoras del medio rural mozambiqueño

En otros países de África, los más pobres, se habla de “salvar vidas o modos de vida”, apuntando al escenario de que salvar a la población del Covid-19 abre la posibilidad de verlos morir de hambre.

Informes señalan la posibilidad de que un mayor número de personas muera a causa del impacto económico que a causa del virus en sí.

Las dificultades de control de propagación y un sistema inestable dificultan la superación del Covid-19 en muchos países de África, sin agua corriente para poder aplicar las medidas de higiene, con un confinamiento que podría llevar al desastre y un sistema sanitario sin apenas camas de UCI.

Por ello, nosotros creemos en la necesidad de colaborar en la promoción y empoderamiento de países como Mozambique, para que se pueda reforzar su sistema, la economía de sus hogares, y para que el futuro les depare más posibilidades de gestionar situaciones de emergencia.

Todo ello, a través de la educación, el acceso al agua y la soberanía alimentaria.

Cómo el coronavirus afectará a la economía de África

Mientras el COVID-19 avanza (2 millones de afectados en todo el mundo y casi 19.000 en África), la economía cae y retrocede, desembocando en una segura e inevitable recesión mundial. El presidente de la OMS ha dicho que África debe prepararse para lo peor: la hambruna y la desnutrición.

Muchas familias viven del día a día y son familias grandes, hablamos de más de una docena de personas por unidad familiar.

Más del 80% de la población africana se sustenta diariamente con el trabajo ‘informal’, los empleos que no están regulados por el gobierno, que no cuentan con seguridad social, con salarios bajos e incluso trabajo infantil.

La economía sumergida representa aproximadamente el 41% del PIB y el 72% del empleo total de la África subsahariana.

Frente al Covid-19

256 millones de personas en el continente africano (de un total de unos 1.250, o sea 1 de cada 5 africanos) pasan hambre, según el último informe de la ONU. Esto significa que el 20% de la población africana es ya de entrada muy vulnerable al Covid-19.

Para garantizar la alimentación de personas sin recursos en Namibia, Botsuana y Angola, el Programa Mundial de Alimentos había gestionado 413 millones de euros para estos próximos 3 meses.

Bici bomba Agua Azada Verde

Ruanda reparte alimento entre los más necesitados, aunque tiene sus propias dudas sobre la sostenibilidad de este desafío.

Uno de los efectos de la recesión son los bajos precios del petróleo que afectan a países como Mozambique, Argelia, Nigeria o Angola, que han registrado pérdidas de aproximadamente 65 millones de dólares por esta razón.

En contraste…

En algunos de los países menos pobres se han decretado cuarentenas obligatorias y han tratado de disminuir la magnitud de la recesión económica liberando grandes cantidades de dinero, mientras en África subsahariana la economía, endeble y endeudada, ni siquiera da para ello.

Varios países han implementado el cierre de fronteras, sin embargo, si esta acción se gestiona indebidamente podría afectar a la seguridad alimentaria de varios países.

De acuerdo con el subdirector de la FAO, la mayor parte de los países africanos consume al menos un producto calórico que proviene de otro país, dependiendo así del comercio exterior de productos como café, cacao, aceite… y afectando directamente a su economía.

La realidad de Mozambique

Lamentablemente para Mozambique, que había incrementado su crecimiento económico de 1994 al 2014 en un 6%, la pandemia significa un frenazo inasumible.

Maputo, la capital, lleva una ventaja en comparación con los demás estados de Mozambique: concentra más de un tercio del PIB del país.

La agricultura de Mozambique da de comer al 80% de la población activa, con el maíz, el arroz o los frijoles, entre sus principales alimentos producidos.

Una desventaja en la que se encuentra la agricultura mozambiqueña es la falta de almacenamiento, manipulación y procesado, que ocasiona una pérdida aproximada del 30% de las cosechas.

En definitiva, Mozambique se encuentra en gran desventaja, por lo que es fundamental actuar de forma inmediata.

Como sabes, en Azada Verde potenciamos y apostamos por una soberanía alimentaria que empodere la capacidad agricultora de la población rural del centro de Mozambique, y tú puedes aportar tu granito de arena, evitando así que el coronavirus acabe causando hambruna y desnutrición.

 

Hugo Coll con parte del personal sanitario de la misión de Barada

Desde el inicio de la pandemia por coronavirus, son muchas las muestras de agradecimiento y apoyo que ha recibido el personal sanitario por ser ell@s los pilares de nuestra sanidad y porque forman la primera línea de defensa en la batalla contra el Covid-19.

Por su sacrificio, por su compromiso incondicional, por su vocación y sus valores… el agradecimiento y el respeto es unánime. Nos da mucha tranquilidad saber que podemos contar con ellos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha querido resaltar este año el importante trabajo que realizan los profesionales de la enfermería y partería, aportando junto con las organizaciones asociadas, informes que manifiestan la falta del apoyo necesario para salvaguardar la salud del mundo.

Personal sanitario de la misión de Barada en el centro de salud

A pesar de que actualmente contamos con alrededor de 28 millones de profesionales entre el personal sanitario de todo el mundo, sigue habiendo un déficit mundial de 5,9 millones de profesionales, y la mayoría en países de África, sudeste asiático, zonas del Mediterráneo Oriental y partes de América Latina.

El informe presentado por la OMS, el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) y la campaña Nursing Now, pone de relieve que el 80% del personal de enfermería del mundo trabaja solo para la mitad de la población mundial, porque uno de cada ocho de estos profesionales ejerce en un país distinto al país en el que nació o se formó.

¿Qué quiere decir esto? Que los países menos desarrollados, como Mozambique, donde trabajamos, no cuentan con los servicios esenciales. Entonces ¿cómo van a combatir el Covid-19, además de la malaria, el VIH, etc? No pueden.

Fuga de cerebros

Es preocupante y nos lleva a reflexiones como el artículo que publica el periódico británico Financial Times sobre los médicos de África que salvan vidas británicas.

La periodista de origen sudanés, Zeinab Badawi, recuerda, a raíz de la muerte de su primo, Adil El Tayar, el primer médico muerto en Gran Bretaña por Covid-19, el problema que tienen los países menos acomodados con la fuga de cerebros en su sanidad.

Plantea cuestiones que no tienen respuesta fácil: si es justo que los médicos que han estudiado en países como Sudán a un costo elevado, terminen trabajando permanentemente en países más ricos, y qué recompensa puede haber para sus países de origen.

Añade que el Reino Unido emplea a más de 66.000 médicos principalmente de países de ingresos bajos y medianos además de reclutar activamente personal de enfermería.

Podríamos pensar que la solución sería volver a su país de origen, pero no es ese el remedio. En un mundo globalizado hay muchas opciones y los profesionales importados sirven a las comunidades donde ejercen, independientemente de la etnia, el color o la fe de sus pacientes.

Situación del personal clínico

Lo que reclama la periodista es más implicación por parte de los gobiernos y más empatía con los países más vulnerables. La justificada preocupación por la pandemia en nuestros países no debe hacernos más introvertidos y solitarios. Más allá de nuestro territorio hay personas que nos necesitan.

Si atendemos al informe final SARA (Service Availability and Readiness Assessment), realizado por el Instituto Nacional de Salud de Mozambique en colaboración con la OMS y el gobierno de Canadá, podemos observar con claridad la falta de profesionales sanitarios, a nivel general y no solo de enfermería, en todo el territorio nacional.

Nuestros voluntarios Hugo y María con el doctor encargado de nuestras Escolas de Paz

La proporción de profesionales de la salud es de 6 por cada 10.000 habitantes. Ni qué decir tiene la elevada carga de trabajo de estos.

La correspondencia con respecto a la población es baja teniendo en cuenta el valor de referencia establecido por la OMS, y la falta de infraestructuras sorprende aún más.

La infraestructura mozambiqueña

El promedio de centros sanitarios es de 0,57 (menos de uno) por cada 10.000 habitantes, con desequilibrios territoriales y sociales y sin tener en cuenta los indicadores de acceso (las barreras geográficas, tiempo de viaje y comportamiento de las personas, entre otros).

En los centros hospitalarios, la proporción de camas es de 5 por cada 10.000 habitantes, y la proporción de camas de maternidad es de 5 por cada 1.000 mujeres embarazadas.

Del total de unidades sanitarias contabilizadas (1.651 registradas en la base de datos del sector público), llaman la atención los porcentajes de centros sin servicios básicos como electricidad o agua:

  • el 19% no tienen electricidad 
  • el 12% no tienen agua dentro o en las instalaciones 
  • el 45% no tienen baños para los trabajadores 
  • el 17% no tienen baños para los pacientes

Estadísticas desalentadores y datos poco esperanzadores para los habitantes de este país, especialmente para las familias que viven en el medio rural. Enfrentarse así a una emergencia sanitaria que desencadena una emergencia alimentaria y económica es impensable.

¡Apoya nuestras acciones contra el Covid-19 y la emergencia alimentaria! Aseguras la supervivencia de estas familias.