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Hugo Coll con parte del personal sanitario de la misión de Barada

La fuga de personal sanitario, vía libre para el Covid-19 en Mozambique abril 15, 2020

Desde el inicio de la pandemia por coronavirus, son muchas las muestras de agradecimiento y apoyo que ha recibido el personal sanitario por ser ell@s los pilares de nuestra sanidad y porque forman la primera línea de defensa en la batalla contra el Covid-19.

Por su sacrificio, por su compromiso incondicional, por su vocación y sus valores… el agradecimiento y el respeto es unánime. Nos da mucha tranquilidad saber que podemos contar con ellos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha querido resaltar este año el importante trabajo que realizan los profesionales de la enfermería y partería, aportando junto con las organizaciones asociadas, informes que manifiestan la falta del apoyo necesario para salvaguardar la salud del mundo.

Personal sanitario de la misión de Barada en el centro de salud

A pesar de que actualmente contamos con alrededor de 28 millones de profesionales entre el personal sanitario de todo el mundo, sigue habiendo un déficit mundial de 5,9 millones de profesionales, y la mayoría en países de África, sudeste asiático, zonas del Mediterráneo Oriental y partes de América Latina.

El informe presentado por la OMS, el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) y la campaña Nursing Now, pone de relieve que el 80% del personal de enfermería del mundo trabaja solo para la mitad de la población mundial, porque uno de cada ocho de estos profesionales ejerce en un país distinto al país en el que nació o se formó.

¿Qué quiere decir esto? Que los países menos desarrollados, como Mozambique, donde trabajamos, no cuentan con los servicios esenciales. Entonces ¿cómo van a combatir el Covid-19, además de la malaria, el VIH, etc? No pueden.

Fuga de cerebros

Es preocupante y nos lleva a reflexiones como el artículo que publica el periódico británico Financial Times sobre los médicos de África que salvan vidas británicas.

La periodista de origen sudanés, Zeinab Badawi, recuerda, a raíz de la muerte de su primo, Adil El Tayar, el primer médico muerto en Gran Bretaña por Covid-19, el problema que tienen los países menos acomodados con la fuga de cerebros en su sanidad.

Plantea cuestiones que no tienen respuesta fácil: si es justo que los médicos que han estudiado en países como Sudán a un costo elevado, terminen trabajando permanentemente en países más ricos, y qué recompensa puede haber para sus países de origen.

Añade que el Reino Unido emplea a más de 66.000 médicos principalmente de países de ingresos bajos y medianos además de reclutar activamente personal de enfermería.

Podríamos pensar que la solución sería volver a su país de origen, pero no es ese el remedio. En un mundo globalizado hay muchas opciones y los profesionales importados sirven a las comunidades donde ejercen, independientemente de la etnia, el color o la fe de sus pacientes.

Situación del personal clínico

Lo que reclama la periodista es más implicación por parte de los gobiernos y más empatía con los países más vulnerables. La justificada preocupación por la pandemia en nuestros países no debe hacernos más introvertidos y solitarios. Más allá de nuestro territorio hay personas que nos necesitan.

Si atendemos al informe final SARA (Service Availability and Readiness Assessment), realizado por el Instituto Nacional de Salud de Mozambique en colaboración con la OMS y el gobierno de Canadá, podemos observar con claridad la falta de profesionales sanitarios, a nivel general y no solo de enfermería, en todo el territorio nacional.

Nuestros voluntarios Hugo y María con el doctor encargado de nuestras Escolas de Paz

La proporción de profesionales de la salud es de 6 por cada 10.000 habitantes. Ni qué decir tiene la elevada carga de trabajo de estos.

La correspondencia con respecto a la población es baja teniendo en cuenta el valor de referencia establecido por la OMS, y la falta de infraestructuras sorprende aún más.

La infraestructura mozambiqueña

El promedio de centros sanitarios es de 0,57 (menos de uno) por cada 10.000 habitantes, con desequilibrios territoriales y sociales y sin tener en cuenta los indicadores de acceso (las barreras geográficas, tiempo de viaje y comportamiento de las personas, entre otros).

En los centros hospitalarios, la proporción de camas es de 5 por cada 10.000 habitantes, y la proporción de camas de maternidad es de 5 por cada 1.000 mujeres embarazadas.

Del total de unidades sanitarias contabilizadas (1.651 registradas en la base de datos del sector público), llaman la atención los porcentajes de centros sin servicios básicos como electricidad o agua:

  • el 19% no tienen electricidad 
  • el 12% no tienen agua dentro o en las instalaciones 
  • el 45% no tienen baños para los trabajadores 
  • el 17% no tienen baños para los pacientes

Estadísticas desalentadores y datos poco esperanzadores para los habitantes de este país, especialmente para las familias que viven en el medio rural. Enfrentarse así a una emergencia sanitaria que desencadena una emergencia alimentaria y económica es impensable.

¡Apoya nuestras acciones contra el Covid-19 y la emergencia alimentaria! Aseguras la supervivencia de estas familias.

Andrea Mira

Storyteller de Azada Verde

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