Entradas

Rosa José cultiva su machamba protegida con su mascarilla contra el coronavirus en Mozambique

Las cifras del coronavirus en Mozambique no dan tregua: 1.219 casos detectados, 369 recuperados y 9 fallecimientos. A pesar del lento crecimiento de las infecciones, 22 en las últimas 24 horas, la curva de la enfermedad no parece que vaya a decrecer en fechas próximas. Coronavirus en Mozambique Las autoridades sanitarias mozambiqueñas anunciaron a principios […]

Sistemas Alimentarios Locales Sostenibles

Recientemente, la pandemia de coronavirus ha probado la capacidad que tienen nuestros sistemas alimentarios, mayoritariamente industrializados, para proporcionarnos los alimentos necesarios durante una emergencia. Se han enfrentado a diversos obstáculos como la parálisis de las actividades económicas, alteraciones en las cadenas de transporte, problemas con la importación y la exportación, suministro controlado de mano de […]

Los débiles sistemas sanitarios africanos apenas podrían frenar y luchar contra la Covid-19

La poca capacidad de reacción ante la Covid-19 pone de manifiesto las debilidades de los sistemas sanitarios en África con infraestructuras insuficientes y poco equipadas y falta de recursos humanos especializados. Estamos a principios de junio y África ya pasa de 150.000 casos de Covid-19 confirmados, con más de 4.230 fallecidos. Si bien estos números […]

La COVID-19 y el Plan Global de Respuesta Humanitaria ante la pandemia

La ONU amplía su Plan Global de Respuesta Humanitaria ante la pandemia de la COVID-19. 6.700 millones de dólares. Este es el presupuesto actualizado que Naciones Unidas ha propuesto para frenar la expansión de la COVID-19 en algunos países de América del Sur, Oriente Medio, África y Asia. Escasos han quedado los 2.000 millones iniciales con […]

Claves para erradicar la inseguridad alimentaria

Desde 2015, uno de los objetivos de la comunidad global para el desarrollo sostenible es erradicar la inseguridad alimentaria para antes de 2030. ¿Es esto factible a día de hoy? Te contamos las claves según los expertos.

Mejorar la vida de millones de personas vulnerables que vieron alterada su vida por los conflictos, fenómenos climáticos extremos y otros desastres, es necesario para evitar la emigración involuntaria, terminar con la violencia y garantizar los derechos fundamentales.

Inevitablemente las restricciones mundiales de circulación y los muros comerciales, por el control de la pandemia de coronavirus, ha desatado el pánico. La cadena de suministros de alimentos se vio afectada, las exportaciones y las importaciones se alteraron, aumentó la demanda y los precios incrementaron.

Muchos trabajadores agrícolas migrantes se vieron confinados mientras que los alimentos no cosechados, por la falta de mano de obra, se pudrían en los campos.

El trigo y el arroz, alimentos básicos, han subido entre de un 8% y un 25% respectivamente. En Nigeria, por ejemplo, el precio del arroz aumentó un 30% a finales de marzo.

Las personas perjudicadas tienen que pedir comida, se mal alimentan o simplemente no comen. En los países más pobres el resultado es devastador: aproximadamente 2.000 millones de personas están en riesgo de pobreza extrema.

1. Menos aranceles

Para Máximo Torero, economista jefe de la ONU para la Alimentación y la Agricultura en Roma, eliminar las barreras comerciales tanto para importar como para exportar “sería una solución”.

Suprimir los impuestos y bajar los aranceles de importación puede activar los envíos mundiales, siempre tomando las precauciones necesarias para la seguridad de los trabajadores y el transporte seguro de la mercancía.

El economista apuesta también por el comercio regional y/o entre países colindantes. Sobre todo que los gobiernos trabajen en equipo y den una rápida respuesta llevando los alimentos de donde se producen a donde más se necesitan.

Es importante lograr un equilibrio entre mantener el flujo de alimentos y proteger la salud pública, reduciendo la incertidumbre con mayor transparencia sobre los datos de las existencias disponibles y evitar que los ciudadanos prefieran la muerte antes que la depresión económica que surge por contener el virus.

2. Más ayudas

La clave para Abhijit Banerjee, profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts y ganador del Premio Nobel de Economía 2019, sería no abandonar ni reducir los programas de ayuda que hasta ahora impulsaban la trayectoria de miles de familias, de lo contrario caerían en la pobreza y es posible que no salieran de ella.

Con todos los países afectados, se tiende a limitar la ayuda que las poblaciones en desarrollo necesitan pero para evitar la devastación en grandes proporciones, los países deben gastar más.

Las economías se recuperaron de crisis anteriores porque los gobiernos intervinieron con grandes paquetes de gastos como el Plan Marshall.

De lo contrario, podría formarse un problema cíclico como comenta Natalia Linos, directora ejecutiva del Centro François-Xavier Bagnoud de Salud y Derechos Humanos de la Universidad de Harvard: la mala alimentación provoca enfermedades y estas conducen a la pobreza y a la inseguridad alimentaria.

Con la Covid-19, la gente con menos recursos se expone más al virus porque no puede abastecerse de comida, tienen que salir con mayor frecuencia a buscar alimentos y si trabajan no pueden hacerlo desde casa.

La OMS recomienda garantizar la atención sanitaria básica para atender la desnutrición y emplear mecanismos de detección en los hogares con inseguridad alimentaria.

Si la evidencia epidemiológica obliga a mantener las restricciones se deben tomar medidas adecuadas para aliviar el hambre como resultado de estas.

3. Agroecología innovadora

Otra idea que está funcionando actualmente según la Dra. Shailaja Fennell, profesora titular de la Universidad de Cambridge, es la creación de un nuevo modelo de distribución donde los agricultores lleven sus propios productos a los hogares locales.

Beatrize con su hija y nieta, 3 generaciones de agricultoras mozambiqueñas

La agricultura es su medio de vida

La agricultura es la principal fuente de sustento para el 86% de la población rural del mundo y es clave en el desarrollo internacional. La solución para la gestión de la inseguridad alimentaria consiste en la capacidad de las comunidades para emprender prácticas agroecológicas locales innovadoras.

Así como otras iniciativas que enfatizan la importancia de la creatividad en la preparación de los alimentos, el cambio de las recetas para utilizar productos de temporada y lo que queda en el armario, tanto en los países acomodados como en vía de desarrollo.

El ejemplo de Mozambique

En Mozambique los ciclones del año pasado destruyeron las plantaciones y los precios de los alimentos subieron, agravando una crisis alimentaria en curso y más de 67.000 niños menores de cinco años sufrieron desnutrición severa y el 42,6% tuvo problemas de crecimiento.

Los hogares más vulnerables se vieron obligados a reducir la frecuencia y la cantidad de las comidas, recurrieron a alimentos más baratos y/o a alimentos silvestres, menos deseados y menos recomendados. ¿Sería posible prevenir y aliviar estos impactos negativos?

Está claro que lidiar con una emergencia sanitaria y con la inseguridad alimentaria que amenaza la vida de millones de personas no es fácil, pero con la cooperación, la voluntad y el buen hacer de personas como tú y muchos otros podemos conseguirlo.

¡Apuesta por un futuro fuerte y súmate al cambio!

La pandemia de la Covid-19 llegó a Chibabava

En las últimas décadas el consumismo propiciado por los estados y el sistema económico liberal actual ha propiciado un obsceno abuso de los recursos provocando contaminación, deforestación y vidas precarizadas. Entonces, ¿quién es el verdadero culpable de esta pandemia?

Las extinciones masivas y el comercio ilegal de especies favorece el salto de patógenos, antes contenidos en los ecosistemas, a los humanos: el 75% de las nuevas enfermedades humanas en los últimos 40 años tienen origen animal.

De esa forma, los virus que están presentes en los cuerpos de animales pasan con facilidad a cuerpos humanos. Algunas de las epidemias más graves de los últimos años han llegado así. La gripe A de 2009, el MERS de 2012 o el SARS de 2002.

Un análisis realizado por 500 científicos calcula que el 75% de la superficie terrestre se ha visto ya alterada por la actividad humana. El ritmo de deforestación planetaria por ejemplo, aunque se ha ralentizado algo, fue de 26 millones de hectáreas en 2018.

Deforestación=Contagios

Esa purga de nuestros bosques reduce los ecosistemas de los animales salvajes, que se acercan a las zonas pobladas, estas interacciones entre humanos y especies salvajes promueven los contagios zoonóticos (de animales a humanos).

Investigadores explican que cuando se destruye un ecosistema se rompe una serie de equilibrios que actúan para contener los agentes infecciosos responsables de enfermedades.

Entrega de semillas en Estaquinha para los beneficiarios de bici-bombas

Toda esa alteración ha derivado en la devastación de la biodiversidad. Se estima que cada día estamos perdiendo 137 especies de plantas y animales (incluidos insectos) debido a la deforestación de las selvas, lo que supone ¡50.000 especies anuales!

Este efecto hace que, en un ecosistema donde existen muchas especies susceptibles de alojar un virus concreto, la prevalencia de que la infección se dé en una especie en particular disminuye por la existencia de variedades de animales a las que el virus puede infectar.

En este caso, el patógeno puede acabar en un animal no vulnerable, deteniendo el ciclo.

Cerco a la propagación

Además, los depredadores de un hábitat sano controlan las poblaciones que albergan y transmiten el patógeno, reduciendo las posibilidades de que este circule.

Todo esto diluye la enfermedad entre muchas especies, llegando a especies que no la transmiten y a otras acotadas por depredadores, impidiendo así la expansión de los patógenos.

Las investigaciones han observado que las especies que actúan como depósitos de virus sobreviven cuando hay una pérdida de biodiversidad, estas tienen un ciclo vital acelerado (se multiplican rápido) y aguantan los cambios, a diferencia de los que tienen ciclos de vida más lentos o los depredadores, que desaparecen.

El comercio ilegal de especies salvajes promueve el paso de los virus hacia los núcleos poblacionales. En el caso del comercio ilegal, las barreras y controles sanitarios son mínimos, dificultando la detección de potenciales víricos y dejando así vía libre a los contagios entre especies.

Entrega de semillas en Estaquinha para los beneficiarios de bici-bombas

En diversos casos, el hacinamiento de las especies salvajes en el transporte o “almacenamiento” de estas especies promueve los contagios entre estas, aumentando las posibilidades de que el patógeno llegue a los humanos.

La vida en el centro

Nuestra ONG amiga, Ecologistas en Acción, lanza este claro mensaje: “Un ecosistema sano supone una barrera natural de control de patógenos y su destrucción nos expone a peligros inciertos”.

Para reducir estos efectos es necesaria implicación, una gestión adecuada de la tierra y los cultivos, disminuir la deforestación y poner en el centro el cuidado y respeto de las especies, erradicando el comercio ilegal y la destrucción de los ecosistemas.

Es necesario poner la vida en el centro en un sistema donde se prima el desarrollo económico y se descuidan los seres vivos y los ecosistemas. En estos sistemas las vidas quedan relegadas a un segundo plano, tanto las vegetales, como las animales y humanas.

Es hora de grandes cambios, de una mirada holística de la naturaleza, donde solo cabe la vida y la protección. En Azada Verde estamos en ello, ¿te sumas al cambio?

El confinamiento amenaza aún más a la frágil economía de Mozambique

Si los ciclones que azotaron Mozambique el año pasado afectaron gravemente a la la economía del país, este año llega la Covid-19 para asestar el golpe definitivo, con un confinamiento que causará estragos sin compasión.

Desde el 1 de abril, Filipe Nyusi, presidente de Mozambique, decretó una cuarentena de 30 días, restringiendo los actos públicos. Ahora esta se acaba de extender otros 30 días y el encierro se alargará hasta el próximo 30 de mayo.

Más de la mitad de los países africanos que se encuentran en cuarentena han visto imposibilitada la actividad económica en los mercados y la distribución de ayudas alimentarias en las zonas rurales.

Tan solo entre los países de África del sur, entre los cuales se encuentra Mozambique, hay 15,6 millones de personas sufriendo de inseguridad alimentaria y careciendo además de la infraestructura necesaria para soportar los resultados del calentamiento global.

Con la llegada de la Covid-19 a África se calcula que habrá unos siete millones de embarazos indeseados en las comunidades de bajos recursos debido a los nulos servicios de planificación familiar, lo que causaría una aún mayor inseguridad alimentaria para todos estos niños que nacerán a finales de este 2020.

Economía: un paso atrás

Mozambique ya dio un paso atrás con el crecimiento de su economía, pasando de un 4% a un 2,2% este año debido al coronavirus, y se prevé que el Producto Interno Bruto caiga un 10%.

La agricultura, el transporte, la manufactura, la comunicación y sobre todo la minería son solo algunos de los sectores que han quedado varados por la pandemia.

Por otro lado, el gobierno de Mozambique está tomando medidas para aliviar la crisis en el sector de la salud y ayudando a los micro, pequeños y medianos negocios.

Como Mozambique carga con una deuda del 108,8% de PIB, el Fondo Monetario Internacional aprobó la semana pasada un desembolso de 309 millones de dólares para amortiguar el efecto del coronavirus.

Poco a poco se van viendo los efectos que al final tendrá la pandemia en todo el mundo y que sin duda dejará una huella más grande en África y Mozambique.

Aunque ayuda y solidaridad hay, es primordial seguir tomando acción porque el mundo no se mueve solo, lo movemos todos.

A veces parece que no hay fronteras, que se borran entre migraciones, que los problemas son los mismos: una tierra que no produce (o produce muy poco), pobreza, una sanidad precaria… La historia de Zimbabue es un desastre anunciado.

Por eso en Mangunde, Mozambique, donde trabajamos, las noticias que llegan desde Zimbabue, su vecino tan cercano, se escuchan como si fueran propias.

Antes del virus que luego se transformaría en pandemia, el Zimbabue de 2020 ya se preveía con tintes de desastre.

A la escasez de alimentos, gas, agua potable y electricidad, ahora se suma una epidemia que hasta el momento solo alcanzó a 32 personas y provocó la muerte de cuatro de ellas, pero eso es solo lo que el sistema sanitario ha podido detectar.

Puede que los números no parezcan tan alarmantes si comparas con Europa o Estados Unidos. Lo que sucede con países como Zimbabue o Mozambique es que apenas se hacen tests y la situación puede cambiar rápidamente, y casi siempre para mal.

Preocupa más el hambre

Sequías intensas, ciclones, inundaciones… Sumadas a una extendida recesión económica y bajos índices de productividad agrícola, han dejado a más de la mitad de la población, de alrededor 16 millones de habitantes, en la inseguridad alimentaria y necesitada de asistencia humanitaria.

La crisis ha trascendido el contexto rural, históricamente desfavorecido, y ha alcanzado a unos 3 millones de habitantes en las ciudades, según Eddie Rowe, director del Programa Mundial de Alimentos en Zimbabue.

El impacto de la pandemia sobre la débil economía, donde prima el trabajo informal, está siendo devastador.

Mientras las exportaciones de productos como el tabaco, que aseguran gran parte de los ingresos del país, ya se han visto afectadas, se dificulta la importación de los alimentos necesarios.

Obtener productos básicos como azúcar o aceite para cocinar se ha vuelto cada más difícil a causa de la inflación, que en febrero alcanzó el 500%.

Panorama pesimista

Quizás lo más desalentador es que nada indica una mejoría en los próximos meses.

Según los expertos, las cosechas este año serán peores que en 2019, cuando se cubrieron menos de la mitad de las necesidades en el país, azotadas por intensos periodos de sequía y dependiente de las cada vez más impredecibles precipitaciones.

El agua subterránea apenas es una opción para el riego desde que en 2016 se secaran miles de pozos.

Además de la previsión de otra desafiante temporada seca, el acceso a semillas de calidad, fertilizantes, medicamentos veterinarios y otros insumos, que ya escaseaban por la crisis económica del país, será aún más limitado en las actuales condiciones de pandemia.

En total, la ONU ha solicitado 715 millones de dólares para atender las necesidades humanitarias de Zimbabue en 2020.

Al borde del abismo

La Covid-19 nos ha puesto a prueba a todos. Para muchos países el reto será sobrevivir a esta etapa para luego mirar con detenimiento cómo no estar constantemente al borde del abismo.

Desde su independencia en 1980, Zimbabue ha impulsado una serie de políticas para reestructurar el sector agrícola. Aunque dichas políticas no dieron los resultados esperados.

Las trabas parecen ser las mismas ya sea si se trata de un intento de diversificación productiva y aumento de exportaciones con la liberalización del mercado, o de una redistribución de las tierras, antiguamente concentradas en manos de un reducido número de granjeros.

Los altos costos de la producción, difícil de solventar para agricultores de subsistencia sin apoyo crediticio, la falta de tecnologías idóneas y un deficiente asesoramiento agrícola, siguen limitando el rendimiento productivo en suelos ya azotados por condiciones climáticas extremas.

Una política agrícola

La ayuda humanitaria es necesaria para mitigar el desastre, pero luego habrá que idear una política de gestión agrícola que piense en términos de adaptación y soberanía, que cierre las brechas de acceso y garantice la sostenibilidad de los recursos: energía, agua, suelo, semillas…

Que las noticias de mañana puedan ser peores y la incertidumbre haya protagonizado estos tres meses, es la realidad cotidiana de millones de personas en países como Zimbabue o Mozambique.

La Covid-19 es una lupa sobre las brechas globales, aunque algunas siempre han sido evidentes

Ayuda en la lucha contra su propagación y consecuencias en azadaverde.org/coronavirus.

José con sus niños de Escolas de Paz

El primer caso confirmado de Covid-19 en Sudáfrica fue anunciado el 5 de marzo de 2020. Un hombre de 28 años que había viajado a Italia junto a su mujer. Diez días después se declaró el estado nacional de desastre: medidas restrictivas en los viajes, cierre de colegios y posteriormente el bloqueo nacional.

Sudáfrica y Egipto son los países a la cabeza en número de contagios, con 4.361 casos confirmados en Sudáfrica a 26 de abril de 2020. Las cifras mucho más bajas de otros países del continente se miran con recelo, dada la baja capacidad de estos para la detección de casos.

Sudáfrica se encuentra entre los tres primeros países con más Producto Interior Bruto del continente africano. Fronterizo a este encontramos Namibia, Botsuana, Zimbabue y Mozambique. Países con un nivel de pobreza y desigualdad muy superiores.

A los actores y organizaciones principales que trabajamos en estos países nos preocupa el ascenso de contagios en estas zonas, con poca capacidad de realizar test masivos, una población viviendo en la pobreza extrema y un sistema sanitario precario. Las perspectivas no son buenas.

Impacto de las medidas

Sudáfrica ya ha anunciado la relajación de las medidas restrictivas a partir del 1 de mayo por una razón clara y principal: el aumento de la pobreza en los hogares y la necesidad de la reactivación de la economía.

Mujeres agricultoras del medio rural mozambiqueño

En otros países de África, los más pobres, se habla de “salvar vidas o modos de vida”, apuntando al escenario de que salvar a la población del Covid-19 abre la posibilidad de verlos morir de hambre.

Informes señalan la posibilidad de que un mayor número de personas muera a causa del impacto económico que a causa del virus en sí.

Las dificultades de control de propagación y un sistema inestable dificultan la superación del Covid-19 en muchos países de África, sin agua corriente para poder aplicar las medidas de higiene, con un confinamiento que podría llevar al desastre y un sistema sanitario sin apenas camas de UCI.

Por ello, nosotros creemos en la necesidad de colaborar en la promoción y empoderamiento de países como Mozambique, para que se pueda reforzar su sistema, la economía de sus hogares, y para que el futuro les depare más posibilidades de gestionar situaciones de emergencia.

Todo ello, a través de la educación, el acceso al agua y la soberanía alimentaria.

Cómo el coronavirus afectará a la economía de África

Mientras el COVID-19 avanza (2 millones de afectados en todo el mundo y casi 19.000 en África), la economía cae y retrocede, desembocando en una segura e inevitable recesión mundial. El presidente de la OMS ha dicho que África debe prepararse para lo peor: la hambruna y la desnutrición.

Muchas familias viven del día a día y son familias grandes, hablamos de más de una docena de personas por unidad familiar.

Más del 80% de la población africana se sustenta diariamente con el trabajo ‘informal’, los empleos que no están regulados por el gobierno, que no cuentan con seguridad social, con salarios bajos e incluso trabajo infantil.

La economía sumergida representa aproximadamente el 41% del PIB y el 72% del empleo total de la África subsahariana.

Frente al Covid-19

256 millones de personas en el continente africano (de un total de unos 1.250, o sea 1 de cada 5 africanos) pasan hambre, según el último informe de la ONU. Esto significa que el 20% de la población africana es ya de entrada muy vulnerable al Covid-19.

Para garantizar la alimentación de personas sin recursos en Namibia, Botsuana y Angola, el Programa Mundial de Alimentos había gestionado 413 millones de euros para estos próximos 3 meses.

Bici bomba Agua Azada Verde

Ruanda reparte alimento entre los más necesitados, aunque tiene sus propias dudas sobre la sostenibilidad de este desafío.

Uno de los efectos de la recesión son los bajos precios del petróleo que afectan a países como Mozambique, Argelia, Nigeria o Angola, que han registrado pérdidas de aproximadamente 65 millones de dólares por esta razón.

En contraste…

En algunos de los países menos pobres se han decretado cuarentenas obligatorias y han tratado de disminuir la magnitud de la recesión económica liberando grandes cantidades de dinero, mientras en África subsahariana la economía, endeble y endeudada, ni siquiera da para ello.

Varios países han implementado el cierre de fronteras, sin embargo, si esta acción se gestiona indebidamente podría afectar a la seguridad alimentaria de varios países.

De acuerdo con el subdirector de la FAO, la mayor parte de los países africanos consume al menos un producto calórico que proviene de otro país, dependiendo así del comercio exterior de productos como café, cacao, aceite… y afectando directamente a su economía.

La realidad de Mozambique

Lamentablemente para Mozambique, que había incrementado su crecimiento económico de 1994 al 2014 en un 6%, la pandemia significa un frenazo inasumible.

Maputo, la capital, lleva una ventaja en comparación con los demás estados de Mozambique: concentra más de un tercio del PIB del país.

La agricultura de Mozambique da de comer al 80% de la población activa, con el maíz, el arroz o los frijoles, entre sus principales alimentos producidos.

Una desventaja en la que se encuentra la agricultura mozambiqueña es la falta de almacenamiento, manipulación y procesado, que ocasiona una pérdida aproximada del 30% de las cosechas.

En definitiva, Mozambique se encuentra en gran desventaja, por lo que es fundamental actuar de forma inmediata.

Como sabes, en Azada Verde potenciamos y apostamos por una soberanía alimentaria que empodere la capacidad agricultora de la población rural del centro de Mozambique, y tú puedes aportar tu granito de arena, evitando así que el coronavirus acabe causando hambruna y desnutrición.