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Rosa José cultiva su machamba protegida con su mascarilla contra el coronavirus en Mozambique

Las cifras del coronavirus en Mozambique no dan tregua: 1.219 casos detectados, 369 recuperados y 9 fallecimientos. A pesar del lento crecimiento de las infecciones, 22 en las últimas 24 horas, la curva de la enfermedad no parece que vaya a decrecer en fechas próximas. Coronavirus en Mozambique Las autoridades sanitarias mozambiqueñas anunciaron a principios […]

La Soberanía Alimentaria, el futuro de África

Una de las consecuencias de la Era de la Información es la construcción de conceptos que de pronto invaden todos los medios y redes sociales. Algunos de estos conceptos no son nuevos: género, feminismo, sostenibilidad, resiliencia o soberanía alimentaria. Cada vez nos familiarizamos más con estos conceptos pero no siempre tenemos claro su verdadero significado.

En el caso de la soberanía alimentaria es fácil asociarla al hecho de controlar una misma lo que consume. Esto es, producir para consumir. Aparentemente es muy simple. La imagen es la de alguien que cultiva sus propios vegetales o cría a sus animales para alimentarse de ellos.

El concepto, base de nuestra filosofía, implica asegurar sistemas alimentarios locales a partir de la construcción y el respeto de los conocimientos, habilidades y culturas locales, protegiendo el medio ambiente

La agricultura familiar es la representante del concepto de soberanía alimentaria y, si bien la obtención de beneficios no está entre sus objetivos, el excedente sí forma parte de sus metas puesto que se necesita otro tipo de bienes de consumo para vivir y porque la actividad requiere de un mantenimiento, opción de mejora y diversificación de servicios.

Modificar el actual sistema de producción de alimentos favoreciendo esta actividad (que también puede partir de cooperativas) y frenar la invasión de las grandes empresas que se ven además favorecidas en las salidas de mercado, implican una intervención política.

Derecho a la autogestión

¿Por qué es importante esto en Mozambique? Busquemos la respuesta a esta pregunta con un acercamiento a sus devenires políticos e historia.

La agricultura familiar en Mozambique constituye, como en la mayoría de los países del África subsahariana, una actividad económica que ocupa a gran parte de la población, pudiendo en algunos casos alcanzar a incluso más del 75% de la población

Aquí, la situación política, bélica, climatológica o de extorsión externa, ha hecho imposible conseguir una situación de justicia social o de justicia alimentaria más concretamente, por apuntar otro nuevo término.

La soberanía alimentaria mozambiqueña

La subsistencia agrícola ya era un camino en la cuerda floja en la época del colonialismo portugués, que hacía virguerías para controlar a un campesinado que, a pesar de estar sometido, no era siempre fácil de manejar, pues Mozambique es un país con mucha diversidad lingüística.

Además, la organización social estaba (y está) muy condicionada por las tradiciones y el reconocimiento del liderazgo, por lo que los invasores crearon un sistema organizativo en el que fueran los mismos agricultores los que representaran sus propios intereses.

La estructura piramidal se coronaba en última instancia por una especie de mediadores que, siendo nativos, velaban finalmente por los intereses de dicha administración colonial. Lo que vino a llamarse Autoridades Comunitarias cuya composición aún hoy sigue condicionando la vida social y política del país.

Recursos y medio ambiente

Tras la independencia del país, el Gobierno, de corte leninista, impedía la cabida de los propietarios agrícolas en su modelo político colectivista, entendiendo que dichos propietarios deberían terminar integrándose en cooperativas o empresas estatales.

Más adelante, las políticas de ajuste estructural impuestas por el FMI y el Banco Mundial, integraron a los pequeños propietarios (y el masculino no es genérico) en un sistema en que la extracción a precios bajos resultó desfavorable para estos. 

Aún hoy, la escasez de recursos públicos destinados al sector agrario impide la mejora de medios tecnológicos, el reparto de ayudas, un acceso a las semillas cada vez más controlado por las grandes multinacionales y encima facilita la invasión del monocultivo, que les aboca a la cesión de sus tierras y a un deterioro del medio ambiente. 

Desde Azada Verde trabajamos contra corriente, puesto que precisamente intervenimos para paliar todos estos menoscabos.

Así, la fabricación de bici-bombas para la agricultura familiar y el uso de una bomba solar para el riego en las cooperativas son solo un pequeña parte de todo un plan:

  • facilitamos el acceso al agua (tecnología limpia) y apoyamos en el mantenimiento
  • proporcionamos semillas
  • y potenciamos la asociación agrícola para evitar, gracias a cosechas diversas y abundantes, que la tierra caiga en manos de grandes multinacionales.

¿Y tú? ¿Quieres sumarte a este nuevo movimiento que salva la vida de familias vulnerables en países en vías de desarrollo y además respetando el medio ambiente y frenando el cambio climático? ¡Pues HAZTE SOCI@ de Azada Verde!

Nuestra Alimentación de Internados para combatir la hambruna en Mozambique

Hace poco, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas publicaba su Informe Mundial sobre Crisis Alimentaria 2020: 135 millones de personas de 55 países y territorios sufrían de inseguridad alimentaria aguda a finales de 2019. La hambruna de Mozambique engrosa esas cifras.

La anemia es algo generalizado en Mozambique, sobre todo entre las mujeres que van de los 15 a los 49 años, que la padecen en un 51%, y niños, algo más del 60% en los menores de 5 años, y un 42,6% de ellos privados de un desarrollo pleno.

Y estos números sin contar los siete millones de embarazos no deseados en el continente, lo que aumentaría aún más estas cifras.

Tan solo en junio del año pasado había 67.500 niños menores de 5 años desnutridos en 31 de los 128 distritos de Mozambique; aproximadamente un 10,38% de ellos con desnutrición severa.

265.000 personas en emergencia

El informe utiliza indicadores IPC (Integrated Food Security Phase Classification) que clasifican la seguridad alimentaria en 5 fases. De una población analizada de 5 millones de mozambiqueños, 265.000 personas se encuentran en la fase 4 denominada de Emergencia, 1,4 millones en la 3 de Crisis y 1,6 millones en la 2 de Estrés.

El 28% de los niños entre 6 meses y 2 años tienen un acceso muy limitado a una mínima variedad de provisiones alimenticias.

En el último año, los hogares de Sofala, provincia en la que trabajamos, pasaron de fase 2 a fase 3, lo que quiere decir que empeoraron su situación de inseguridad alimentaria.

La desnutrición severa aguda es una ausencia de seguridad alimentaria que perjudica la vida y/o el sustento de las personas, sin importar los motivos, el entorno o el tiempo. Sofala está pues en estado de alerta.

Alimentación de Internados

En Azada Verde, gracias a nuestro proyecto de Alimentación de Internados, hemos conseguido mejorar la alimentación de 667 niñas y niños diversificando su dieta y enriqueciéndola más allá de la xima (puré de harina de maiz).

Pero no nos conformamos con esa cifra. El objetivo es alcanzar los 2.200 niños y niñas de las comunidades rurales donde trabajamos y que no cuentan con los recursos necesarios para tener una alimentación digna.

Algunas de las jóvenes de los internados comiendo xima

Otro de nuestros proyectos que fomenta el autosustento de las familias son nuestras Bici-bombas, que permiten transportar agua hasta 25 metros de distancia, un recurso de difícil acceso para estos hogares y una prioridad para nosotros.

Ahora, más que necesarias son ¡IMPRESCINDIBLES! para enfrentarnos a lo que está por llegar…

El confinamiento amenaza aún más a la frágil economía de Mozambique

Si los ciclones que azotaron Mozambique el año pasado afectaron gravemente a la la economía del país, este año llega la Covid-19 para asestar el golpe definitivo, con un confinamiento que causará estragos sin compasión.

Desde el 1 de abril, Filipe Nyusi, presidente de Mozambique, decretó una cuarentena de 30 días, restringiendo los actos públicos. Ahora esta se acaba de extender otros 30 días y el encierro se alargará hasta el próximo 30 de mayo.

Más de la mitad de los países africanos que se encuentran en cuarentena han visto imposibilitada la actividad económica en los mercados y la distribución de ayudas alimentarias en las zonas rurales.

Tan solo entre los países de África del sur, entre los cuales se encuentra Mozambique, hay 15,6 millones de personas sufriendo de inseguridad alimentaria y careciendo además de la infraestructura necesaria para soportar los resultados del calentamiento global.

Con la llegada de la Covid-19 a África se calcula que habrá unos siete millones de embarazos indeseados en las comunidades de bajos recursos debido a los nulos servicios de planificación familiar, lo que causaría una aún mayor inseguridad alimentaria para todos estos niños que nacerán a finales de este 2020.

Economía: un paso atrás

Mozambique ya dio un paso atrás con el crecimiento de su economía, pasando de un 4% a un 2,2% este año debido al coronavirus, y se prevé que el Producto Interno Bruto caiga un 10%.

La agricultura, el transporte, la manufactura, la comunicación y sobre todo la minería son solo algunos de los sectores que han quedado varados por la pandemia.

Por otro lado, el gobierno de Mozambique está tomando medidas para aliviar la crisis en el sector de la salud y ayudando a los micro, pequeños y medianos negocios.

Como Mozambique carga con una deuda del 108,8% de PIB, el Fondo Monetario Internacional aprobó la semana pasada un desembolso de 309 millones de dólares para amortiguar el efecto del coronavirus.

Poco a poco se van viendo los efectos que al final tendrá la pandemia en todo el mundo y que sin duda dejará una huella más grande en África y Mozambique.

Aunque ayuda y solidaridad hay, es primordial seguir tomando acción porque el mundo no se mueve solo, lo movemos todos.

Mozambique Escolas

La creciente amenaza de ataques islamistas en el norte de Mozambique, cerca de los proyectos de gas, en la provincia de Cabo Delgado, destruye la vida de familias enteras: los grupos armados asaltan escuelas, centros sanitarios, viviendas…

“Tres personas murieron tras tirarse al mar para intentar huir del ataque, mientras que otra fue quemada viva y otra asesinada de un disparo. Otras 60 personas fueron secuestradas. Es el resultado del ataque a una de las islas del archipiélago de Quirimbas el 10 de abril de 2020.

Esta muerte de 52 personas en Mudumbe es una masacre cruel y diabólica y muestra la intensificación de los asaltos a las aldeas africanas. Disturbios cada vez más sangrientos y que obligan a los lugareños, familias con niños, a huir y vivir a la intemperie.

El grupo yihadista del Estado Islámico admite la autoría de estos ataques, así como de los asaltos a las aldeas de Mocimboa da Praia, Quissanga, Macomía, etc, donde izaron su bandera en blanco y negro con símbolos religiosos. Según un vídeo distribuido por internet, el objetivo es imponer la ley islámica en la región.

El Consejo Nacional de Defensa y Seguridad (CNDS) de Mozambique los acusa de terrorismo y asegura haber restaurado la paz, aunque simultáneamente incrementa el número de personas indefensas damnificadas. Desde el primer asalto en octubre 2017 se han contabilizado al menos 900 muertos y 200.000 personas afectadas.

Desconcierto entre la población

Lo que se puede extraer de las fuentes consultadas es mucha frustración y confusión entre los ciudadanos. El país se enfrenta también a una crisis de seguridad.

Hasta agosto de 2019 la política territorial animaba un conflicto civil que llegó a su fin con un acuerdo de interés nacional. Se hacía urgente la consolidación del estado de derecho democrático, como mencionó el presidente Filipe Nyusi, y trabajar conjuntamente para la recuperación del país.

Gran parte de la población vive en la pobreza y los jóvenes están preocupados por el desempleo, la falta de educación, la incapacidad para escapar de la agricultura de subsistencia

En general, la población ha perdido la confianza y temen que el gobierno no pueda garantizarles una defensa contra los abusos comunes de los derechos humanos y los ataques a civiles. De ahí que los guerrilleros puedan recibir cierto apoyo por parte de algunos habitantes e incluso miembros de las fuerzas de seguridad.

Yacimientos de gas

Con el descubrimiento de los yacimientos de gas natural, en la cuenca sedimentaria de la Bahía de Rovuma, en el extremo norte del país, se auguraba un gran futuro para Mozambique, uno de los países más pobres del mundo.

En la web de ICEX España lo califican como el descubrimiento de gas más importante de las últimas décadas en el mundo, con capacidad para cubrir las necesidades de gas del Reino Unido, Francia, Alemania e Italia durante más de 20 años.

Para la implantación de los proyectos de extracción sería necesario un gran despliegue de infraestructuras: construir nuevos puertos, aeropuertos, carreteras, líneas de ferrocarril, etc. Después se formarían ciudades enteras, en torno a las instalaciones, con sus hoteles, hospitales, colegios, centros comerciales…

Todo ello requeriría agua y saneamiento, electricidad, materiales y equipos de construcción, seguridad, transporte y logística, restauración… En fin, los informes presentados por los especialistas vaticinaban inversiones de 68.000 millones de dólares, en una zona que hasta ese momento lloraba su abandono. 

Con estos datos, ¿cómo no crearse expectativas? Por el contrario, los acontecimientos no apoyaron el progreso

Los insurgentes acechan

Poco después del descubrimiento de estas grandes reservas de petróleo y gas en la región, emerge un grupo que se hace llamar Ahlu Sunnah wa Jammah, al que se le atribuyen los primeros incidentes.

Este grupo se formó con jóvenes marginado, desempleados y emigrantes que buscan una oportunidad y líderes religiosos de fuera del país, especialmente de Arabia Saudí y otros países del Golfo. 

Comenzaron como una secta islamista y se convirtieron después en un grupo armado que según algunos analistas, se afiliaron al Estado Islámico a través de su Provincia de África Central (ISCAP).

Al principio sus ataques eran esporádicos pero en lo que va del año han barrido las ciudades aprovechando la coyuntura actual del país y atacando con fuerza y estrategia.

Bloquean las carreteras, incendian y confiscan edificios del gobierno, saquean los bancos, escuelas, hospitales…

También han destruido parte de los servicios necesarios para la explotación del gas y las barcazas utilizadas para desembarcar los materiales para infraestructuras, e incendiaron equipos de construcción. Lo más atroz, la decapitación y tiroteo a los locales que se niegan a ser reclutados en sus filas. 

Frágil (in)seguridad

Mientras que los rebeldes ganan confianza, las fuerzas de seguridad locales no están capacitadas para los enfrentamientos, les falta equipamiento y están desmoralizados. Aunque se ha intentado recabar apoyo internacional, hasta ahora este no ha sido efectivo.

Además, la parte norte del país aún no se ha recuperado de los estragos de los dos ciclones que golpearon el país en 2019.

Es así como Mozambique suma una crisis de seguridad a la emergencia sanitaria por el Covid-19, la emergencia alimentaria y la crisis humanitaria.

¿A ti también te suena que cuando llega la desgracia, nunca viene sola, sino a batallones?

Porque lo que nos importa son las personas, ayuda a las familias rurales mozambiqueñas a combatir el Covid-19 mediante una alimentación digna y variada.

José con sus niños de Escolas de Paz

El primer caso confirmado de Covid-19 en Sudáfrica fue anunciado el 5 de marzo de 2020. Un hombre de 28 años que había viajado a Italia junto a su mujer. Diez días después se declaró el estado nacional de desastre: medidas restrictivas en los viajes, cierre de colegios y posteriormente el bloqueo nacional.

Sudáfrica y Egipto son los países a la cabeza en número de contagios, con 4.361 casos confirmados en Sudáfrica a 26 de abril de 2020. Las cifras mucho más bajas de otros países del continente se miran con recelo, dada la baja capacidad de estos para la detección de casos.

Sudáfrica se encuentra entre los tres primeros países con más Producto Interior Bruto del continente africano. Fronterizo a este encontramos Namibia, Botsuana, Zimbabue y Mozambique. Países con un nivel de pobreza y desigualdad muy superiores.

A los actores y organizaciones principales que trabajamos en estos países nos preocupa el ascenso de contagios en estas zonas, con poca capacidad de realizar test masivos, una población viviendo en la pobreza extrema y un sistema sanitario precario. Las perspectivas no son buenas.

Impacto de las medidas

Sudáfrica ya ha anunciado la relajación de las medidas restrictivas a partir del 1 de mayo por una razón clara y principal: el aumento de la pobreza en los hogares y la necesidad de la reactivación de la economía.

Mujeres agricultoras del medio rural mozambiqueño

En otros países de África, los más pobres, se habla de “salvar vidas o modos de vida”, apuntando al escenario de que salvar a la población del Covid-19 abre la posibilidad de verlos morir de hambre.

Informes señalan la posibilidad de que un mayor número de personas muera a causa del impacto económico que a causa del virus en sí.

Las dificultades de control de propagación y un sistema inestable dificultan la superación del Covid-19 en muchos países de África, sin agua corriente para poder aplicar las medidas de higiene, con un confinamiento que podría llevar al desastre y un sistema sanitario sin apenas camas de UCI.

Por ello, nosotros creemos en la necesidad de colaborar en la promoción y empoderamiento de países como Mozambique, para que se pueda reforzar su sistema, la economía de sus hogares, y para que el futuro les depare más posibilidades de gestionar situaciones de emergencia.

Todo ello, a través de la educación, el acceso al agua y la soberanía alimentaria.

Cómo el coronavirus afectará a la economía de África

Mientras el COVID-19 avanza (2 millones de afectados en todo el mundo y casi 19.000 en África), la economía cae y retrocede, desembocando en una segura e inevitable recesión mundial. El presidente de la OMS ha dicho que África debe prepararse para lo peor: la hambruna y la desnutrición.

Muchas familias viven del día a día y son familias grandes, hablamos de más de una docena de personas por unidad familiar.

Más del 80% de la población africana se sustenta diariamente con el trabajo ‘informal’, los empleos que no están regulados por el gobierno, que no cuentan con seguridad social, con salarios bajos e incluso trabajo infantil.

La economía sumergida representa aproximadamente el 41% del PIB y el 72% del empleo total de la África subsahariana.

Frente al Covid-19

256 millones de personas en el continente africano (de un total de unos 1.250, o sea 1 de cada 5 africanos) pasan hambre, según el último informe de la ONU. Esto significa que el 20% de la población africana es ya de entrada muy vulnerable al Covid-19.

Para garantizar la alimentación de personas sin recursos en Namibia, Botsuana y Angola, el Programa Mundial de Alimentos había gestionado 413 millones de euros para estos próximos 3 meses.

Bici bomba Agua Azada Verde

Ruanda reparte alimento entre los más necesitados, aunque tiene sus propias dudas sobre la sostenibilidad de este desafío.

Uno de los efectos de la recesión son los bajos precios del petróleo que afectan a países como Mozambique, Argelia, Nigeria o Angola, que han registrado pérdidas de aproximadamente 65 millones de dólares por esta razón.

En contraste…

En algunos de los países menos pobres se han decretado cuarentenas obligatorias y han tratado de disminuir la magnitud de la recesión económica liberando grandes cantidades de dinero, mientras en África subsahariana la economía, endeble y endeudada, ni siquiera da para ello.

Varios países han implementado el cierre de fronteras, sin embargo, si esta acción se gestiona indebidamente podría afectar a la seguridad alimentaria de varios países.

De acuerdo con el subdirector de la FAO, la mayor parte de los países africanos consume al menos un producto calórico que proviene de otro país, dependiendo así del comercio exterior de productos como café, cacao, aceite… y afectando directamente a su economía.

La realidad de Mozambique

Lamentablemente para Mozambique, que había incrementado su crecimiento económico de 1994 al 2014 en un 6%, la pandemia significa un frenazo inasumible.

Maputo, la capital, lleva una ventaja en comparación con los demás estados de Mozambique: concentra más de un tercio del PIB del país.

La agricultura de Mozambique da de comer al 80% de la población activa, con el maíz, el arroz o los frijoles, entre sus principales alimentos producidos.

Una desventaja en la que se encuentra la agricultura mozambiqueña es la falta de almacenamiento, manipulación y procesado, que ocasiona una pérdida aproximada del 30% de las cosechas.

En definitiva, Mozambique se encuentra en gran desventaja, por lo que es fundamental actuar de forma inmediata.

Como sabes, en Azada Verde potenciamos y apostamos por una soberanía alimentaria que empodere la capacidad agricultora de la población rural del centro de Mozambique, y tú puedes aportar tu granito de arena, evitando así que el coronavirus acabe causando hambruna y desnutrición.

 

Agricultores mozambiqueños luchando por su soberanía alimentaria

Hace tiempo que numerosas organizaciones y personas comprometidas con la preservación del medio ambiente y la justicia económica vienen denunciando la insostenibilidad de nuestra soberanía alimentaria y sistema de producción agrícola.

Cuando nos sobrevino el Covid-19, las sociedades agrícolas estaban demandando un cambio en la regulación de las políticas de producción alimentaria. Esto implica un cambio de modelo económico que podría entenderse como una utopía deseable

Repasar las causas que generaron este desequilibrio y las razones de estas demandas puede ser un buen ejercicio de reflexión durante el confinamiento.

Las organizaciones agrarias y campesinas denuncian que los precios percibidos por quienes producen los alimentos no reflejan el valor real ni los costes de producción, y que el precio pagado por quienes consumen esos alimentos son desproporcionados con respecto a lo percibido por quienes los producen.

Justicia económica y medioambiental

Numerosos expertos consideran que la sostenibilidad del sistema alimentario ha de ser un objetivo global y urgente, ya que con la comida que se desecha podría alimentarse a 2.000 millones de personas, y aún hay 240 millones que pasan hambre, principalmente en el continente africano.

Nadie puede negar el placer de comer un aguacate fuera de temporada, sobre todo en países en los que este fruto no es autóctono. La libertad de poder comer (y de poder cultivar) productos como este, chocan frontalmente con la justicia económica y medioambiental.

Libertad, según la RAE, es la facultad y derecho individual para hacer todo aquello que las leyes no prohíben y que no perjudique a los demás. Las libertades conquistadas tras la Revolución Industrial a veces se sustentan sociológica y políticamente en prácticas que obvian este aspecto: el de no perjudicar a los demás.

Otra cuestión es si esas leyes a las que se alude perjudican o no a terceros. Al hilo de lo que denuncian las organizaciones agrarias y campesinas, podríamos hacer un poco de historia.

Superproducción de cultivos y cambio climático 

Los gremios han existido casi desde los orígenes de la civilización, cuando las personas comenzaron a especializarse en determinadas tareas sociales: pastores, tejedores, alfareros, agricultores, sacerdotes, médicos, etc.

En Europa y sus colonias en América, las corporaciones gremiales jugaron un papel importante durante la etapa precapitalista, pero luego estuvieron prohibidas debido a que se consideraban contrarias a la libertad de mercado.

Lo cierto es que asociarse en estructuras organizadas permitió evitar el abuso en la producción y la competencia desleal en los precios.

La cuestionable evolución de la civilización lleva hoy a esquilmar bosques, a la desertización y a una superproducción de cultivos que pueden permitirse una rebaja en los precios, entre otras cosas.

¿Qué problemas genera nuestro sistema agroalimentario actual?

  • La liberalización en el sector, que incluso cotiza en bolsa
  • La premisa de producción de alimentos sin límite
  • La no vinculación a políticas de nutrición o sanitarias
  • La desregularización del sistema, ya que se rige por las leyes de la economía de mercado
  • La falta de consideración del impacto ambiental que supone y que cada día influye más en el cambio climático

Las consecuencias: se han incrementado los monocultivos (maíz, soja, trigo…), lo que conlleva una pérdida de biodiversidad agrícola que acelera la erosión del suelo; se usan de fertilizantes químicos que han contaminado agua dulce y océanos; y aumenta la emisión de gases de efecto invernadero, entre otras.

Sin embargo, con la llegada de la pandemia, esta forma de producción agrícola se erige como la salvación ante la situación de confinamiento.

Costes inasumibles para las pequeñas

Esos distribuidores e intermediarios cuya ética mercantil estaba siendo puesta en cuestión ante las protestas de las pequeñas sociedades agrícolas, son ahora, los héroes de la situación

Más de 600 organizaciones de todo el estado español exigen medidas para apoyar la producción y comercialización agroalimentaria de pequeña escala, el ámbito agroecológico y la economía local.

Dos beneficiarias del proyecto de Asociaciones Agrícolas

Angelina y Augusta, dos de las beneficiarias del proyecto de Asociaciones Agrícolas de Azada Verde

Reclaman la apertura de los mercados alimentarios, apostar desde la administración por las producciones locales o medidas fiscales como la exención del pago de autónomos a las pequeñas granjas.

Por otra parte, el cierre generalizado de los mercados alimentarios por la interpretación excesivamente restrictiva de muchos gobiernos locales y autonómicos provoca que las prohibiciones decretadas por el estado de alarma ante la pandemia del COVID-19 estén generando costes inasumibles a los productores y las productoras locales.

La gran empresa se apropia de África

Esta situación está afectando profundamente a sus modos de vida, además de estar incrementando el desperdicio alimentario por la imposibilidad de dar salida a sus productos y, lo que es más grave, que no lleguen a la ciudadanía alimentos básicos, frescos y más sanos frente a los procesados. 

Pero sucede que las grandes empresas se están apropiando, además, de vastas extensiones de tierra en el continente más hambriento del planeta.

Recientemente ha salido a la luz que unos 600 millones de libras del dinero que Reino Unido destina a la ayuda al desarrollo, cortesía de los contribuyentes, están siendo aprovechados por las grandes empresas para incrementar sus beneficios en África a través de la Nueva Alianza para la Seguridad Alimentaria y la Nutrición.

A cambio de recibir ayuda económica e inversiones empresariales, los países africanos tienen que cambiar sus leyes para facilitar a las empresas la adquisición de tierras, el control del suministro de semillas y el de los productos de exportación.

Más apoyo y distribución justa

El año pasado, el director de Global Justice Now, Nick Dearden, dijo que esto es “exactamente lo contrario de lo que se necesita, que es apoyar a los pequeños agricultores y una distribución más justa de la tierra y los recursos para dar a los países africanos mayor control sobre sus sistemas alimentarios”.

Etiopía, Ghana, Tanzania, Burkina Faso, Costa de Marfil, Mozambique, Nigeria, Benín, Malawi y Senegal participan en la Nueva Alianza.

Agricultores de la asociación de Nhaumue

El actual paradigma se basa en el supuesto de que los países en desarrollo necesitan adoptar políticas neoliberales y que el dinero público, bajo el disfraz de las ayudas, debería facilitar este proceso. 

Durante generaciones los agricultores han estado guardando e intercambiando semillas entre ellos. Esto les ha proporcionado un cierto grado de independencia y les ha permitido innovar, mantener la biodiversidad, adaptar las semillas a las condiciones climáticas y defenderse de las enfermedades vegetales.

Semillas híbridas, solo para grandes

Sin embargo, las grandes empresas de semillas, con la ayuda de la Fundación Gates, del gobierno estadounidense y de otros donantes de ayuda, están contemplando nuevas formas de aumentar su nivel de penetración en el mercado, desplazando los sistemas de semillas de los propios agricultores.

Las semillas híbridas comercializadas por estas empresas a menudo producen mayores cosechas la primera vez que son plantadas, pero con la segunda generación de semillas se obtiene una cosecha menor y los cultivos desarrollan caracteres imprevisibles, que los hace inadecuados para su conservación y uso posterior.

Phil Bereano, activista por la soberanía alimentaria dentro de AGRA Watch, advierte que  las empresas occidentales solo eligieron los aspectos más rentables de la cadena de producción de alimentos, mientras que dejaron que el sector público de África corriera con los gastos de los aspectos que no resultaban rentables, lo que mejoró la rentabilidad a lo largo de la cadena.

En Mozambique la agricultura lo es todo

En Mozambique el sector agrícola representa alrededor del 30% del PIB y el 25% del total de exportaciones (alimentos y materias primas agrícolas). La agricultura, que emplea al 80% de la fuerza de trabajo, es la principal fuente de ingresos para más de un 70% de la población

Algunas empresas agrícolas han expulsado de sus tierras a los pequeños agricultores. Bananalandia, una explotación de 1.400 hectáreas cercana a Maputo, ha mejorado la vida de la población local: da empleo a 2.800 personas y ha construido carreteras, escuelas y tendido líneas eléctricas.

Instalación bici-bomba

Carga y transporte de una de nuestras bici-bombas

También ha ayudado a convertir Mozambique en país exportador de plátanos. Sin embargo, son muchas las personas, antiguas propietarias de las pequeñas fincas familiares, que se han quedado sin nada.

Estas tierras de las afueras de Maputo son la imagen que resume las opciones agrícolas de África: ¿la producción de alimentos se hará en enormes plantaciones como Bananalandia o en las pequeñas explotaciones llamadas machambas?

La diversificación, mayor resiliencia

Es frecuente que se transmita a la sociedad a través de los medios de comunicación y los estamentos políticos que el hambre, y las crisis alimentarias en general, tienen un origen en el propio sector terciario: malas cosechas, tecnologías anticuadas, falta de cultura, cuestiones meteorológicas adversas, falta de capacidad de almacenamiento, etc.

Pero lo cierto es que el hambre, si bien los mencionados factores tienen su influencia, tiene que ver mucho más con el papel de las grandes entidades financieras, la tolerancia política e institucional frente a las grandes estrategias especulativas, o el papel de las grandes multinacionales del agronegocio, que con la cantidad de alimento producido.

No se trata de aumentar los rendimientos, sino de permitir las técnicas agrícolas que han “funcionado” durante milenios y los sistemas productivos diversificados que otorgan resiliencia ante las adversidades.

No se trata de introducir capital financiero en el mundo agrario sino de permitir que la estructura de precios sea justa, que las decisiones sobre cuánto, cómo y dónde comercializar las producciones recaigan sobre las personas que producen el alimento, otorgándoles independencia y soberanía.

No se trata de convertir el paisaje, los alimentos y los medios de producción en mercancías, sino de garantizar el acceso a estos como derecho fundamental y universal.

FUENTES: SOBERANÍA ALIMENTARIA (biodiversidad y culturas), National Geographic

Niños sacando agua de un pozo en Mangunde

Higiene y virus, unidos y al mismo tiempo tan separados en África. El coronavirus llegó y está afectando a ricos y pobres sin distinción, por eso, la OMS se empeña en recalcar la importancia del agua y sobre todo del indispensable lavado de manos.

Pero… ¿África y, sobre todo Mozambique, tienen el acceso al agua necesario para pararle los pies al coronavirus?

En África se encuentran 19 de los 25 países con menos acceso al agua del mundo. En general, África Subsahariana por ejemplo, cuenta con menos del 60% de cobertura. Y esto sin contar si el agua es potable o no, algo fundamental.

La gran desigualdad del continente africano se debe en gran parte a Sudáfrica, donde se encuentran más de la mitad de las presas de toda África Subsahariana.

No solo coronavirus

Debido a una falta de saneamiento del agua, las personas entran en riesgo de contraer infecciones por exposición a patógenos o por heces, que luego pueden desencadenar en infecciones como el cólera o el Covid-19, con los niños como los más vulnerables.

No estamos diciendo que no haya agua en absoluto, sino que para algunas comunidades, ésta puede estar muy lejos y además puede no ser potable, cosa que solo se consigue con plantas de tratamiento, que a la vez resultan muy caras.

Existe una gran desigualdad de cobertura en cuanto acceso al agua en África: mientras las zonas urbanas cuentan con un 64% de acceso, en las rurales el porcentaje es de solo un 17%.

Sin agua en el medio rural

En cuanto al saneamiento mejorado (el que higiénicamente imposibilita el contacto entre la heces y los humanos), sólo el 24% de la población mozambiqueña tiene acceso a esta y el resto (76%) no. Este dato negativo sube en zonas rurales hasta el 88% y en las urbanas un 53%.

Existe también un contraste muy marcado entre las provincias del norte y las del sur: en Maputo (sur), un 87,1% tiene acceso a agua potable y un 70,1% a un saneamiento mejorado. En cambio, en el norte, como en Zambézia, solo un 30% tiene acceso a agua segura y solo un 13% a un saneamiento mejorado.

Algunas mejoras: de 1990 a 2015 hubo un gran descenso de personas sin acceso al agua, cuyo porcentaje bajó de un 65% a un 49%.

En conclusión. Esperemos que el coronavirus no se expanda mucho por Mozambique porque como vemos, no hay recursos hídricos suficientes para librar una lucha con garantías.

TÚ puedes ayudar a frenar la propagación del virus y contrarrestar los efectos de la enfermedad ayudando con la emergencia. GRACIAS.

Llueve sobre mojado en Mozambique

El Covid-19 ya está en Mozambique. Desde que la pandemia fuera declarada en España, a la zaga de Italia, y después seguida por otros países de la Unión Europea, empezamos a vivir la pesadilla del confinamiento y el miedo por su posible propagación en el continente africano y países en vías de desarrollo.

Mozambique tiene un nivel de calidad de vida bajo respecto a otros países: depende del sector agrícola, tiene un escaso desarrollo industrial y presenta problemas socioeconómicos.

El PIB per cápita es un muy buen indicador del nivel de vida y en el caso de Mozambique está en la parte final de la tabla mundial, en el puesto 189 (¡de 196!). O sea podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos mucho que hablamos del octavo país más pobre del mundo.

El llamado “capitalismo extractivo”, modelo económico presente en Mozambique, resulta ser, según las mediciones de riqueza de esta filosofía monetaria, la gran esperanza del país para mejorar su puesto en el ranking del PIB.

Pero la realidad es que no ha sido así. Ha generado lo que, en el lenguaje del Desarrollo, ha sido catalogado como “la maldición de los recursos naturales”:

  • El subsuelo de Mozambique es rico en minerales metálicos y no metálicos, pero sólo el carbón y la sal se explotan en cantidades apreciables.
  • Los recursos pesqueros son importantes (langostinos y camarones) y representan la principal fuente de divisas.
  • Los cultivos orientados a la exportación son las nueces, té, caña de azúcar y algodón.
  • La mayor parte de la producción agrícola se debe a pequeñas explotaciones familiares, que producen las principales cosechas de maíz, mandioca, fríjol, arroz, verduras y aceite vegetal de cacahuete, sésamo, y semillas de girasol.

El Covid-19 empeora las cosas en Beira y el medio rural mozambiqueño

Una desigualdad brutal

Desde la proclamación de su independencia en 1975, Mozambique se ha convertido es un país con una legislación bastante evolucionada a nivel democrático y teórico.

Sin embargo, socialmente, prevalecen prácticas que mantienen una desigualdad brutal en todos los aspectos, sobre todo en el de género, cuestión que choca con el hecho de ser uno de los países con más mujeres incorporadas a la vida civil.

Y mientras en ciudades como Maputo se pueden ver automóviles y restaurantes de lujo, la mayor parte del país se desenvuelve en un caos donde el acondicionamiento y las infraestructuras brillan por su ausencia. Se sobrevive en construcciones de paja y latón y el acceso al agua resulta una tarea penosa.

Además todo se agravó en 2019 cuando las infraestructuras fueron arrasadas por el ciclón Idai: casas, caminos y puentes quedaron en ruinas y las tierras agrícolas inservibles.

Todo sumado supone un evidente caldo de cultivo para que los servicios públicos básicos como la sanidad y la educación resulten tremendamente deficientes.

Asignaturas pendientes

La mejora de la educación, la lucha contra la desnutrición infantil y la garantía de servicios de salud dignos en zonas rurales y urbanas siguen siendo la asignatura pendiente para un país con recursos propios que sortea sus deficiencias con la ayuda de otros países donantes y la intervención de las ONG.

Aunque en el momento de escribir este artículo no hay ningún caso de muerte por coronavirus, se han restringido los accesos desde el exterior y se ha recomendado a la población exponerse lo menos posible.

Esta práctica resulta complicada en el caso de familias rurales que comparten el uso de pozos o se tienen que trasladar en pequeños autobuses donde la masificación es inevitable.

Solo cabe esperar que la pandemia no se cebe con esta y otras poblaciones del continente para no empeorar aún más los problemas crónicos que ya de por sí sufren desde siempre.

Miedo al desastre

Dicen que la perplejidad es la semilla del pensamiento. Aquí andamos perplejos en este apocalipsis con tintes de una de las siete plagas.

Esta perplejidad lleva a cuestionarse en qué empleábamos el tiempo, la destrucción del planeta, el vacío de los minutos en que dejamos correr los días…

Andamos cuestionando nuestro modelo de vida, en la esperanza, tal vez, de hacer fecunda esta perplejidad. Así, se especula con un orden institucional que nos permita una existencia más respetuosa con el medio ambiente, con los demás…

¿Es solo al orden institucional al que debemos confiar este cambio vital? Se habla del individualismo capitalista, del asfixiante control de las administraciones más colectivistas, de si es necesaria una ley aquí y otra ley allá que evite los desastres…

El desastre. Ese es el miedo que sostiene esta perplejidad occidental. En lugares como Mangunde, donde el día a día es una sucesión de tareas ingratas y desabastecimiento, no hay tiempo para la perplejidad.

El umbral de dolor que tanto ocupa a profesionales de la medicina y la psicología en Occidente (tal vez para trivializar o relativizar el sufrimiento ajeno a fin de descargarnos del peso que la tan cacareada empatía nos impone), es equiparable al umbral del miedo.

Siendo este umbral una medida de la percepción personal, aquí estamos todos en el 0’0, sin duda, espantados como una mosca en la contraventana.

Con el miedo en el ADN

En Mozambique, el miedo, por ser constante, no resulta más llevadero. Son generaciones las que crecen con él en el ADN, el mismo ADN que les hace valientes y activos para solucionar problemas.

En la película El niño que domó el viento de Chiwetel Ejiofor, hay una magnífica alegoría de todo esto. Fueron sus propios recursos e ingenio lo que les ayudó a cambiar las cosas, una esperanza de mejora de ese día a día para el sustento básico, el que, una vez cubierto, te deja espacio para la perplejidad existencial

Mozambique, formado por gente luchadora que ha pasado grandes penurias y mira la vida con optimismo, fuerte por dentro y alegre por fuera, ya fue bautizado por Vasco de Gama como a terra da boa gente

No es errático preguntarse si es esta cualidad la que sostiene a este pueblo de tantas calamidades. Y cabe pensar, por supuesto, que ese carácter abierto a la alegría y la esperanza les ayudará también en esta travesía que muchos europeos y occidentales vivimos como un apocalipsis.