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El confinamiento amenaza aún más a la frágil economía de Mozambique

Si los ciclones que azotaron Mozambique el año pasado afectaron gravemente a la la economía del país, este año llega la Covid-19 para asestar el golpe definitivo, con un confinamiento que causará estragos sin compasión.

Desde el 1 de abril, Filipe Nyusi, presidente de Mozambique, decretó una cuarentena de 30 días, restringiendo los actos públicos. Ahora esta se acaba de extender otros 30 días y el encierro se alargará hasta el próximo 30 de mayo.

Más de la mitad de los países africanos que se encuentran en cuarentena han visto imposibilitada la actividad económica en los mercados y la distribución de ayudas alimentarias en las zonas rurales.

Tan solo entre los países de África del sur, entre los cuales se encuentra Mozambique, hay 15,6 millones de personas sufriendo de inseguridad alimentaria y careciendo además de la infraestructura necesaria para soportar los resultados del calentamiento global.

Con la llegada de la Covid-19 a África se calcula que habrá unos siete millones de embarazos indeseados en las comunidades de bajos recursos debido a los nulos servicios de planificación familiar, lo que causaría una aún mayor inseguridad alimentaria para todos estos niños que nacerán a finales de este 2020.

Economía: un paso atrás

Mozambique ya dio un paso atrás con el crecimiento de su economía, pasando de un 4% a un 2,2% este año debido al coronavirus, y se prevé que el Producto Interno Bruto caiga un 10%.

La agricultura, el transporte, la manufactura, la comunicación y sobre todo la minería son solo algunos de los sectores que han quedado varados por la pandemia.

Por otro lado, el gobierno de Mozambique está tomando medidas para aliviar la crisis en el sector de la salud y ayudando a los micro, pequeños y medianos negocios.

Como Mozambique carga con una deuda del 108,8% de PIB, el Fondo Monetario Internacional aprobó la semana pasada un desembolso de 309 millones de dólares para amortiguar el efecto del coronavirus.

Poco a poco se van viendo los efectos que al final tendrá la pandemia en todo el mundo y que sin duda dejará una huella más grande en África y Mozambique.

Aunque ayuda y solidaridad hay, es primordial seguir tomando acción porque el mundo no se mueve solo, lo movemos todos.

La creciente amenaza de ataques islamistas en el norte de Mozambique, cerca de los proyectos de gas, en la provincia de Cabo Delgado, destruye la vida de familias enteras: los grupos armados asaltan escuelas, centros sanitarios, viviendas…

«Tres personas murieron tras tirarse al mar para intentar huir del ataque, mientras que otra fue quemada viva y otra asesinada de un disparo. Otras 60 personas fueron secuestradas. Es el resultado del ataque a una de las islas del archipiélago de Quirimbas el 10 de abril de 2020.

Esta muerte de 52 personas en Mudumbe es una masacre cruel y diabólica y muestra la intensificación de los asaltos a las aldeas africanas. Disturbios cada vez más sangrientos y que obligan a los lugareños, familias con niños, a huir y vivir a la intemperie.

El grupo yihadista del Estado Islámico admite la autoría de estos ataques, así como de los asaltos a las aldeas de Mocimboa da Praia, Quissanga, Macomía, etc, donde izaron su bandera en blanco y negro con símbolos religiosos. Según un vídeo distribuido por internet, el objetivo es imponer la ley islámica en la región.

El Consejo Nacional de Defensa y Seguridad (CNDS) de Mozambique los acusa de terrorismo y asegura haber restaurado la paz, aunque simultáneamente incrementa el número de personas indefensas damnificadas. Desde el primer asalto en octubre 2017 se han contabilizado al menos 900 muertos y 200.000 personas afectadas.

Desconcierto entre la población

Lo que se puede extraer de las fuentes consultadas es mucha frustración y confusión entre los ciudadanos. El país se enfrenta también a una crisis de seguridad.

Hasta agosto de 2019 la política territorial animaba un conflicto civil que llegó a su fin con un acuerdo de interés nacional. Se hacía urgente la consolidación del estado de derecho democrático, como mencionó el presidente Filipe Nyusi, y trabajar conjuntamente para la recuperación del país.

Gran parte de la población vive en la pobreza y los jóvenes están preocupados por el desempleo, la falta de educación, la incapacidad para escapar de la agricultura de subsistencia

En general, la población ha perdido la confianza y temen que el gobierno no pueda garantizarles una defensa contra los abusos comunes de los derechos humanos y los ataques a civiles. De ahí que los guerrilleros puedan recibir cierto apoyo por parte de algunos habitantes e incluso miembros de las fuerzas de seguridad.

Yacimientos de gas

Con el descubrimiento de los yacimientos de gas natural, en la cuenca sedimentaria de la Bahía de Rovuma, en el extremo norte del país, se auguraba un gran futuro para Mozambique, uno de los países más pobres del mundo.

En la web de ICEX España lo califican como el descubrimiento de gas más importante de las últimas décadas en el mundo, con capacidad para cubrir las necesidades de gas del Reino Unido, Francia, Alemania e Italia durante más de 20 años.

Para la implantación de los proyectos de extracción sería necesario un gran despliegue de infraestructuras: construir nuevos puertos, aeropuertos, carreteras, líneas de ferrocarril, etc. Después se formarían ciudades enteras, en torno a las instalaciones, con sus hoteles, hospitales, colegios, centros comerciales…

Todo ello requeriría agua y saneamiento, electricidad, materiales y equipos de construcción, seguridad, transporte y logística, restauración… En fin, los informes presentados por los especialistas vaticinaban inversiones de 68.000 millones de dólares, en una zona que hasta ese momento lloraba su abandono. 

Con estos datos, ¿cómo no crearse expectativas? Por el contrario, los acontecimientos no apoyaron el progreso

Los insurgentes acechan

Poco después del descubrimiento de estas grandes reservas de petróleo y gas en la región, emerge un grupo que se hace llamar Ahlu Sunnah wa Jammah, al que se le atribuyen los primeros incidentes.

Este grupo se formó con jóvenes marginado, desempleados y emigrantes que buscan una oportunidad y líderes religiosos de fuera del país, especialmente de Arabia Saudí y otros países del Golfo. 

Comenzaron como una secta islamista y se convirtieron después en un grupo armado que según algunos analistas, se afiliaron al Estado Islámico a través de su Provincia de África Central (ISCAP).

Al principio sus ataques eran esporádicos pero en lo que va del año han barrido las ciudades aprovechando la coyuntura actual del país y atacando con fuerza y estrategia.

Bloquean las carreteras, incendian y confiscan edificios del gobierno, saquean los bancos, escuelas, hospitales…

También han destruido parte de los servicios necesarios para la explotación del gas y las barcazas utilizadas para desembarcar los materiales para infraestructuras, e incendiaron equipos de construcción. Lo más atroz, la decapitación y tiroteo a los locales que se niegan a ser reclutados en sus filas. 

Frágil (in)seguridad

Mientras que los rebeldes ganan confianza, las fuerzas de seguridad locales no están capacitadas para los enfrentamientos, les falta equipamiento y están desmoralizados. Aunque se ha intentado recabar apoyo internacional, hasta ahora este no ha sido efectivo.

Además, la parte norte del país aún no se ha recuperado de los estragos de los dos ciclones que golpearon el país en 2019.

Es así como Mozambique suma una crisis de seguridad a la emergencia sanitaria por el Covid-19, la emergencia alimentaria y la crisis humanitaria.

¿A ti también te suena que cuando llega la desgracia, nunca viene sola, sino a batallones?

Porque lo que nos importa son las personas, ayuda a las familias rurales mozambiqueñas a combatir el Covid-19 mediante una alimentación digna y variada.

El primer caso confirmado de Covid-19 en Sudáfrica fue anunciado el 5 de marzo de 2020. Un hombre de 28 años que había viajado a Italia junto a su mujer. Diez días después se declaró el estado nacional de desastre: medidas restrictivas en los viajes, cierre de colegios y posteriormente el bloqueo nacional.

Sudáfrica y Egipto son los países a la cabeza en número de contagios, con 4.361 casos confirmados en Sudáfrica a 26 de abril de 2020. Las cifras mucho más bajas de otros países del continente se miran con recelo, dada la baja capacidad de estos para la detección de casos.

Sudáfrica se encuentra entre los tres primeros países con más Producto Interior Bruto del continente africano. Fronterizo a este encontramos Namibia, Botsuana, Zimbabue y Mozambique. Países con un nivel de pobreza y desigualdad muy superiores.

A los actores y organizaciones principales que trabajamos en estos países nos preocupa el ascenso de contagios en estas zonas, con poca capacidad de realizar test masivos, una población viviendo en la pobreza extrema y un sistema sanitario precario. Las perspectivas no son buenas.

Impacto de las medidas

Sudáfrica ya ha anunciado la relajación de las medidas restrictivas a partir del 1 de mayo por una razón clara y principal: el aumento de la pobreza en los hogares y la necesidad de la reactivación de la economía.

Mujeres agricultoras del medio rural mozambiqueño

En otros países de África, los más pobres, se habla de “salvar vidas o modos de vida”, apuntando al escenario de que salvar a la población del Covid-19 abre la posibilidad de verlos morir de hambre.

Informes señalan la posibilidad de que un mayor número de personas muera a causa del impacto económico que a causa del virus en sí.

Las dificultades de control de propagación y un sistema inestable dificultan la superación del Covid-19 en muchos países de África, sin agua corriente para poder aplicar las medidas de higiene, con un confinamiento que podría llevar al desastre y un sistema sanitario sin apenas camas de UCI.

Por ello, nosotros creemos en la necesidad de colaborar en la promoción y empoderamiento de países como Mozambique, para que se pueda reforzar su sistema, la economía de sus hogares, y para que el futuro les depare más posibilidades de gestionar situaciones de emergencia.

Todo ello, a través de la educación, el acceso al agua y la soberanía alimentaria.

Cómo el coronavirus afectará a la economía de África

Mientras el COVID-19 avanza (2 millones de afectados en todo el mundo y casi 19.000 en África), la economía cae y retrocede, desembocando en una segura e inevitable recesión mundial. El presidente de la OMS ha dicho que África debe prepararse para lo peor: la hambruna y la desnutrición.

Muchas familias viven del día a día y son familias grandes, hablamos de más de una docena de personas por unidad familiar.

Más del 80% de la población africana se sustenta diariamente con el trabajo ‘informal’, los empleos que no están regulados por el gobierno, que no cuentan con seguridad social, con salarios bajos e incluso trabajo infantil.

La economía sumergida representa aproximadamente el 41% del PIB y el 72% del empleo total de la África subsahariana.

Frente al Covid-19

256 millones de personas en el continente africano (de un total de unos 1.250, o sea 1 de cada 5 africanos) pasan hambre, según el último informe de la ONU. Esto significa que el 20% de la población africana es ya de entrada muy vulnerable al Covid-19.

Para garantizar la alimentación de personas sin recursos en Namibia, Botsuana y Angola, el Programa Mundial de Alimentos había gestionado 413 millones de euros para estos próximos 3 meses.

Bici bomba Agua Azada Verde

Ruanda reparte alimento entre los más necesitados, aunque tiene sus propias dudas sobre la sostenibilidad de este desafío.

Uno de los efectos de la recesión son los bajos precios del petróleo que afectan a países como Mozambique, Argelia, Nigeria o Angola, que han registrado pérdidas de aproximadamente 65 millones de dólares por esta razón.

En contraste…

En algunos de los países menos pobres se han decretado cuarentenas obligatorias y han tratado de disminuir la magnitud de la recesión económica liberando grandes cantidades de dinero, mientras en África subsahariana la economía, endeble y endeudada, ni siquiera da para ello.

Varios países han implementado el cierre de fronteras, sin embargo, si esta acción se gestiona indebidamente podría afectar a la seguridad alimentaria de varios países.

De acuerdo con el subdirector de la FAO, la mayor parte de los países africanos consume al menos un producto calórico que proviene de otro país, dependiendo así del comercio exterior de productos como café, cacao, aceite… y afectando directamente a su economía.

La realidad de Mozambique

Lamentablemente para Mozambique, que había incrementado su crecimiento económico de 1994 al 2014 en un 6%, la pandemia significa un frenazo inasumible.

Maputo, la capital, lleva una ventaja en comparación con los demás estados de Mozambique: concentra más de un tercio del PIB del país.

La agricultura de Mozambique da de comer al 80% de la población activa, con el maíz, el arroz o los frijoles, entre sus principales alimentos producidos.

Una desventaja en la que se encuentra la agricultura mozambiqueña es la falta de almacenamiento, manipulación y procesado, que ocasiona una pérdida aproximada del 30% de las cosechas.

En definitiva, Mozambique se encuentra en gran desventaja, por lo que es fundamental actuar de forma inmediata.

Como sabes, en Azada Verde potenciamos y apostamos por una soberanía alimentaria que empodere la capacidad agricultora de la población rural del centro de Mozambique, y tú puedes aportar tu granito de arena, evitando así que el coronavirus acabe causando hambruna y desnutrición.

 

Niños sacando agua de un pozo en Mangunde

Higiene y virus, unidos y al mismo tiempo tan separados en África. El coronavirus llegó y está afectando a ricos y pobres sin distinción, por eso, la OMS se empeña en recalcar la importancia del agua y sobre todo del indispensable lavado de manos.

Pero… ¿África y, sobre todo Mozambique, tienen el acceso al agua necesario para pararle los pies al coronavirus?

En África se encuentran 19 de los 25 países con menos acceso al agua del mundo. En general, África Subsahariana por ejemplo, cuenta con menos del 60% de cobertura. Y esto sin contar si el agua es potable o no, algo fundamental.

La gran desigualdad del continente africano se debe en gran parte a Sudáfrica, donde se encuentran más de la mitad de las presas de toda África Subsahariana.

No solo coronavirus

Debido a una falta de saneamiento del agua, las personas entran en riesgo de contraer infecciones por exposición a patógenos o por heces, que luego pueden desencadenar en infecciones como el cólera o el Covid-19, con los niños como los más vulnerables.

No estamos diciendo que no haya agua en absoluto, sino que para algunas comunidades, ésta puede estar muy lejos y además puede no ser potable, cosa que solo se consigue con plantas de tratamiento, que a la vez resultan muy caras.

Existe una gran desigualdad de cobertura en cuanto acceso al agua en África: mientras las zonas urbanas cuentan con un 64% de acceso, en las rurales el porcentaje es de solo un 17%.

Sin agua en el medio rural

En cuanto al saneamiento mejorado (el que higiénicamente imposibilita el contacto entre la heces y los humanos), sólo el 24% de la población mozambiqueña tiene acceso a esta y el resto (76%) no. Este dato negativo sube en zonas rurales hasta el 88% y en las urbanas un 53%.

Existe también un contraste muy marcado entre las provincias del norte y las del sur: en Maputo (sur), un 87,1% tiene acceso a agua potable y un 70,1% a un saneamiento mejorado. En cambio, en el norte, como en Zambézia, solo un 30% tiene acceso a agua segura y solo un 13% a un saneamiento mejorado.

Algunas mejoras: de 1990 a 2015 hubo un gran descenso de personas sin acceso al agua, cuyo porcentaje bajó de un 65% a un 49%.

En conclusión. Esperemos que el coronavirus no se expanda mucho por Mozambique porque como vemos, no hay recursos hídricos suficientes para librar una lucha con garantías.

TÚ puedes ayudar a frenar la propagación del virus y contrarrestar los efectos de la enfermedad ayudando con la emergencia. GRACIAS.

Llueve sobre mojado en Mozambique

El Covid-19 ya está en Mozambique. Desde que la pandemia fuera declarada en España, a la zaga de Italia, y después seguida por otros países de la Unión Europea, empezamos a vivir la pesadilla del confinamiento y el miedo por su posible propagación en el continente africano y países en vías de desarrollo.

Mozambique tiene un nivel de calidad de vida bajo respecto a otros países: depende del sector agrícola, tiene un escaso desarrollo industrial y presenta problemas socioeconómicos.

El PIB per cápita es un muy buen indicador del nivel de vida y en el caso de Mozambique está en la parte final de la tabla mundial, en el puesto 189 (¡de 196!). O sea podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos mucho que hablamos del octavo país más pobre del mundo.

El llamado “capitalismo extractivo”, modelo económico presente en Mozambique, resulta ser, según las mediciones de riqueza de esta filosofía monetaria, la gran esperanza del país para mejorar su puesto en el ranking del PIB.

Pero la realidad es que no ha sido así. Ha generado lo que, en el lenguaje del Desarrollo, ha sido catalogado como “la maldición de los recursos naturales”:

  • El subsuelo de Mozambique es rico en minerales metálicos y no metálicos, pero sólo el carbón y la sal se explotan en cantidades apreciables.
  • Los recursos pesqueros son importantes (langostinos y camarones) y representan la principal fuente de divisas.
  • Los cultivos orientados a la exportación son las nueces, té, caña de azúcar y algodón.
  • La mayor parte de la producción agrícola se debe a pequeñas explotaciones familiares, que producen las principales cosechas de maíz, mandioca, fríjol, arroz, verduras y aceite vegetal de cacahuete, sésamo, y semillas de girasol.

El Covid-19 empeora las cosas en Beira y el medio rural mozambiqueño

Una desigualdad brutal

Desde la proclamación de su independencia en 1975, Mozambique se ha convertido es un país con una legislación bastante evolucionada a nivel democrático y teórico.

Sin embargo, socialmente, prevalecen prácticas que mantienen una desigualdad brutal en todos los aspectos, sobre todo en el de género, cuestión que choca con el hecho de ser uno de los países con más mujeres incorporadas a la vida civil.

Y mientras en ciudades como Maputo se pueden ver automóviles y restaurantes de lujo, la mayor parte del país se desenvuelve en un caos donde el acondicionamiento y las infraestructuras brillan por su ausencia. Se sobrevive en construcciones de paja y latón y el acceso al agua resulta una tarea penosa.

Además todo se agravó en 2019 cuando las infraestructuras fueron arrasadas por el ciclón Idai: casas, caminos y puentes quedaron en ruinas y las tierras agrícolas inservibles.

Todo sumado supone un evidente caldo de cultivo para que los servicios públicos básicos como la sanidad y la educación resulten tremendamente deficientes.

Asignaturas pendientes

La mejora de la educación, la lucha contra la desnutrición infantil y la garantía de servicios de salud dignos en zonas rurales y urbanas siguen siendo la asignatura pendiente para un país con recursos propios que sortea sus deficiencias con la ayuda de otros países donantes y la intervención de las ONG.

Aunque en el momento de escribir este artículo no hay ningún caso de muerte por coronavirus, se han restringido los accesos desde el exterior y se ha recomendado a la población exponerse lo menos posible.

Esta práctica resulta complicada en el caso de familias rurales que comparten el uso de pozos o se tienen que trasladar en pequeños autobuses donde la masificación es inevitable.

Solo cabe esperar que la pandemia no se cebe con esta y otras poblaciones del continente para no empeorar aún más los problemas crónicos que ya de por sí sufren desde siempre.

Miedo al desastre

Dicen que la perplejidad es la semilla del pensamiento. Aquí andamos perplejos en este apocalipsis con tintes de una de las siete plagas.

Esta perplejidad lleva a cuestionarse en qué empleábamos el tiempo, la destrucción del planeta, el vacío de los minutos en que dejamos correr los días…

Andamos cuestionando nuestro modelo de vida, en la esperanza, tal vez, de hacer fecunda esta perplejidad. Así, se especula con un orden institucional que nos permita una existencia más respetuosa con el medio ambiente, con los demás…

¿Es solo al orden institucional al que debemos confiar este cambio vital? Se habla del individualismo capitalista, del asfixiante control de las administraciones más colectivistas, de si es necesaria una ley aquí y otra ley allá que evite los desastres…

El desastre. Ese es el miedo que sostiene esta perplejidad occidental. En lugares como Mangunde, donde el día a día es una sucesión de tareas ingratas y desabastecimiento, no hay tiempo para la perplejidad.

El umbral de dolor que tanto ocupa a profesionales de la medicina y la psicología en Occidente (tal vez para trivializar o relativizar el sufrimiento ajeno a fin de descargarnos del peso que la tan cacareada empatía nos impone), es equiparable al umbral del miedo.

Siendo este umbral una medida de la percepción personal, aquí estamos todos en el 0’0, sin duda, espantados como una mosca en la contraventana.

Con el miedo en el ADN

En Mozambique, el miedo, por ser constante, no resulta más llevadero. Son generaciones las que crecen con él en el ADN, el mismo ADN que les hace valientes y activos para solucionar problemas.

En la película El niño que domó el viento de Chiwetel Ejiofor, hay una magnífica alegoría de todo esto. Fueron sus propios recursos e ingenio lo que les ayudó a cambiar las cosas, una esperanza de mejora de ese día a día para el sustento básico, el que, una vez cubierto, te deja espacio para la perplejidad existencial

Mozambique, formado por gente luchadora que ha pasado grandes penurias y mira la vida con optimismo, fuerte por dentro y alegre por fuera, ya fue bautizado por Vasco de Gama como a terra da boa gente

No es errático preguntarse si es esta cualidad la que sostiene a este pueblo de tantas calamidades. Y cabe pensar, por supuesto, que ese carácter abierto a la alegría y la esperanza les ayudará también en esta travesía que muchos europeos y occidentales vivimos como un apocalipsis.

Se cumple un año del ciclón Idai

Un año después del paso del ciclón Idai, Mozambique lucha por recuperar la normalidad.

Mozambique, Malaui y Zimbabue fueron azotados por uno de los peores ciclones tropicales de los que se tiene constancia en África y en todo el hemisferio sur: Idai. Los fuertes vientos, las lluvias torrenciales y las graves inundaciones produjeron daños catastróficos que arrasaron extensas zonas del Canal de Mozambique.

El epicentro de este desastre se situó en la ciudad de Beira, destruida al 90%: “la primera ciudad devastada por el cambio climático”, así lo calificó Graça Machel, ex-primera dama mozambiqueña y activista social, que no hacía más que constatar la realidad. Beira y Mozambique habían sufrido uno de los peores desastres naturales del continente africano.

La primera evaluación que Azada Verde pudo hacer de los proyectos en funcionamiento no fue nada alentadora: edificios asolados, cultivos anegados y destrucción masiva de todo tipo de infraestructuras que desataron una de las peores crisis humanitarias en la historia del país.

Mozambique se enfrentaba a una preocupante situación con más de 2,5 millones de personas necesitadas de ayuda humanitaria.

Idai: un año después

Doce meses más tarde más de 100.000 personas siguen habitando refugios temporales: precarias construcciones, viviendas de listones de madera y lonas sujetas con palos son el escenario en el que parte de la población mozambiqueña vive actualmente.

Se calcula que el 46% de la población del país vive por debajo del umbral de la pobreza, lo que dificulta enormemente enfrentar este tipo de crisis cada vez más frecuentes.

La situación se agrava en las zonas rurales en las que el acceso a una mínimas infraestructuras sanitarias o de saneamiento es verdaderamente dificultoso.

Desesperación entre la gente por el ciclón Idai

Durante todo este tiempo hemos continuado trabajando en el terreno con proyectos que intentan paliar algunas de estas carencias y proporcionar conocimientos para salir adelante. La instalación de nuevas bici-bombas por ejemplo permitirán el acceso al agua para el riego de las parcelas de cultivo.

El fomento de las Asociaciones Agrícolas está teniendo un impacto muy positivo con más de 50 familias beneficiadas a las que se ha proporcionado semillas de diferentes variedades que serán su futuro alimento y además les darán una salida del excedente al mercado para su venta y obtención de ingresos.

Colaboramos en la construcción de un futuro todavía incierto.

Y ahora el Covid-19

En un sistema tan debilitado como el que sufre Mozambique cualquier nuevo desafío puede ser extremadamente perjudicial.

El continente africano atraviesa por momentos críticos teniendo que afrontar diversos frentes: los países orientales están sufriendo un brote de una dañina plaga de langostas mientras que todo el continente debe hacer frente al Covid-19 que ya está presente en muchas zonas.

La progresión de la pandemia en África es todavía una incógnita. Algunos expertos afirman que podría ser diferente por dos motivos: ser la última zona afectada y tener experiencia en gestión de brotes epidémicos como el del ébola pueden jugar a su favor.

El drama del ciclón Idai

La pervivencia del COVID-19 puede verse perjudicada por las cálidas temperaturas de muchos de estos países, lo que parece ser un factor determinante en este virus.

También es relevante que los países de África Subsahariana, la zona más vulnerable del continente, suman una población de 1.200 millones de personas y el 62% de ellas son menores de 25 años. Este factor puede jugar a favor de que muchos de los afectados por el coronavirus no presenten síntomas o sufran procesos menos graves.

Hasta la fecha ya son varios los países que conscientes de la escasez de recursos e infraestructuras sanitarias han optado por medidas drásticas que impidan la expansión de la enfermedad. Se han cerrado escuelas, iglesias, mezquitas, bares, prohibido reuniones multitudinarias… y en muchos de ellos se han cerrado las fronteras aéreas, marítimas y terrestres.

África debe despertar y prepararse para lo peor. La clave del éxito: tomar medidas y prevenir.

Si quieres ayudar en la lucha contra un Covid-19 que ya está presente en Mozambique puedes hacer un donativo pinchando AQUÍ.

Nuestros compañeros en terreno nos cuentan que el Coronavirus ya ha llegado a tierras mozambiqueñas. Desafortunadamente se veía venir porque parece que ante el virus todos somos iguales.

Llegó el Covid-19 y en un visto y no visto, tambaleó todo nuestro día a día.

Supongo que un golpe así, tan inesperado, nos hace más conscientes de la fragilidad que tiene ese futuro que nos pasamos la vida construyendo y de lo interconectados que estamos.

Pero más aún debemos ser conscientes de la magia que aparece cuando todos sumamos, cuando todos vamos a una, porque es cuando escogemos el mundo que queremos.

También hemos aprendido estos días que el virus no discrimina, no entiende de razas, sexos, ni colores.

Esta vez, los de siempre no han sido los primeros, pero desafortunadamente les ha llegado.

El otro día la directora nacional de Salud Pública de Mozambique, Rosa Marlene, reconoció abiertamente que el país no tiene «la capacidad para abordar y diagnosticar el coronavirus. Tenemos otros problemas de salud en este momento» dijo.

Hablamos de un país con 0,075 medicos por cada 1.000 habitantes e infraestructuras inadecuadas para el aislamiento de enfermos. Si a esto le sumamos los altos índices de sida, malaria y tuberculosis…

Pero nosotros seguimos trabajando, en España desde casa y en terreno con las manos en la masa.

Nuevas Bici-Bombas

Luís, Sete y Felipe, nuestro equipo técnico de bici-bombas en el terreno continúa trabajando en los nuevos modelos. El primero viajó la semana pasada a Beira para acabar de realizar todas las compras de materiales y herramientas necesarias para los nuevos sistemas de riego.

Así pues ya estamos ultimando todo para que más familias pedaleen para el desarrollo durante este 2020.

Desde Escolas de Paz hasta la universidad

En Escolas de Paz nuestros técnicos siguen visitando a los niñ@s y a sus familias en sus casas asegurándose de que tienen las necesidades más básicas cubiertas y todo transcurre bien durante estos primeros días de cole.

Ah y tenemos una novedad que nos hace mucha ilusión contaros: vamos a ayudar al primer joven de Escolas de Paz en cursar unos estudios universitarios.

Sí, como lo oís, un niño del proyecto de Escolas tendrá la oportunidad de estudiar una carrera universitaria de Auditoría y Contabilidad, algo que le hace mucha ilusión. Se lo merece… ¿Nos ayudas a ayudarle?

 

Venta en mercados locales

En la primera temporada financiada 100% por Azada Verde, 30 familias de nuestras Asociaciones Agrícolas de Nhaumue (unas 180 personas) han conseguido generar más de 100€ de beneficios de media cada una; y nuestras 5 bici-bombas han generado unos beneficios totales de 1.037€, en una muy difícil temporada castigada por el terrible ciclón Idai que asoló el centro de Mozambique en marzo.

Antes de la temporada de lluvias que da paso al cultivo del maíz, cerramos la difícil temporada de hortalizas 2019 con unos números que nos llenan de alegría: nuestras Asociaciones Agrícolas han generado unos 217.000 meticales (3.123€) de beneficios netos y nuestras Bici-bombas unos 72.166 (1.037€).

Tras un año dificilísimo marcado por el paso del ciclón Idai que afectó de lleno a las zonas donde trabajamos, nos es muy grato contaros que habéis generado economía y aliviado la vida de unas 35 familias del medio rural mozambiqueño.

¿Sabéis lo que es haber contribuido a que cada una de estas familias haya podido obtener unos beneficios de casi 120€ de media en los últimos 6 meses? Y todo gracias a la soberanía alimentaria que vuestras aportaciones les han reportado.

Os puede parecer poco quizá porque los número que aquí barajamos son mucho más altos, pero creednos, para ell@s es mucho, ES TODO.

Las mujeres de Asociaciones Agrícolas

Mayoría de mujeres beneficiarias

Se trata de la primera campaña financiada 100% por nosotros, POR VOSOTR@S.

Una campaña que ha permitido, además de esos beneficios de los que os hablamos, que 35 familias, no solo tengan una alimentación cuando un ciclón había arrasado todas sus cosechas de maíz, sino también una dieta variada en verduras y hortalizas, todo un salvavidas.

Más de 200 personas beneficiadas

Hablamos de más de 200 personas que han recibido sus semillas, orientación y acceso al agua para sacarle el máximo rendimiento a sus tierras; han cultivado y cosechado su propio alimento; y además han sido capaces de vender aquello que no necesitaban para su propio consumo (un 80%) en los mercados locales, generando unos ingresos extra que les han salvado el año, y quien sabe si la vida.

Y liderado por ELLAS, porque el 90% de las beneficiarias de la Asociación Agrícola de Nhaumue han sido mujeres, que por primera vez serán quienes traerán el dinero al hogar.

Este año los productos de mejor rendimiento han sido los tomates, las cebollas, la col y el repollo, pero su gama de cultivo ha sido más amplia.

Bici-bombas para el Desarrollo

Mabore, Chico, Luis Farias, Francisco Paulino… Todos ellos, beneficiarios de nuestras bici-bombas, han demostrado lo providencial que supone un mecanismo que les dé un acceso al agua que les saca del ostracismo del maíz.

Mabore por ejemplo ha conseguido unos beneficios ¡de 456€! con la venta de sus tomates en los mercados. Hablamos todo el tiempo de beneficios netos, recordad que cada uno debe devolver el precio de las semillas que les damos al inicio de la temporada, allá por el mes de abril.

Increíble la tabla de salvación que vuestra ayuda mensual les supone.

Ahora toca recoger todos los sistemas de riego para prepararse para la época de lluvias y la campaña de maíz, que durará hasta febrero-marzo, cuando nos volveremos a preparar ¡para la nueva campaña 2020!